40 mil millones de pesos al cesto de la basura: Columna de Óscar Montes
El panelista Óscar Montes habló sobre la inversión de los colombianos a la consulta del partido Liberal.
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La consulta interna fue la fórmula que encontró Luis Carlos Galán para volver al Partido Liberal, luego de haberse apartado por cuenta de la manipulación que hacían los llamados "caciques" de las tradicionales convenciones.
La consulta interna permite la votación de todos los militantes del partido y no sólo de los delegados. Es, sin duda, una herramienta mucho más democrática.
En un comienzo la consulta interna liberal funcionó, como lo demuestra la escogencia de César Gaviria como su candidato en 1990 con más de 2.000.000 de votos.
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Igual pasó con Ernesto Samper en 1994, aunque con menor votación y luego con Horacio Serpa, cuatro años más tarde, con una votación mucho menor que la de Gaviria y la de Samper y Rafael Pardo sacó menos que Gaviria, Samper y Serpa en sus dos oportunidades.
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Pero el estruendoso fracaso de la consulta interna del Partido Liberal prueba que ese mecanismo perdió utilidad y vigencia, al menos si se lleva a cabo en las condiciones en que se realizó ayer. Esto es, de manera aislada para un solo partido y en una fecha distinta a una jornada electoral tradicional, cómo podrían ser las elecciones de marzo.
Además, quedó demostrado que para que la consulta interna funcione se requiere de partidos políticos modernos con militantes debidamente carnetizados y registrados. Una consulta interna abierta, con participación de otros partidos y movimientos, la desnaturaliza y atenta contra su legitimidad.
Las cifras de ayer muestran en toda su dimensión la realidad de la tragedia: $40.000 millones de pesos invertidos, 744.521 electores, el 2% de participación del total de votantes habilitados para hacerlo, 365.658 votos por Humberto De la Calle y 324.777 por Juan Fernando Cristo. El llamado censo electoral actual es de 35.091.924 votantes.
Al ser abierta la consulta interna, tampoco se supo cuántos fueron los "liberales liberales" que votaron por De la Calle y Cristo, aunque es evidente que no todos los votos de ayer corresponden a militantes del "trapo rojo", como ocurrió, por ejemplo, en Barranquilla, donde Cambio Radical movió a algunos de sus votantes.
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De acuerdo con el número de electores de ayer y teniendo en cuenta el dinero invertido, cada voto habría costado 53.726 pesos, cifra que bien podría servir para dar de comer al menos por un día a una familia colombiana de escasos recursos. Ese dinero también serviría para el pago mensual del transporte de una persona de muy bajos ingresos, entre otros gastos.
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En términos políticos y electorales, el fracaso de la consulta liberal debilita a su candidato oficial, pues lo muestra en sus justas proporciones, que no son más que los 700.000 votos de ayer, producto de sumar las papeletas de los dos candidatos.
Y ello es así porque una cosa es decir que el Partido Liberal podría aportar unos 3.5 o 4 millones de votos, sin haberlos contados, y otra muy distinta es llegar a una futura alianza electoral diciendo "aquí están mis setecientos mil voticos". Es así de simple.
¿Que puede decir Humberto De la Calle, por ejemplo, si Germán Vargas Lleras inscribe su candidatura con más de 4 millones de firmas? ¿O si Sergio Fajardo lo hace con 3 millones? ¿O Piedad Córdoba con dos millones? ¿O Gustavo Petro con otros dos millones?
Y a ninguno de ellos, obtener cada firma le costó los 53.000 pesos que valió cada voto liberal de ayer y obviamente ninguno de ellos tuvo que desembolsar 40.000 millones de pesos de sus bolsillos.
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Así las cosas, negar que la consulta de ayer fue un desastre es nadar contra la corriente y negarse a ver lo evidente. Pero sobre todo, la consulta liberal de ayer fue la mejor demostración de cómo se pueden arrojar 40.000 millones de pesos al cesto de la basura y de cómo se pueden derrochar miles de millones de pesos en un país donde sus niños se muere de hambre.
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