La historia del soldado profesional Luis Eduardo Blanco Hernández refleja el esfuerzo, la resiliencia y los sueños de una familia que encontró en Aratoca una nueva oportunidad tras huir de la violencia. Hoy, su nombre encabeza la lista de tres jóvenes santandereanos que perdieron la vida en el accidente de un avión Hércules del Ejército Nacional en Putumayo.
Luis Eduardo, de 22 años, estaba a pocos días de cumplir 23, el próximo 7 de abril. Aunque era oriundo de Suratá, creció en Aratoca, municipio al que llegó junto a su familia hace 14 años, luego de ser desplazados desde El Playón. Allí se ganó el cariño de toda una comunidad.
“Era un muchacho muy humilde, muy trabajador. Una familia muy unida que salió adelante pese a las dificultades”, recordó Orquídea, vecina cercana, quien relató cómo desde pequeño Luis Eduardo se destacaba por su solidaridad y carisma.
Hijo de una modista reconocida en el municipio y de un agricultor, decidió ingresar al Ejército apenas terminó su bachillerato en el colegio San Luis, con el propósito de ayudar económicamente a su familia. Prestó el servicio militar obligatorio y posteriormente se reincorporó como soldado profesional, carrera en la que estaba próximo a cumplir tres años.
Su vocación no solo respondía al amor por la patria, sino también al compromiso con los suyos. “Él quería ayudar a la mamá. Por eso se fue para el Ejército”, contó la vecina.
El joven había hablado con su familia horas antes del accidente. Les aseguró que pronto saldría de permiso y que esperaba llegar a tiempo para celebrar el cumpleaños número siete de su sobrino, a quien consentía profundamente. El niño lo esperaba con ilusión.
El alcalde de Aratoca, Alexander Galvis Ramírez, lamentó su muerte y destacó su entrega: “Era un paisano que amaba ser soldado, que defendía nuestra tierra con orgullo. Expresamos nuestras más sinceras condolencias a su familia y estaremos acompañándolos en el recibimiento de su cuerpo”.
La tragedia también cobró la vida del cabo tercero Jhon Jairo Acuña Cruz, de 24 años, oriundo del municipio de Aguada. Era un joven disciplinado, apasionado por el deporte y con vocación de servicio.
El alcalde Horacio Ariza expresó la consternación de toda la comunidad: “Era un muchacho muy humilde y trabajador que deja un gran vacío”. Además, informó que desde la administración municipal se brindó apoyo a la familia para su desplazamiento hacia Bogotá y se preparan homenajes en su honor junto al Colegio Integrado Robledo Velasco.
Acuña vivía en la vereda San Martín y había decidido seguir la carrera militar con el respaldo de sus padres, motivado por su gusto por la disciplina. Sus familiares y vecinos lo recuerdan como un joven cercano, que disfrutaba regresar a su hogar para compartir con los suyos.
La tercera víctima es el soldado Brandon Leonel Jiménez, oriundo de Puerto Wilches y residente del barrio Arenal. Proveniente de una familia humilde, creció en un entorno de trabajo diario ligado a la pesca, la agricultura y la palma.
El alcalde José Elías Muñoz envió un mensaje de solidaridad: “Era un muchacho de nuestra comunidad. Acompañamos a su familia en este dolor y les brindaremos apoyo en todo lo necesario”. Brandon cursó sus estudios en el Colegio Industrial 20 de Julio y es recordado como un joven luchador.
Las tres muertes han generado profundo dolor en sus municipios de origen, donde autoridades y comunidades preparan homenajes para despedirlos.
Entre tanto, en Bogotá, recibiendo atención médica en el Hospital Militar permanecen dos santandereanos que sobrevivientes de la tragedia aérea, el aerotécnico Albeiro Malaver Rivero y el subteniente Jhonier Rodríguez Jiménez, quien se desempeñaba como copiloto de la aeronave.