La reflexión de este domingo 10 de mayo invita a redescubrir una verdad fundamental: el ser humano no fue diseñado para la tristeza, el estrés o la escasez, sino para vivir desde un "linaje real".
Según la enseñanza, poseemos una naturaleza especial creada a imagen y semejanza de Dios, destinada a gobernar y experimentar una plenitud que trasciende las emociones comunes.
Una de las distinciones más poderosas de la nota es la diferencia entre la alegría y el gozo. Mientras que la alegría del alma depende totalmente de las circunstancias (como tener dinero, salud o un buen cónyuge) y puede convertirse en tristeza ante el conflicto, el gozo del espíritu es un estado que no conoce ni el cuerpo ni el alma.
El gozo no se fundamenta en lo externo; es la reacción natural de quien ha nacido del espíritu. Como ejemplo, se cita al apóstol Pablo, quien desde una cárcel instaba a los demás a estar "siempre gozosos".
Este gozo es una fortaleza que permanece, incluso, cuando se pierde el empleo, la salud o la compañía.
Escuche la reflexión aquí:
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