La emergencia por inundaciones en Córdoba deja más de 150.000 personas afectadas y pérdidas millonarias, en un panorama que Juan Camilo Restrepo, director del Instituto de Desarrollo Sostenible (IDS) de la Universidad del Norte en Barranquilla, calificó como “dolorosa, terrible, pavorosa”, en entrevista en Sala de Prensa Blu. Aunque el nivel de las aguas ha comenzado a ceder, la crisis humanitaria persiste en el departamento más golpeado, con impactos también en Sucre, Antioquia, Chocó y Santander.
Para Restrepo, la situación tiene tres causas estructurales: variabilidad climática y cambio climático, limitada capacidad de adaptación y debilidades institucionales en la gestión del riesgo.
Variabilidad climática y frente frío
Desde el enfoque técnico, Restrepo explicó que el fenómeno se originó en un frente frío asociado al vórtice polar en Norteamérica. “Es un hecho conocido por todos que estamos experimentando cambios de escala global que hacen que ciertos fenómenos adversos como estos sean cada vez más frecuentes y más intensos”, afirmó.
Detalló que un frente frío ocurre cuando “hay un encuentro en la atmósfera de dos masas de aire con propiedades diferentes, una fría, una caliente”, lo que genera “un exceso de humedad que genera fuertes precipitaciones, vientos y también marejada ciclónica”. Subrayó que fue inusual registrar ese nivel de lluvias en enero y febrero y confirmó que en Córdoba “en dos días llovió lo que debería llover en dos meses”.
Además, recordó que los suelos y embalses ya venían saturados tras los meses de mayor precipitación. “Los suelos que pueden absorber agua también estaban llenos”, señaló.
Capacidad de adaptación y gestión del riesgo
El experto enfatizó que, aunque el fenómeno climático no es responsabilidad local, la forma en que se afronta sí lo es. “La forma en que lo padecemos sí puede variar dependiendo de cómo esté el terreno adaptado”, indicó, cuestionando si existían sistemas de alerta temprana y si la infraestructura estratégica estaba protegida.
Mencionó hospitales bajo el agua y comunidades incomunicadas por derrumbes de puentes. “Nosotros tenemos que fortalecer el sistema de alertas tempranas” para evacuar personas y proteger infraestructura, advirtió. También llamó a recuperar la conexión entre el río Sinú y las ciénagas, cuya función natural es retener excesos de agua. Según explicó, la construcción de jarillones, diques y el relleno de ciénagas ha reducido esa capacidad de regulación hídrica.
Urrá y la mitigación temporal
Sobre la hidroeléctrica de Urrá, Restrepo sostuvo que su influencia fue “mínima” y que incluso “mitigó algo que podría ser peor”. Aclaró que la represa acumuló agua durante varios días antes de liberarla, lo que “dio tiempo”. Sin embargo, planteó una reflexión: “Lo triste es qué hicimos con ese tiempo que nos dio Urrá. ¿Nos pudimos preparar?”.
Frente a la recuperación económica y social de Córdoba, una región con vocación agropecuaria, Restrepo aludió al concepto del ciclo de los desastres y la etapa de rehabilitación. Citó como ejemplo el Eje Cafetero tras el sismo de 1999: “Ese desastre permitió que esa zona se proyectara a través de una visión”.
Finalmente, lamentó que en medio de la emergencia haya divisiones. “Los desastres usualmente nos deben unir”, expresó, insistiendo en que la prioridad debe ser definir “qué queremos hacer de Córdoba” tras esta emergencia invernal.
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