Lo que parecía un asalto violento a plena luz del día en la localidad de Polinyà del Xúquer (Valencia), España, terminó convirtiéndose en una compleja trama criminal desmantelada por la Guardia Civil. La clave de la resolución no solo residió en la pericia de los investigadores de la Operación Nidorino, sino en la reacción instintiva de un perro que, al defender a su dueña, dejó una marca imborrable en uno de los delincuentes.
Los hechos se remontan al pasado 30 de octubre. Según la denuncia de la víctima, el pánico se desató tras escuchar ruidos sospechosos en la entrada de su vivienda. Al accionar la manivela para comprobar qué ocurría, fue sorprendida por un violento empujón. Un hombre de acento del este irrumpió en el inmueble, la sujetó con fuerza del brazo y le gritó una orden directa: "Vente conmigo".
En mitad del forcejeo, que dejó a la mujer con lesiones en labios, brazos y codo, su perro intervino de forma providencial, propinando una fuerte mordedura en la pierna al atacante. Este acto de defensa obligó a los asaltantes a huir precipitadamente, frustrando el secuestro en su fase inicial.
La investigación, liderada por el Área de Investigación de la Guardia Civil de Sueca, comenzó con el análisis de las cámaras de seguridad del municipio. Las imágenes confirmaron la presencia de cuatro encapuchados que actuaban de forma coordinada. Gracias a la colaboración de un policía local fuera de servicio, que escuchó los gritos de auxilio, se obtuvo la matrícula del vehículo de huida.
Las pesquisas revelaron que el coche pertenecía a una empresa de alquiler y había sido arrendado por un vecino de Algemesí. Aunque el vehículo apareció calcinado y sin placas en Benicull de Xúquer, las contradicciones del arrendatario —quien alegó un robo falso para encubrir a su sobrino de 21 años— permitieron las primeras detenciones en noviembre de 2025.
Tras arrestar a tres jóvenes de nacionalidad española y residentes en Algemesí (de entre 20 y 21 años), los agentes se centraron en el cuarto integrante: el ejecutor material de la agresión.
Pese a que el sospechoso evitó registrarse formalmente en centros sanitarios, el personal de un centro de salud de Valencia recordó a un hombre con acento del este que buscó asistencia por una mordedura, pero huyó al serle requerida la documentación. La Guardia Civil realizó un exhaustivo cribado en el padrón junto a la Policía Local de Valencia, cruzando datos de nacionalidades de Europa del Este y rangos de edad.
Finalmente, la víctima reconoció al sospechoso en un álbum fotográfico. Al ser detenido, el hombre —un ciudadano ucraniano de 40 años vecino de Valencia— todavía presentaba en su pierna derecha las cicatrices de la mordedura del can.