Cambiar de colegio implica revisar aspectos que van más allá del calendario académico. Las familias suelen analizar la calidad educativa, el nivel de inglés, las metodologías de enseñanza, el bienestar del estudiante y las oportunidades que puede tener a lo largo de su formación.
En Colombia existen dos calendarios escolares. El calendario A inicia usualmente entre enero y febrero y termina hacia noviembre, mientras que el calendario B comienza en agosto o septiembre y finaliza alrededor de junio. Esta diferencia puede ser relevante para las familias que buscan una educación bilingüe o con orientación internacional para sus hijos.
Por lo tanto, para quienes están buscando pasar del calendario A al B, septiembre y octubre pueden ser un momento para conocer instituciones, revisar las condiciones de ingreso y analizar si el cambio se ajusta al proceso académico del estudiante.
¿Por qué septiembre y octubre son meses recomendados para cambiar de colegio?
Luisa Fernanda Guzmán, rectora del Colegio Británico de Cartagena, explica que el calendario escolar no determina por sí mismo la calidad que puede tener una institución. Sin embargo, puede ser un factor para las familias que buscan programas bilingües, internacionales y opciones de movilidad académica.
“El calendario por sí solo no hace que un colegio sea mejor que otro. Lo importante es entender qué propuesta educativa existe detrás y qué oportunidades abre para el estudiante”, señala la directiva.
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El calendario B coincide con los ciclos académicos de diferentes sistemas educativos internacionales y es utilizado por colegios privados bilingües e internacionales en Colombia. Esta coincidencia puede facilitar procesos de traslado de familias que contemplan vivir en otra ciudad o país, así como intercambios académicos.
¿Qué debe revisar antes de pasar del calendario A al B?
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El cambio requiere analizar el grado que cursa el estudiante, los contenidos desarrollados y las posibles diferencias entre los modelos educativos. En instituciones bilingües también es necesario conocer el nivel de inglés con el que llega el estudiante.
La transición debe hacerse de manera individual, identificando posibles diferencias académicas y los apoyos que pueda requerir el estudiante para adaptarse al nuevo ciclo. También está el componente socioemocional, pues el cambio implica integrarse a nuevos compañeros, docentes, metodologías y, especialmente, rutinas.
Por eso, antes de elegir, las familias pueden preguntar qué nivel de inglés alcanzan los estudiantes, cómo se mide, qué porcentaje de la formación se desarrolla en ese idioma, qué certificaciones internacionales ofrece el colegio y cuáles son sus posibilidades de intercambio.
¿Qué ventajas tiene evaluar el cambio de colegio con anticipación?
Septiembre y octubre permiten conocer opciones de calendario B mientras estas instituciones desarrollan su nuevo año académico. Esto da margen para consultar las condiciones de ingreso, revisar equivalencias académicas y establecer un posible cronograma de transición.
“Septiembre y octubre son un buen momento para conocer opciones, hacer preguntas y entender cómo sería una eventual transición”, afirma Guzmán.
La decisión, sin embargo, no debería centrarse únicamente en cambiar las fechas del año escolar. También debe considerar la propuesta educativa, el acompañamiento durante el proceso y las necesidades académicas y personales del estudiante.