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Zarandear a un niño es un delito: no es posible construir procesos de crianza desde el maltrato

La Sala Penal de la Corte Suprema falló en el caso de un abuelo que lesionó mortalmente a una bebé. El caso generó una amplia polémica en el país.

Alberto Linero /Foto: Instagram @PLinero
Alberto Linero /Foto: Instagram @PLinero

Ayer, cuando comentamos la noticia de los estudiantes del Colegio Cisneros en Puerto Colombia , que para no asistir a clase hicieron un panfleto a nombre del Clan del Golfo amenazando con un “baño de sangre” si asistían a las instalaciones de la institución, tuve la certeza de que si eso hubiera pasado en mi época de adolescencia, lo más probable es que los padres de familia nos hubieran dado un castigo físico que seguramente no nos hubiera hecho aprender nada sobre la grave acción cometida.

Afortunadamente estamos en otros tiempos y el castigo de barrer todo el colegio durante 3 semanas parece apropiado; además de la asistencia a psicología –que no es ningún castigo- para ayudarles en su proceso. No puedo evitar relacionar este caso con la decisión de la Corte Suprema de Justicia, que determinó que zarandear a un niño es un delito. La decisión se basó en un caso en el que un abuelo le causó la muerte a su nieta; no se dio cuenta cuándo perdió el conocimiento. Específicamente, la Sala Penal de la Corte señaló que estos actos son maltrato infantil, porque pueden terminar con lesiones, e incluso, con la muerte del niño o la niña.

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Me gusta esta decisión de la Corte, porque tenemos que entender que bajo ninguna circunstancia, ni con ninguna “buena” intención, se puede maltratar a un niño. Esos tiempos de la vara tienen que quedar del todo en el pasado. En una sociedad en la que solo el año pasado se reportaron más de 30mil casos de maltrato y abuso infantil, se tiene que comprender que es desde la cercanía, la ternura, la buena comunicación, la argumentación, la corrección con autoridad y el aprendizaje, desde donde se deben construir procesos de crianza en los que ningún tipo de maltrato tenga espacio.

Cuando se tienen claras las figuras de autoridad y se han establecido los límites, es más fácil acompañar el proceso de crecimiento de los niños. Si queremos como sociedad no seguir en esta insania mental de dañarlos y hacerlos victimas de nuestra historia, es necesario tener límites claros y uno de ellos lo ha puesto la Corte Suprema.

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