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Impresionante descubrimiento en el desierto del Sahara: los secretos de una tumba de hace 4.000 años

La estructura mide casi 55 metros y escondía restos humanos junto a un curioso objeto elaborado con cáscara de huevo de avestruz. Las pruebas científicas permitieron fechar el entierro.

Impresionante descubrimiento en el desierto del Sahara
Un misterio encuentra respuesta en una de las tumbas antiguas.
Foto: Magnific y J. Soler et al. 2026

Dos largas hileras de piedras que parecen extenderse como antenas en medio de una de las zonas más inhóspitas del planeta condujeron a los arqueólogos hacia un hallazgo que permaneció oculto durante más de cuatro milenios.

En el Sáhara Occidental, una antigua estructura funeraria permitió recuperar restos humanos y establecer una fecha que ayuda a reconstruir parte de la historia de las comunidades prehistóricas del norte de África.

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El monumento, de 54,5 metros de longitud, pertenece a un tipo de construcción conocido como túmulo con antenas. Aunque estas estructuras aparecen en distintos sectores del Sáhara, su función y antigüedad no estaban suficientemente documentadas. La investigación permitió confirmar que el ejemplar estudiado fue utilizado como tumba hace aproximadamente entre 4.100 y 4.400 años.

Impresionante descubrimiento en el desierto del Sahara
Excavación del monumento funerario.
Foto: J. Soler et al. 2026

Los resultados fueron publicados en la revista científica African Archaeological Review por un equipo de investigadores vinculados a la Universidad de Girona y otras instituciones académicas españolas. El trabajo aporta una referencia cronológica para comprender las prácticas funerarias de los antiguos habitantes de esta región, donde las condiciones ambientales han dificultado durante décadas la conservación de los restos arqueológicos.

Los restos humanos que revelaron el secreto de la estructura

El hallazgo más importante apareció debajo de una cubierta de grandes piedras calizas. Allí se encontraba el esqueleto de una persona que había sido depositada directamente sobre el terreno natural, sin una fosa excavada. El cuerpo estaba boca arriba, con la cabeza hacia el sur y las piernas dobladas hacia el oeste.

Restos humanos en tumba de hace 4.000 años
Restos humanos en tumba de hace 4.000 años.
Foto: African Archaeological Review

La conservación de los huesos era deficiente debido a las condiciones del desierto. Los investigadores únicamente pudieron recuperar algunos dientes, falanges y fragmentos de las extremidades, por lo que no lograron establecer el sexo de la persona.

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El desgaste dental permitió calcular que tenía entre 25 y 35 años cuando murió. Además, el análisis identificó acumulación de sarro en un molar y una pequeña alteración ósea en un dedo, aunque no fue posible determinar con seguridad qué actividad o condición pudo ocasionarla.

Junto al cuerpo aparecieron cuatro pequeñas cuentas con forma de anillo fabricadas con cáscara de huevo de avestruz. Los especialistas consideran que pudieron formar parte de un adorno personal. Sin embargo, este tipo de objeto también aparece en otros contextos prehistóricos de la región, por lo que no permite atribuir el enterramiento a una cultura específica.

Restos humanos en tumba de hace 4.000 años
Cuatro cuentas anulares hechas de cáscara de huevo de avestruz.
Foto: African Archaeological Review

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Una construcción de casi 55 metros levantada con piedras locales

La tumba se encuentra en Lawash el Telli, cerca de un uadi, término utilizado para describir un cauce que permanece seco durante buena parte del año y que puede transportar agua cuando llueve.

El monumento está compuesto por un montículo ovalado de 12,5 metros de longitud y menos de tres metros de altura. Desde sus extremos norte y sur parten dos alineaciones de losas que avanzan hacia el este. Estas hileras se aproximan progresivamente, pero no llegan a unirse.

Los arqueólogos determinaron que la construcción se realizó con piedras calizas de la zona, colocadas sin mortero. La disposición de los materiales indica que la estructura pudo levantarse mediante un trabajo colectivo relativamente sencillo, sin requerir una infraestructura especializada para extraer o trasladar las rocas.

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La intervención arqueológica se desarrolló entre el 5 y el 8 de abril de 2018. El equipo excavó solo una parte del montículo para estudiar su composición y acceder al enterramiento; posteriormente, protegió el área intervenida y restituyó las piedras y la tierra a su lugar.

La técnica científica que permitió fechar el enterramiento

Establecer la antigüedad de la tumba fue uno de los mayores retos del proyecto. Los primeros intentos de datación por radiocarbono no funcionaron porque los huesos habían perdido gran parte del colágeno, una proteína que suele utilizarse para determinar la edad de los restos orgánicos.

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Ante este inconveniente, los investigadores recurrieron a la bioapatita, el componente mineral que forma buena parte de los huesos. Para realizar el análisis, enviaron al laboratorio especializado CIRAM dos muestras pertenecientes al mismo individuo: una del húmero izquierdo y otra del fémur izquierdo.

Las pruebas arrojaron resultados prácticamente coincidentes. Según el estudio, el enterramiento se remonta a un intervalo de entre 4.417 y 4.100 años calibrados antes del presente, equivalente aproximadamente al periodo comprendido entre 2467 y 2150 antes de Cristo.

La importancia de estas fechas radica en que constituyen las primeras dataciones obtenidas para un túmulo con antenas en el Sáhara atlántico. Hasta entonces, la falta de materiales adecuados para realizar análisis científicos había impedido determinar con suficiente precisión cuándo se construyeron estos monumentos.

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El entorno de la tumba también representa un punto de interés para los investigadores. En el área de Sluguilla Lawash se han registrado cerca de 1.140 rocas con grabados, distribuidas a lo largo de aproximadamente 27 kilómetros.

Las representaciones incluyen animales como bovinos y avestruces. Otros estudios realizados en la zona también han documentado figuras de jirafas, elefantes y rinocerontes, especies que hoy no se asocian con el paisaje extremadamente árido del lugar.

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Estas representaciones ofrecen indicios de los cambios ambientales que experimentó el Sáhara a lo largo de miles de años. Sin embargo, establecer una relación directa entre los grabados y la tumba sigue siendo difícil, debido a la ausencia de suficientes fechas arqueológicas que permitan comparar ambos registros.

¿Qué significaban las dos antenas de piedra?

Aunque la investigación confirmó que el monumento funcionó como tumba, todavía quedan preguntas sobre el propósito de su particular diseño. Las dos alineaciones de losas apuntan aproximadamente hacia el este, con una ligera desviación hacia el sur.

En estudios anteriores se ha planteado que la orientación de algunas construcciones funerarias de este tipo podría estar relacionada con observaciones astronómicas. No obstante, los autores de esta investigación no presentan esa interpretación como una explicación demostrada.

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Tampoco se conoce la identidad de la persona enterrada ni las creencias que llevaron a sus contemporáneos a construir una estructura de estas dimensiones. La escasez de monumentos comparables con dataciones confiables limita las posibilidades de establecer conexiones con otras poblaciones antiguas.

Por eso, el descubrimiento de Lawash el Telli representa un avance para la arqueología del Sáhara Occidental: permite conocer la antigüedad de una construcción funeraria hasta ahora poco estudiada y abre nuevas posibilidades para investigar cómo las comunidades prehistóricas honraban a sus muertos en un territorio cuyo pasado todavía guarda numerosos misterios.

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