La tecnológica Meta, propietaria de plataformas como Facebook, Instagram y WhatsApp, ha registrado una patente que abre la puerta a una nueva dimensión en la interacción digital: la posibilidad de que los perfiles de usuarios fallecidos continúen participando activamente en redes sociales mediante sistemas de inteligencia artificial.
El registro, concedido a finales de diciembre, describe un método para recrear la presencia virtual de personas que ya no están, permitiendo que sus cuentas permanezcan operativas de manera indefinida. Para ello, la empresa plantea el uso de modelos avanzados de lenguaje entrenados con el historial digital del usuario, incluyendo publicaciones, comentarios y mensajes privados acumulados a lo largo del tiempo.
Según el documento oficial, la desaparición definitiva de un usuario puede generar un efecto significativo en su entorno digital. La compañía sostiene que la imposibilidad de “regresar” a la plataforma tiene un impacto emocional duradero en amigos, familiares y seguidores. Frente a ese escenario, la tecnología propuesta buscaría suavizar esa ruptura mediante respuestas automatizadas que imiten el estilo y la personalidad del fallecido.
El sistema no se limitaría a contestar mensajes de texto. La patente contempla también la posibilidad de generar interacciones por voz e incluso video, con el fin de reproducir conversaciones que simulen la presencia del usuario. Para lograrlo, la inteligencia artificial sería entrenada con datos exclusivos y patrones comunicativos específicos, lo que permitiría mantener diálogos que aparenten continuidad tras la muerte.Sin embargo, la iniciativa ha despertado inquietudes en el ámbito académico y ético.
Edina Harbina, profesora de la Universidad de Birmingham y experta en derechos digitales, advierte que el debate trasciende lo meramente tecnológico. A su juicio, no solo entran en juego posibles conflictos legales relacionados con la privacidad y el consentimiento, sino también profundas implicaciones sociales, morales y filosóficas.En una línea similar, Joseph Davis, sociólogo de la Universidad de Virginia, subraya que este tipo de desarrollos podría transformar la manera en que las personas enfrentan la pérdida.
El proceso de duelo, afirma, implica aceptar la ausencia real del ser querido. Recrear su presencia mediante algoritmos no equivale a devolverlo a la vida, sino a producir una ilusión que podría generar confusión emocional y dificultar la elaboración sana del luto.Más allá del acompañamiento simbólico a familiares y amigos, algunos especialistas señalan que la patente revela posibles intereses empresariales.
Mantener activas las cuentas de usuarios fallecidos podría incrementar el volumen de interacciones en las plataformas y, con ello, ampliar el flujo de datos disponibles para perfeccionar los sistemas de inteligencia artificial. Aunque la compañía ha negado que existan planes concretos para implementar esta funcionalidad a gran escala, la mera posibilidad ha reavivado el debate sobre los límites de la tecnología en terrenos tan sensibles como la muerte.
En un contexto donde la identidad digital adquiere cada vez mayor relevancia, la propuesta plantea preguntas fundamentales sobre memoria, consentimiento y permanencia en línea. ¿Debe la tecnología intervenir en la forma en que recordamos a quienes ya no están? La discusión, lejos de cerrarse, apenas comienza.