¿Debate electoral o pelea de verduleras?: editorial de Óscar Montes
Editorial de Óscar Montes en Vive Barranquilla.
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Esta campaña presidencial que se nos viene encima será despiadada y cruel como ninguna de las anteriores. Y eso es mucho decir, porque en Colombia hemos tenido campañas con guerras sucias, como la de Santos contra Zuluaga, donde hubo de todo; hasta campañas en las que hubo candidatos asesinados, como aquellas en las que mataron a Luis Carlos Galán, del Nuevo Liberalismo; a Carlos Pizarro, del M-19 y a Jaime Pardo Leal y a Bernardo Jaramillo Ossa de la UP.
Esta campaña presidencial que ya empezó -digo- será peor que todas las anteriores. Y será peor, porque ninguno de los candidatos o candidatas quiere que sea distinta. Todos injurian, todos calumnian, todos ofenden y todos mienten con absoluta impunidad. Unos a otros se señalan de corruptos, se sindican de paramilitares y se acusan de guerrilleros. Nadie aporta una sola prueba para demostrar sus señalamientos, pero tampoco hay uno solo que muestre una prueba para refutar lo que se dice de él o de ella. De tal manera que nosotros los electores quedamos con la sensación de que todos ellos tienen razón: son corruptos, paramilitares y guerrilleros los unos y los otros.
Los candidatos abanderados de la lucha contra la corrupción -los impolutos- tienen en su contra denuncias por violar el régimen de inhabilidades que les prohíbe a los matrimonios -o a las parejas- ser congresistas. Otros deben explicar la celebración de contratos sin el cumplimiento de requisitos cuando fueron alcaldes o gobernadores. Y a otros impolutos los señalan de aprovecharse de su condición de jefe de partido para autoproclamarse candidato presidencial.
Todos ellos deberán probar su condición de absoluta pureza. Mientras tanto gritan, señalan y acusan a los "corruptos", quienes deberán probar su inocencia. En esta canasta están los amigos del Gobierno, como los candidatos del Partido de La U y los de Cambio Radical. Pero también están sus enemigos del Centro Democrático, con Álvaro Uribe a la cabeza. Curiosamente, estos también son abanderados de la lucha contra la corrupción.
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Mientras unos y otros se arrojan agua sucia -para no decir lo que en realidad se lanzan- el país sigue a la espera de que a la campaña empiecen a llegar los temas que -de verdad- preocupan a los colombianos, como el desempleo, la reforma estructural al actual sistema de Salud, la excelencia en la Educación, la inseguridad en las principales ciudades, la administración de Justicia, entre otros.
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Ninguno de estos asuntos parece trasnochar a los candidatos y candidatas presidenciales. A ellos les preocupa -eso sí- cómo van a injuriar o a ofender a sus contendores. Nada más. Mientras ello siga así en lugar de un debate electoral lo que vamos a presenciar los colombianos es una verdadera pelea de verduleras, con el respeto que se merecen las verduleras.