La corrupción ya no puede entenderse únicamente como una suma de sobornos aislados o actos de inmoralidad pública. Así lo advirtió Andrea Agudelo, jefe regional de programas anticorrupción y delitos económicos de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, quien explicó que actualmente existe una relación “simbiótica, estructural y funcional” entre la corrupción y el crimen organizado.
Durante un conversatorio en El Espectador sobre seguridad y criminalidad, la experta señaló que las organizaciones criminales han incorporado la corrupción dentro de su estructura operativa como una herramienta estratégica para garantizar el funcionamiento y expansión de sus mercados ilícitos, como el narcotráfico, la minería ilegal, el contrabando y el tráfico de armas.
Agudelo explicó que esta relación ha evolucionado progresivamente. Inicialmente, dijo, se manifiesta a través de sobornos ocasionales o favores específicos a funcionarios públicos o actores privados. Posteriormente, esos pagos pasan a convertirse en parte de la “nómina” permanente de las organizaciones criminales, consolidando escenarios de corrupción sistemática.
Sin embargo, advirtió que el panorama más grave ocurre cuando las estructuras ilegales logran infiltrar o capturar instituciones públicas. En esos casos, las organizaciones criminales no solo buscan influir en decisiones estatales, sino controlar directamente las determinaciones que toman las entidades encargadas de regular sectores estratégicos.
“Ya no se trata solamente de moldear decisiones públicas, sino de poner las instituciones al servicio total del crimen organizado”, afirmó.
La representante de Naciones Unidas indicó que esta dinámica no es estática y cambia constantemente según el comportamiento de las estructuras criminales en cada país. En el caso colombiano, aseguró que existen sectores especialmente expuestos a riesgos de corrupción, aunque insistió en que el fenómeno debe analizarse de manera integral y no exclusivamente desde lo público.
Incluso, mencionó que la corrupción privada también juega un papel clave en las actividades ilegales. Como ejemplo, se refirió al reciente hallazgo de drones con explosivos y cuestionó cómo este tipo de equipos logran ingresar o ser desviados hacia organizaciones criminales, lo que podría involucrar redes de sobornos o facilitadores privados.
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Agudelo también alertó sobre las nuevas alianzas entre grupos criminales que antes competían entre sí y que ahora cooperan para mantener el control de mercados ilícitos. Según explicó, muchas organizaciones migran de una economía ilegal a otra dependiendo de cuál genere mayores ganancias, como ocurrió con grupos vinculados al narcotráfico que posteriormente se trasladaron hacia la minería ilegal.
Asimismo, señaló que actualmente existe un fenómeno de “multicrimen”, donde diferentes organizaciones participan en distintas etapas de una misma cadena criminal, incluso sin ejecutar directamente los delitos, pero regulando el tránsito de armas, drogas, contrabando o mercancías en zonas fronterizas.
Frente a este panorama, la experta insistió en la necesidad de replantear las estrategias de lucha contra la corrupción y entenderla como un componente central del crimen organizado. También destacó iniciativas recientes del Estado colombiano para fortalecer controles anticorrupción en los puertos del país y redefinir el concepto de seguridad portuaria, incorporando la integridad institucional como un elemento fundamental.
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Finalmente, Agudelo hizo un llamado a fortalecer la acción colectiva entre entidades públicas, sector privado y ciudadanía para enfrentar un fenómeno que, según dijo, termina afectando directamente servicios esenciales como la salud, la justicia, la seguridad y los servicios públicos.