“El mal existe”: el llamado de monseñor Rafael de Brigard en su reflexión dominical
Monseñor invitó a los oyentes a vivir este tiempo como “un amanecer en la fe, en la esperanza, y siempre deseoso de practicar la caridad”.
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En su reflexión dominical, monseñor Rafael de Brigard centró su mensaje en el inicio de la Cuaresma y en el significado espiritual de las tentaciones de Jesús en el desierto. El hombre invitó a los oyentes a vivir este tiempo como “un amanecer en la fe, en la esperanza, y siempre deseoso de practicar la caridad”, destacando que la preparación hacia la Pascua es una oportunidad para renovar el corazón y acudir a la misericordia de Dios.
Durante su intervención, el monseñor retomó el Salmo 50 como punto de partida del camino cuaresmal, subrayando la actitud de quien reconoce su fragilidad: “Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión, borra mi culpa”. Según explicó, en este texto bíblico se reflejan dos elementos centrales: “La persona que se reconoce necesitada de la misericordia de Dios” y la certeza de que “Dios es misericordioso”, lo que abre la puerta a la reconciliación y a la renovación espiritual.
Al referirse al Evangelio de San Mateo sobre las tentaciones de Jesús, monseñor De Brigard enfatizó que Cristo asumió plenamente la condición humana para redimirla. “La presencia de Cristo en el mundo no fue una presencia aparente, no fue una presencia distante”, afirmó, al tiempo que recordó que “vino porque hay necesidad de redención, hay necesidad de salvación”.
En ese contexto, advirtió sobre la realidad del mal: “El evangelista nos está diciendo que el mal existe”, y señaló que las tentaciones —como dudar de Dios, reducir la vida a lo material o idolatrar el poder— siguen vigentes en la actualidad.
Finalmente, el jerarca católico llamó a los fieles a hacer un examen de conciencia durante la Cuaresma y a fortalecer sus herramientas espirituales. “No nos dejemos deslumbrar por los aplausos humanos. Soñemos con el aplauso de Dios”, expresó.
Además, animó a pedir ayuda divina frente a las dificultades personales: “Señor, rompe mis cadenas”, concluyó, al recordar que, tras la tentación, “lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles y le servían”, como signo de esperanza y victoria sobre el mal.
Escuche la reflexión completa aquí
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