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Fernando Botero: un artista de talla mundial que nunca se olvidó de Medellín

Fernando Botero, pintor y escultor: era el mensaje que el mismo artista paisa dijo a sus hijos que quería en su epitafio, aunque para muchos se queda corto para definirlo.

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Homenaje a Fernando Botero en Medellín.
Foto: Blu Radio.

Sencillo, muy paisa, humilde, filántropo y un hombre muy trabajador, son las expresiones con las que las personas que tuvieron la fortuna de cruzarse con el maestro Fernando Botero lo definen en Colombia y el exterior.

Fernando Botero comenzó en el arte pintando acuarelas relacionadas con los toros, una pasión que lo acompañó toda la vida y que solo cuando dejó de pintarla, se consideró a sí mismo como un artista.

"En ese momento no era artista, era un aficionado a los toros que pintaba. Un día resolví hacer otro otro tema, no me acuerdo si fue una naturaleza muerta o un paisaje, ese día me convertí en un artista; el día que uno hace hace una obra con el deseo de hacer arte, ese día es un artista", dijo Fernando Botero en una entrevista, en Estados Unidos, a KPF Media.

Su obra recorrió todos los rincones del mundo y lo convirtió en un artista de talla internacional, pero ese éxito fue algo que el maestro no logró, siquiera soñar, cuando comenzaba, como lo dijo en 1998 al canal Telemedellín: "Cuando tenía 16 o 17 años pensé que iba a ser un artista que iba a pintar, que iba a estar en Medellín, que iba a estar pintando acuarelas por ahí, paisajes, pero no, la verdad es que no me imaginé nada".

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Los últimos 4 meses de vida de Fernando Botero fueron difíciles: perdió a su esposa, colega y amiga, Sophia Vari, y su estado anímico estuvo en declive, pero también luchaba por seguir trabajando a pesar del párkinson rígido que padecía y una neumonía que estaba padeciendo en la última semana, así lo dijo, en Mañanas Blu, Lina Botero, su hija.

"Desde que murió Sofía, su compañera de 48 años de vida, que murió este año, mi papá sufrió un bajonazo muy duro, mi papá estaba ya delicado de salud llevaba varios años con un Parkinson, no un Parkinson que tiembla, sino un Parkinson rígido", explicó Lina Botero.

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Así fue como, según contó Lina, a las 9 de la mañana, hora de Mónaco, el artista antioqueño de 91 años, acompañado por su hija y su nieta, exhaló su último aliento: "Afortunadamente murió tranquilamente, yo tuve la suerte infinita de que estaba con mi hija acá, y tanto Andrea como yo estuvimos agarradas de la mano de mi papá hasta el último momento, hasta que el dio su último suspiro", reveló.

Tanto Lina, como su familia recuerdan que la enfermedad y la tristeza nunca lo detuvieron, con la pérdida de su hijo Pedrito en 1974, en medio de un accidente de tránsito en España, Botero se encerró para realizar una de las obras que consideró más importantes de su vida, el retrato de ese pequeño. Así mismo, la muerte de su esposa, el 5 de mayo, no lo detuvo y hasta el pasado sábado estuvo yendo, a diario, a su estudio para trabajar, ya no grandes óleos, pero sí obras en acuarela, la técnica con la que comenzó en el arte.

"Hasta el sábado pasado estuvo pintando, ya no al óleo porque le costaba mucho trabajo, se cansaba mucho estar de pie, pero sí estaba trabajando en la acuarela y él tuvo una suerte infinita que hasta los 91 años de edad pudo trabajar", contó la hija del maestro.

Pero no solo la familia Botero llora su muerte, en Antioquia, su gran hogar, el Museo de Antioquia y la Plaza Botero también lloran hoy la muerte de su gran benefactor, ese que, a pesar de vivir en otro país, siempre estuvo conectado con la tierra que lo vio nacer, tal como lo recuerda María del Rosario Escobar, directora Museo de Antioquia.

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"Podría pintar desde la distancia, donde estuviera, en Mónaco, en Nueva York, en París o en Grecia, siempre volvía a pintar a su tierra", recuerda Escobar.

Para la directora del museo, quien mantenía contacto frecuente con el maestro Botero,
"el maestro no pasó un día sin tener a Medellín y al Museo de Antioquia en su corazón, ni a Colombia en su pensamiento. Yo creo que se va uno de los colombianos que más amó esta tierra y que lo hizo desde la generosidad y desde la filantropía".

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Y tanto era ese amor que tenía el maestro por Medellín, que hasta le pidió a los vendedores ambulantes de la Plaza Botero, como Alberto Leones, que cuidaran sus esculturas porque ese era su futuro.

"La segunda vez que él vino, que nos entrevistamos todos allá que fuimos, el dijo limpien el parque, ténganlo limpio, cuídenlo mucho, cuiden esas esas culturas que esas son el futuro de ustedes para que trabajen", recuerda el hombre que lleva 18 años como vendedor en ese lugar.

Hoy toda la ciudad, el departamento y el país están de luto. La partida del maestro Fernando Botero sirve para celebrar su vida y obra, pero también para reconocer a un hombre que puso el nombre de Medellín en lo más alto del arte a nivel mundial, por ello el gobernador de Antioquia, Aníbal Gaviria, decretó 5 días de duelo en el departamento.

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El alcalde Medellín, Daniel Quintero, por su parte, decretó siete días de luto.

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Por fortuna y cómo el mismo maestro lo pensaba, los homenajes, los regalos y las donaciones se hacen en vida y durante sus 91 años recibió cientos de reconocimientos en su tierra y en el exterior, pero lo que más lo hizo sentir orgulloso fue haber entregado su legado a Medellín, la ciudad donde nació, creció y la que lo inspiró.

"Uno debe devolverle a su patria chica algo de lo que le dio, en mi caso, yo recibí mucho de Medellín y de Antioquia, mi pintura tiene una temática que es basada en esto, es la nostalgia de la Antioquia que yo conocí, de la Medellín que yo conocí que yo conocí, total que debo hacer algo por mi tierra", dijo Botero a Telemedellín en 1998.

Escuche el podcast Emprender, fallar y triunfar:

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