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Ningún aparato tecnológico reemplaza un buen abrazo, una palabra o un momento con los hijos

La agitada vida de los padres de familia no es fácil, pero no debe afectarse el desarrollo evolutivo de los niños con tecnologías.

Alberto Linero
Alberto Linero
Foto: cortesía

Los aparatos tecnológicos cada vez más son una herramienta de la crianza. Son muchos los padres de familia que he visto que le dan un teléfono o una tablet a su bebé para que se tranquilice ante cualquier pataleta, o simplemente para que se divierta un rato. Desde afuera es fácil hacer todo tipo de críticas sobre este comportamiento, pero la verdad es que la agitada vida de los padres de familia no es fácil.

He leído artículos en los que se muestra el daño que esto causa en el desarrollo evolutivo de los bebés, pero también he escuchado a los padres de familia decir que no encuentran otro camino en medio de todo lo que tienen que vivir. En la pandemia esta práctica creció por obvias razones. Recuerdo a un papá que hace ya varios días me decía que en este tiempo, además de hacer su trabajo, tenía que bañar, alimentar y estar atento a sus dos hijos la mayoría del tiempo, porque su esposa estaba en la entrega de un trabajo muy importante para su desempeño.

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Por todo esto, me llamó la atención un informe que leí ayer sobre dos estudios realizados por la Universidad de Oslo, en los que participaron 2.200 bebés en más de trece países, y en los que se buscaba ahondar en los efectos sobre el aprendizaje del lenguaje y el tiempo que ellos estuvieron frente a las pantallas en medio de la cuarentena.

Según la investigación, los niños que escucharon lecturas, aprendieron más palabras que los que no; y quienes estuvieron frente a las pantallas, adquirieron menos palabras que los que pasaron menos tiempo expuestos a estas.

Creo que hay que pensar por lo menos en tres cosas: primero, debemos comprender qué se está haciendo con la tecnología en los procesos de crianza, no usarla de manera automática, sino entender cómo aportan; segundo, necesitamos poner límites para que los niños no se vean afectados; y tercero, es bueno entender que la tecnología puede ser una buena aliada, pero teniendo claridad en esos límites. Ojo, ningún aparato reemplaza un buen abrazo, una palabra o un momento de compartir.

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