Mientras crece la preocupación por la disminución de los caudales y el racionamiento de agua en diferentes municipios de Santander, una niña de 11 años decidió convertir su preocupación en una campaña de conciencia ambiental.
Se trata de Sara Sofía Díaz León, quien recorre el río Frío, en Floridablanca, y visita colegios para enseñarles a niños, jóvenes y adultos que cada gota cuenta.
Con conos y una paleta que identifica su campaña “Misión Agua”, Sara realiza pedagogía en las vías cercanas al río junto a sus padres, allí detienen por unos minutos a los conductores para explicarles qué está ocurriendo con el recurso hídrico y por qué desperdiciar agua puede tener consecuencias para toda la sociedad.
“Yo hago pedagogías por el uso del agua, conozco el río Frío desde los tres años y tengo 11, en los ocho años que he venido nunca lo había visto así, seco”, contó la niña.
Para Sara, la reducción del caudal del río no es una imagen pasajera, es un cambio que ha podido observar durante años y que, asegura, le genera preocupación.
“Me preocupa demasiado este río porque está muy disminuido, el agua es un recurso, pero es el hilo invisible que conecta la naturaleza con nuestra salud, la economía, nuestro bienestar y nuestra alimentación”, explicó.
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La campaña no se queda en las carreteras, Sara Sofía y sus padres también llegan a colegios y escuelas con talleres de aproximadamente 45 minutos, en los que buscan que los estudiantes entiendan de dónde viene el agua y qué ocurre con ella antes de llegar a sus hogares.
A través de ejercicios y actividades pedagógicas, los niños imaginan el recorrido del agua, desde que está en una nube, cae en forma de lluvia, llega a los ríos y posteriormente entra en una planta para ser tratada.
La intención, dice Sara, es que los estudiantes no solamente escuchen el mensaje, sino que adquieran hábitos para reducir el desperdicio.
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Su padre, Carlos Alberto Díaz Delgadillo, explicó que “Misión Agua” nació a comienzos de este año y empezó formalmente en mayo, motivada por las alertas relacionadas con la situación climática y la disponibilidad del recurso hídrico.
“Lo importante es que los chicos en el colegio se enteran de lo que está pasando con el recurso hídrico. Adicionalmente, cuando están en el taller hacen un compromiso por el agua”, señaló.
Ese compromiso busca convertirse en una rutina diaria, los estudiantes asumen pequeñas acciones, como reducir el tiempo en la ducha o cerrar la llave mientras se cepillan los dientes; la campaña ya ha llegado a más de 1.200 niños en diferentes colegios.
Uno de los mensajes que buscan desmontar es la idea de que una lluvia inmediatamente recupera el nivel de los ríos.
“Es incoherente pensar que porque llueve el río vuelve a subir su caudal, no es así, se necesitan muchas lluvias para lograrlo”, explicó.
Con apenas 11 años, su apuesta es sencilla, pero contundente, recorrer los ríos, entrar a los colegios y multiplicar las acciones para recordar que el agua que hoy parece abundante puede no estar disponible mañana.