El canguro que inmortaliza el Grand Slam de Carlos Alcaraz
Este animal acompañará toda la vida al tenista español luego de convertirse en el campeón más joven en completar los cuatro títulos del Grand Slam.
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El 1 de febrero, Carlos Alcaraz, con 22 años, ganó su primer Abierto de Australia y se logró ganar las cuatro competencias que componen el Grand Slam. Una de las costumbres entre los campeones de estas competencias de élite es hacerse un tatuaje alusivo al país en el que lograron el gran triunfo.
En esta ocasión, Carlos Alcaraz optó por tatuarse un discreto canguro en la pierna para inmortalizar la gesta. El tenista murciano, cuando ganó su primer Abierto de Estados Unidos, se tatuó la fecha de la victoria; en el segundo, optó por la Estatua de la Libertad y el Puente de Brooklyn, dos monumentos insignias de Nueva York. En 2023, cuando conquistó Wimbledon, se tatuó una fresa en el tobillo, en alusión a la tradición británica de comer fresas con nata en verano. Y en 2024, cuando sumó Roland Garros a su palmarés, decidió plasmar el momento con una Torre Eiffel.
De esta manera, el canguro, animal insigne del país de Oceanía, será el encargado de inmortalizar la historia que el español construyó. Carlos Alcaraz se convirtió en el primer jugador que, con apenas 22 años, logró completar un Grand Slam. Es el noveno en alcanzar este importante logro y se suma a nombres memorables como Rafael Nadal, Rod Laver, Roy Emerson, Don Budge, Roger Federer y Djokovic, a quien derrotó en la final.
El joven campeón es muy popular en El Palmar, una localidad de casi 25.000 habitantes sin administración propia que gestiona el ayuntamiento de la ciudad de Murcia, donde siempre ha vivido la familia Alcaraz.
Carlos se ha convertido con sus éxitos en el mayor embajador en el mundo de esta localidad. Muchos alumnos de la escuela también sueñan con llegar lejos en el tenis: "El esfuerzo que pone Alcaraz nos llega a nosotros también, a los más pequeños", confiesa Francisco Jesús, de 8 años.
Desde hace dos años que acude a los entrenamientos con el objetivo de empaparse lo máximo posible de lo que transmite su ídolo: "Todos queremos ser como él".
En un ambiente festivo, pero relajado por la confianza que exhibe Alcaraz, unos cien seguidores se congregaron en la terraza del club.
"Para nosotros y siendo más de aquí, El Palmar, es un orgullo. Además, ha hecho que los niños del pueblo amen el tenis, amen el deporte", explica Marina Escribano que lleva un gorro de color verde con la firma de Alcaraz.
Esta mujer de 47 años lleva a su hijo también a entrenar en la academia para trasmitirle la cultura del esfuerzo, al mismo tiempo que saca pecho de que El Palmar ya está situado en el mapa: "Allá a donde vamos, todo el mundo sabe dónde estamos".
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A su lado, Marino Díaz también irradia euforia: "Sentimos una felicidad súper grande; Alcaraz transmite unos valores enormes, una forma de saber hacer, un no parar y una unión del deporte, da igual el que sea".