Colombia diversa y vital es el eslogan con el que la Feria del Libro de Madrid presentó al país como invitado de honor. Sin embargo, el grupo de autores que representan al país en la Feria deja varias preguntas sobre el criterio de selección y de nuevo, como en otros eventos literarios, vacíos en la paridad de representación.El primero en señalar la ausencia de nombres relevantes en las listas de invitados fue Winston Manrrique, periodista literario y director de W Magazine, medio en hacer público el tema. Manrrique señala la ausencia de escritores que engrandecieron el panorama literario en el país a finales del Siglo XX, además deja claro que, curiosamente, no fueron tenidos en cuenta aquellos que se han pronunciado críticamente sobre las formas de operar del gobierno actual.Frente a la publicación antes mencionada, Luis Guillermo Plata, embajador de Colombia en España, señaló en entrevista para Libertad Digital que el evento se ciñe a la literatura y no a las ideas políticas de los autores. “Uno no quisiera que una feria literaria se convirtiera en una feria política. Ni para un lado ni para el otro. Se ha tratado de tener cosas neutras donde prime el lado literario de la obra”, aseguró Plata luego de que se le preguntara cómo habían sido elegidos los escritores invitados.Autores como Piedad Bonnett, William Ospina, Laura Restrepo, Fernando Vallejo, Héctor Abad Faciolince, Pablo Montoya, Carolina Sanín, Santiago Gamboa y Pilar Quintana no fueron tenidos en cuenta para hacer parte de la Feria. Otros pocos autores se excusaron por no poder asistir a raíz de compromisos laborales, como es el caso de Tomás González, Juan Gabriel Vásquez y Evelio Rosero.Sin embargo, la forma de elegir a los escritores revela una visión por lo menos miope del panorama actual de la literatura en Colombia, un escenario especialmente liderado por mujeres que han ganado reconocimientos importantes en el campo editorial como es el caso de Pilar Quintana, Andrea Mejía, Diana Ospina y Margarita García Robayo, solo por nombrar algunas.El hecho de que varios de los autores que no han sido tenidos en cuenta para la celebración de esta Feria hayan opinado alguna vez sobre el Gobierno Nacional no es un dato menor. Este es un punto que también resalta Winston Manrrique en su artículo, pues se espera que, en un escenario político democrático, las ideas o reflexiones que plantean los artistas como ciudadanos no sean penalizadas y mucho menos, se conviertan en represalias en contra de su obra. Si bien, esa es apenas una hipótesis, la respuesta del embajador Plata amplía el espectro de la duda.Sobre la economía naranja y la neutralidad de las obrasLa idea de la neutralidad es peligrosa cuando se impone sobre ella un silencio que prohíbe y castiga la uniformidad. Mucho más, cuando parece tomar forma como política de gobierno. Además, parece irónico que este tipo de situaciones tengan lugar a la luz de la Economía Naranja, también llamada economía creativa, un modelo económico basado en la generación de riqueza a través de la conectividad, la herencia cultural y el talento.El presidente Iván Duque, junto al exministro de Cultura Felipe Buitrago, publicaron el libro La economía naranja: una oportunidad infinita, allí hablan de la importancia de “fortalecer las instituciones que están encargadas de estas industrias culturales, ya que estas durante muchos años han estado ausentes“ en los debates estratégicos sobre desarrollo económico y social”. Ahora, al contrastar el discurso oficial con los hechos, el abismo sigue siendo profundo a raíz del eco en el sector cultural que trajo la pandemia. Los escritores no están obligados a representar nada, su función es básicamente contar algo, pero tampoco puede reglamentarse la escritura para hacer parte de una delegación. Los procesos de reflexión de los autores implican una lectura contextual que puede o no enmarcarse en la realidad social y su decisión no tendría por qué calificarse desde una oficina estatal. Darío Jaramillo, Melba Escobar, Jorge Franco, Margarita García Robayo, Dasso Saldívar, Juan Esteban Constaín, Rómulo Bustos, Adelaida Fernández Ochoa, Andrea Cote, Ángela Becerra, Beatriz Helena Robledo, Juan Luis Mejía, son algunos de los represéntales del país en la Feria. Sin embargo, la lista está incompleta.
Cali, a finales de los años 70. Cualquier día. El mismo que para Claudia fue el fin del mundo. Hay una familia que parece sostenerse y permanecer unida por gracia de la gravedad, y el colchón verde que forman las plantas de la sala. Algunos días hay silencio, curvas y niebla; otros, menos fatales, la mamá, el papá y la hija van en un mismo carro y comen helado.Pero los días pasan y entonces, alguno cae.“Entonces el abismo, como no lograba hacer que me lanzara ni podía devorarme, se me metía por los ojos, una cosa deliciosa y horrible, una bolita saltarina en la barriga y la náusea asquerosa y pestilente, hasta quedar bien sepultado dentro de mí”. A menudo pienso en la infancia como la época de mayor dicha en la vida. Pero con el paso del tiempo, ha sido inevitable no verla como la raíz de mi historia, la caja negra de todos los pensamientos que rondan mi cabeza hasta chocar y convertirse en acción o verdad. Parece una obviedad decir que la edad determina la dimensión que tenemos sobre las cosas, pero cuando esa premisa se convierte en una certeza, la vida se sacude. Un día, mirando por la ventana, descubrí que era adulta y que de eso no había vuelta, y no significa que sea trágico o que le tema a las arrugas, es solo que se quiebra algo de manera definitiva. La inocencia, dirán algunos.En el último rincón de la risa genuina quedan muchos de esos días, de cuando nos acompañaban a dormir porque nos asustaba la oscuridad y nos esforzábamos por parecer lo suficientemente altos para timbrar en la casa o encender la luz. Un tiempo en el que solo importaba la risa. Entonces la infancia parece un bucle, un eterno retorno que nos permite explicarnos, ampliar el mapa de nuestra mente y el árbol de nuestra familia: mamá, papá, ausencia, abuela, abuelo, silencio, tía, tío, miedo, prima, primo, abandono. Aún siendo adulta, esa mano gigante que parece ser mi familia me alcanza para darme vuelta, golpea en la puerta de cualquier casa que he construido y me recuerda que es la herida definitiva y que se descose cada vez que pronuncio o escribo mi apellido.Soy como Claudia hija que es también Claudia madre y que en cierta medida, es una parte de la madre de su madre: cada una huyendo de la otra aunque la ame con fuerza porque la brutalidad del amor es así, implica la suavidad de una caricia y la ferocidad de una mirada. Sin embargo, todas se contienen, nos contenemos. Hay en mí una parte de todas las mujeres de mi familia, como si habitaran mi cuerpo desde diferentes formas y las encuentro en los gestos que alguna vez rechacé.En medio de la selva, la finca nublada y los guayacanes florecidos, Claudia aprendió a observar con la suficiente cautela para entender lo que pasa, para leer a su madre aún dormida y esperar en silencio a un padre que parece mucho. Remando las grietas de su corazón construye imágenes de la familia que quisiera tener y fija un espejo en su mente en el que es casi tan bella como su madre. Esa tensión solo conoce una tregua: el último momento del día en el que Claudia cierra los ojos y entonces, se apaga el mundo, el calor y Cali. Mientras duerme, Claudia hija es Claudia madre de Paulina, su muñeca, y a su lado observa el vacío de la montaña sin vértigo.Gran parte de mi vida del presente ha requerido rescatar —pero sobretodo honrar— la niña que fui y en esa búsqueda me he encontrado de frente con recuerdos bloqueados, con los afectos que ahora parecen imposibles para mi corazón. Nunca me gustó el miedo, ni el vértigo. Me parecía que el cielo era, después del mar, un lugar imposible, superior y me gustaba estirar los brazos y pensar que lo alcanzaba, que era suave y tibio y cercano desde la barda de ladrillos calientes de la terraza, y yo sentía que podía quedarme ahí. Entonces aparecía la voz de mi papá desde la cocina y me preguntaba: “¿tú me quieres?” y yo respondía: “hasta el cielo de la calle”.Por alguna razón, la flecha de la culpa ha estado afilada siempre solo hacia un lado, ha atravesado particularmente un cuerpo y ha minado nuestro lazo con la madre. Por si fuera poco, sobre sus hombros ha pesado siempre la responsabilidad, el amor y el cuidado como si de verdad fuera un instinto, como si se tratara de un botón que enciende y apaga la maternidad. Dar por sentado el amor es renunciar a la búsqueda y al encuentro de resignificar nuestros vínculos, implica ver a la madre solo con un ojo, como recordándole que ya no es una mujer, que ahora es solo la-mamá-de. Luego de ese juicio está el perdón.Como hijas somos implacables y aún sin ser madres, esperamos que al momento de serlo —si es que pasa— haya benevolencia hacia nosotras. No hay un hogar más seguro que la madre y nada más liberador que aprender a conocerlas fuera de ese rol. En un mundo que parece en contra de las mujeres, solo nos tenemos a nosotras mismas, solo nos queda agarrarnos de la mano con fuerza y sostenernos en el borde del abismo y en la caída.“Yo sé que no he sido la mejor mamá… Cuando la tristeza se me mete en el cuerpo yo trato de hacer que se vaya, te lo juro”.Una vez atravesado ese puente, hay otro hueco inmenso que se abre ante nosotros. Descubrimos que la mayoría de los abismos no son un lugar, sino que nos habitan, son los ojos convertidos en pozo, es la rinitis que deja a oscuras a Claudia y el resbalón de Gloria Inés. Puede ser la imposibilidad de responder un mensaje, el silencio que llega de golpe y nos roba hasta el disfrute de la música. Es también el recuerdo que está llegando ahora a su cabeza.El abismo como el silencio es una figura extendida. Incluso, en ocasiones, es otro familiar. Es, como su definición lo indica, una “parte profunda del pensamiento o del alma que resulta insondable o incomprensible”, como una capa oscura y densa que se adhiere con fuerza unos días más que otros, y requiere toda una red de afectos para quebrarse. A los abismos le hacemos ofrendas porque la tristeza también es un ritual: hacemos promesas de ya no pensar tanto en eso y tomamos duchas largas para que el agua se lleve todo. Le entregamos algo que amamos, lo dejamos caer como Claudia a Paulina. Y basta. Y siguen faltando cosas también.Pilar Quintana escribió una novela en la que una hija descubre a su madre, descifra a su padre y en medio de esos dos lenguajes construye un mundo propio, aún en medio de los derrumbes que todo el tiempo los desbordan. Es honesta y sutil, y por eso es fácil encontrar en esos personajes la piel de la gente que conocemos. Todos asistimos a la degradación de la familia: a través de una separación, cuando una enfermedad llega y se lleva a quien amamos. O, cuando simplemente y sin poder pararlo, el deterioro del tiempo lo consume todo y no podemos hacer nada, solo ver cómo pasa. Lo que amamos, a quienes amamos, se cae ante nosotros porque la gravedad es definitiva y aunque creamos saber qué les pasa, hay una marea indetectable que solo ellos dimensionan en su pecho. Hay casos en los que la rinitis y la migraña de Claudia los apaga. Otras veces, de tanto amor y tanto daño, los lanzamos por el abismo para ya no saber más de ellos, sin saber que una parte nuestra está ahora en el fondo y que desde cualquier presente, regresaremos al umbral para preguntarnos si hicimos bien en huir.
La escritora Pilar Quintana, ganadora del Premio Alfaguara de Novela por su libro ‘Los abismos’, que narra la historia de una niña que intenta comprender las revelaciones de su madre y el silencio de su padre en una relación fracturada, habló sobre su obra.“Nuestra sociedad tiene unos valores machistas y sexistas. Con el despertar del feminismo descubrí que yo también soy feminista”, afirmó."Tenía una idea bastante ridícula de que las feministas eran señoras amargadas que odiaban los hombres, pero descubrí que siempre he sido feminista. Ya no me dio pena enunciarme como feminista", agregó. Quintana se refirió, además, a los temas tabú que motivan su producción literaria. Escuche a Pilar Quintana en entrevista con Mañanas BLU:
Una de las voces más importantes de la literatura colombiana contemporánea es Pilar Quintana. La escritora caleña ha construido un universo literario en el que habita la ferocidad del amor, de la violencia, en medio de lugares particulares como el Pacífico Colombiano. Luego de ser nominada a varios premios por su novela "La Perra" y de la reedición de "Caperucita se come al lobo", Quintana recibe un nuevo reconocimiento. La autora ha sido anunciada como la ganadora del Premio Alfaguara 2021, en su XXIV edición, por su novela "Los Abismos", una obra inédita que estará al alcance de los lectores desde el próximo 25 de marzo, según anunció la editorial. El jurado premió esta novela que describe "la oscuridad del mundo de los adultos, a través del punto de vista de una niña que desde la memoria de su vida familiar intenta comprender la conflictiva relación entre sus padres", dijo el presidente del jurado, el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince.
La escritora colombiana Pilar Quintana ganó la edición 24 del Premio Alfaguara de Novela con la obra 'Los abismos', que muestra muestra los inquietantes rasgos de oscuridad del mundo de los adultos a través de la mirada de una niña. La novela llegará a las librerías el 25 de marzo, anunció la editorial. Quintana es la segunda mujer colombiana en obtener el galardón, que obtuvieron también Laura Restrepo (2004) con 'Delirio', Juan Gabriel Vásquez (2011) con 'El ruido de las cosas al caer' y Jorge Franco (2014) con 'El mundo de afuera'. La escritora caleña, nacida en 1972, obtuvo 175.000 dólares (145.000 euros) que otorga el concurso. La novela tiene como telón de fondo el estrecho universo femenino formado por mujeres acomodadas a su vida que no pueden romper con una educación de otro tiempo."Yo venía hace años intentando hacer una novela sobre una niña", dijo Quintana al conocer el galardón."Se reflexiona sobre un miedo a la muerte y la orfandad. Creo que la emoción sobre la que trabajé es el miedo irracional que tenemos los niños a que se mueran nuestros padres", agregó. De los 2.428 manuscritos que se han presentado a esta edición de este premio, uno de los más importantes galardones literarios otorgados a una obra inédita escrita en español, 1.293 han sido remitidos desde España, 419 desde Argentina, 259 desde México, 187 desde Colombia, 74 desde Estados Unidos, 73 desde Chile, 88 desde Perú y 35 desde Uruguay.El jurado -compuesto también por las escritoras Ana Merino e Irene Vallejo; la directora internacional del Hay Festival, Cristina Fuentes La Roche; el periodista y escritor Xavi Ayén; el librero de Nollegiu (Barcelona), Xavier Vidal, y Pilar Reyes (con voz pero sin voto), directora editorial de Alfaguara- ha declarado ganadora la novela por mayoría.Quintana ha publicado cuatro novelas: "Cosquillas en la lengua" (2003), "Coleccionistas de polvos raros" (2007), "Conspiración iguana" (2009) y "La perra" (2017). Esta última, que se está traduciendo en 14 idiomas y de la que ya se han vendido los derechos audiovisuales, recibió el Premio de Narrativa Colombiana en 2018 y fue finalista de los National Book Award de EE.UU. en 2020 en la categoría de mejor traducción.Además, Pilar Quintana, que en 2007 fue seleccionada por el Hay Festival entre los 39 escritores menores de 39 años más destacados de Latinoamérica, es autora de la colección de cuentos "Caperucita se come al lobo". Escuche esta noticia en Mañanas BLU 10:30, cuando Colombia está al sire:
El huecoEstuvimos tres años en el hueco. Así lo llamábamos aunque en realidad no era un hueco. Era una estructura de paredes altísimas de concreto, sin techo. Mariángela estaba en una celda y yo, en otra. Las celdas eran contiguas.El único hueco era el que había en todo lo alto. Por ahí entraban el sol y la noche. Por ahí nos caían la lluvia y la comida. Nunca nos dieron un plato servido como a la gente. Nos tiraban el arroz lo mismo que la sopa. Había que hacer las necesidades en un rincón y había que esperar que la comida no cayera en ese rincón. Había que buscar los pedazos de comida esparcidos por toda la celda y, si era sopa, había que agacharse a lamer como los animales.Mientras estuvimos en el hueco, Mariángela se negó a aceptar la realidad. Según ella, el hueco sí tenía techo. El intenso calor que sentía durante el día y el frío de la noche se debían a un sistema de calefacción y aire acondicionado. La lluvia era un sistema de aspersores para cultivos que colgaba del techo y los truenos, efectos de sonido reproducidos por un equipo de sonido.Mariángela decía que Víctor había instalado todos esos sistemas con el propósito expreso de torturarnos suplementariamente. El encierro —y la pared que nos separaba, los daños físicos, las humillaciones— no eran suficientes para él. Mariángela decía que a Víctor le gustaba jugar a Dios.En cuanto a la comida, se imaginaba que la lanzaba un aparato parecido al que dispara pelotas de tenis. Mariángela se había procurado una explicación para todo.Para ella el hueco era hermético y estaba sumido en las tinieblas. Esa era la razón por la que no podía ver nada, no quería darse cuenta de que le habían arrancado los ojos. Yo no la desengañaba aunque a mí no me había ido mejor, a mí me habían arrancado los testículos.La mente de Víctor era ilimitadamente perversa, y había que reconocer que en la misma medida era una mente brillante. Nos había castigado a cada uno justo donde estaba la raíz de nuestro pecado, con un acierto y con una sevicia que solo pueden compararse con las atrocidades divinas de las que hace alarde la Biblia.En eso de que Víctor jugaba a Dios sí tenía razón MariángelaVíctor tenía una flotilla de aviones, una colección de coches antiguos y un equipo de carreras. Tenía tantas propiedades en tantas ciudades que ni él mismo sabía cuántas eran. Tenía una finca —la misma donde estaba el hueco— que era más grande que Suiza. En un arrebato de ostentación la había llamado País Víctor y, de hecho, ahí solo regían sus propias leyes.País Víctor tenía un ejército de quinientos hombres para custodiarla y no producía nada. Era una finca de recreo que nada más consumía. Tenía 77 nacimientos de agua, 77 caballos árabes y 77 habitaciones para invitados.A Víctor le gustaban esas coincidencias numéricas —siempre de tres en tres y siempre usando el número siete— y se jactaba de tener el poder de propiciarlas.Las pesebreras estaban alfombradas, las cerraduras de las puertas eran de oro, lo mismo que los grifos de los baños, y la pista de aterrizaje tenía capacidad para grandes aviones comerciales, aunque no llegaba ninguno.Víctor tenía fama de haber matado más de doscientas personas y hecho explotar siete bombas de alta potencia en siete centros comerciales de siete ciudades distintas. Así había doblegado al gobierno y conseguido sus favores.Yo solo era uno de sus pilotos y no tenía nada. La única razón por la que Mariángela podía haberse fijado en mí era porque yo era guapo.Víctor era bajito y rechoncho. La barriga le sobresalía por encima de los pantalones y a sus 39 parecía de cincuenta. Tenía la cara deformada por viejas marcas de acné y de vez en cuando le aparecían pústulas frescas que reventaban causando estropicio de pus y sangre.Por eso hizo que a Mariángela le sacaran los ojos.Mariángela era una muchacha de barrio. Una de tantas que Víctor compraba con joyas, con ropa o directamente con plata, una de esas que sacaba a pasear el fin de semana. Mariángela no era nadie. Pero tenía un culo precioso.Por eso, a mí, Víctor me hizo cortar el suministro de testosterona.Yo llevé a Mariángela a País Víctor. Nunca había montado en avión y estuvo muy preguntona. Cuando llegamos a la casona y vio los balcones, la piscina y la magnificencia de todo, soltó el maletín, que no había dejado que nadie le cargara, y dijo guau.Víctor no estaba.Nos sirvieron la cena en el comedor para veintidós personas, a ella en un extremo y a mí en el otro, y nos dejaron solos. Solos con la guacamaya de Víctor, que tenía las alas cortadas, y se movía de silla en silla. Mariángela estaba encantada de jugar a la gran dama. Afectaba los modales, se refería a la guacamaya como a su alteza real y le hacía una reverencia cada vez que alzaba la copa para tomar. Nos estuvimos riendo todo el tiempo.En cuanto terminó el postre dejó caer la servilleta con descuido sobre la mesa. Había vuelto a ser ella misma y, del modo más natural, me preguntó si me parecía que ella era muy puta por acostarse con un tipo como Víctor. Le respondí que no era más puta que yo. Ahí fue cuando nos perdimos. Lo vi en sus ojos y ella lo vio en los míos. Dejamos de reírnos.Vinieron a decirnos que Víctor no llegaría hasta el día siguiente y nos llevaron al segundo piso. Nos asignaron habitaciones contiguas con balcones que apenas se separaban con una baranda decorativa de madera. Estoy seguro de que Víctor me puso a Mariángela tan cerca a propósito.Hasta ese momento solo me había dado trabajos anodinos como llevar a sus amantes ocasionales de un lugar a otro. Ahora, quizás, estaba pensando hacerme su piloto personal o darme una ruta, que era lo que yo ambicionaba. Víctor no confiaba en nadie y quería probarme.Yo habría jurado que en mí sí podía confiar. Fui el primer sorprendido una vez se vio lo contrario. Cuando salí al balcón a fumarme un cigarrillo, ella estaba ahí. De pie junto a la baranda que separaba los cuartos. Hablamos de las montañas que se veían al frente, por hablar de alguna cosa, por disimular el nerviosismo. En cuanto tiré elcigarrillo, nos miramos y nos besamos. Cualquiera de los empleados de Víctor podía habernos visto. Se lo dije a Mariángela y ella se entró a su habitación sin decirme nada. No tuve un instante de vacilación. Salté la baranda y entré detrás de ella.No nos dijimos nada. Todo lo hicimos con desesperación y abandono, y no creo que fuera solo por el peligro o porque fuera nuestra primera vez, sino porque en el fondo sabíamos que también era la última. Pero fuimos felices, nos mirábamos a los ojos, más bien nos comíamos con los ojos, y sonreíamos.Yo me vine largamente, ella no lo consiguió.Le dije que después de un polvo imperfecto siempre hacía falta una buena conversación de cama. Ella se rio y me contó de su hijo de cuatro años. Yo, de los miedos que había pasado en mi profesión. Mariángela se fue quedando dormida en mi pecho.Antes de irme, contemplé su hermoso culo desnudo. Aún hoy, el recuerdo de ese culo desnudo me hace posible concebir el deseo.Yo había dejado la luz de la mesa de noche encendida y ahora estaba apagada. Me moví con cautela. A pesar de la oscuridad lo vi. Estaba sentado en el sillón. Se veía tranquilo, y hasta me pareció ver que sonreía. Tal vez ya tenía concebido su plan. No hizo nada, no dijo nada. Se levantó y se fue.Cuando abrió la puerta, entró un chorro de luz y pude ver que había dos hombres en las esquinas del cuarto. Estaban armados y me apuntaban. Oí que otros hombres entraban en la habitación de Mariángela.Oí sus gritos aterrados, oí cómo la sacaban, oí cómo se resistía, oí que le suplicaba a Víctor que no la matara y al final, cuando su voz era un hilo en el extremo más alejado del pasillo, oí que gritaba mi nombre.Quise ir por ella, pero los hombres me agarraron. Me tuvieron dos días encerrado en la habitación. Sin comida y sin agua. Sin saber qué había pasado con Mariángela. Luego me llevaron al primer piso, al comedor donde había cenado con ella y la guacamaya.Había varios hombres y estaban Víctor y Mariángela. Nos miramos, estaba tan bonita como el primer día, le sonreí. Uno de los hombres me pegó en la cabeza con la cacha de su revólver. Mariángela soltó un grito.Me desvistieron, me agarraron entre cuatro y me inmovilizaron sobre la mesa para veintidós personas. Entonces vi al hombre que se acercaba con el bisturí. Mariángela no paraba de llorar, Víctor le sujetaba la cara para asegurarse de que mirara. El hombre tomó mis testículos con la mano, como sopesándolos, los levantó y acercó el bisturí. Sentí el frío del acero y el calor de la sangre. Me desmayé.Cuando volví en mí, seguía sobre la mesa del comedor. Me habían puesto una manta encima y sentía frío. Mariángela estaba acostada a mi lado. Dormía. Por un momento pensé que seguíamos en la cama, que acabábamos de hacer el amor. La voz de Víctor me sacó del ensueño. Sentí su aliento en mi oreja. A ella le vamos a sacar los ojos, me dijo.El hombre del bisturí —debía ser un cirujano, Víctor siempre hacía las cosas bien— estaba al lado de Mariángela. Le pusieron un aparato que le abrió los párpados. Vi claramente sus ojos verdes, vi claramente cuando el bisturí entraba. Perdí la conciencia otra vez.A ratos la recuperaba y siempre percibía a Mariángela junto a mí. Pero todas las imágenes son borrosas y de pesadilla. Creo que vi las cuencas de sus ojos vacías. Sus ojos en las manos de Víctor. La guacamaya montada en el hombro de Víctor. Los párpados cosidos.Cuando me desperté del todo, ella no estaba a mi lado y estábamos en el hueco.Cortesía: Literatura Random House.
Descubra las recomendaciones más destacadas para disfrutar de una vida plena y equilibrada con Encuentros Blu, este domingo, 24 de mayo de 2026.Camilo Borras,desarrollador de proyectosPara profesionales que no quieren operar inmuebles explicó que son las rentas aceleradas y cómo funcionan.Iván Gonzalez, escritorSus obras dialogan constantemente con la memoria, la identidad y la vida cultural del Caribe. Autor de varios libros de narrativa, afro y gestor de amplia trayectoria.Monica Viviana Álvarez, trapeuta profesional de danzaHabló sobre el movimiento expresivo consciente y contó su camino de transformación en el que la danza cambió su vida.Eugenia de Molina, escritora del libro ‘Un amor para la historia’Su obra se presentó recientemente en la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2026. Su obra destaca en el panorama literario actual por explorar narrativas contemporáneas.Escuche el programa completo acá:
La seguridad en los establecimientos comerciales es cada vez más sofisticada, pues cuentan con cámaras, alarmas, sensores de movimiento que buscan impedir cualquier intento de robo.Sin embargo, los delincuentes también evolucionan, estudian los sistemas, detectan puntos vulnerables y ejecutan planes meticulosos que, en algunos casos, parecen sacados de una película.Eso fue precisamente lo que ocurrió en un supermercado de la urbanización San Eduardo, en Piura, Perú, donde un grupo de ladrones logró burlar todas las medidas de seguridad para llevarse un botín considerable.Delincuentes rompieron paredes y se llevaron el dinero de un supermercadoLas cámaras de seguridad captaron cada movimiento. Los delincuentes usaron martillos y cargas explosivas de pequeña carga para hacer huecos en las paredes del establecimiento.Según las investigaciones, aprovecharon una vivienda deshabitada contigua para trepar y acceder sin levantar sospechas.Una vez dentro, avanzaron arrastrándose por el suelo para evitar activar las alarmas, lo que indicó que los delincuentes ya tenían conocimiento previo del sistema de seguridad, pero sin saberlo, toda su operación estaba siendo registrada.“Han aprovechado una vivienda vacía, se han trepado la pared y posteriormente han ingresado con equipos sofisticados para hacer un forado por donde cabía una persona”, relató la administradora del local.El objetivo, la bóvedaYa en el interior, los sujetos violentaron la bóveda del supermercado, donde se almacenaba el dinero en efectivo. Como resultado, hurtaron aproximadamente 200 mil soles, además de diversos productos del establecimiento.La Policía encontró múltiples evidencias del ingreso y escape, agujeros en paredes, uno de ellos en la zona de panadería, otros en la parte posterior, una ventana de vidrio rota y la puerta trasera abierta, lo que habría facilitado la huida.Según medios locales, el caso está en manos de las autoridades de Piura, que analizan las imágenes de seguridad y las pruebas recogidas para identificar y capturar a los responsables.*Con información de la Alianza Informativa Latinoamericana.
El derrumbe de un edificio en construcción deja tres muertos, y se cree que al menos 17 personas están desaparecidas, informaron las autoridades el lunes.Dos obreros atrapados bajo los escombros, en Ángeles, al norte de la capital Manila (Filipinas), fueron hallados con vida después de que la estructura de nueve pisos cediera el domingo, golpeara un hotel cercano y matara a un huésped de origen malasio.Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de rescate, ambos murieron."El primero de los dos fue sacado con vida, pero lamentablemente su cuerpo no resistió y no sobrevivió. Los médicos no pudieron reanimarlo", declaró a la AFP la portavoz regional de la oficina de bomberos, Maria Leah Sajili."El otro sufrió un paro cardíaco alrededor de las 3:00 de la madrugada (19H00 GMT del domingo). Los médicos no pudieron atenderlo porque seguía atrapado", añadió.Otras 17 personas, en su mayoría obreros de la construcción que dormían en la obra cuando ocurrió el desastre, seguían desaparecidas, dijo Sajili.Se desconoce la causa del derrumbe.Las autoridades señalaron que hasta 70 personas trabajaban en la obra, aunque la mayoría se había ido a sus casas por el fin de semana.Sajili, la portavoz de la oficina de bomberos, señaló que "el rescate en un derrumbe de edificio es muy complicado, ya que cualquier movimiento brusco provocado por las acciones de nuestros rescatistas puede hacer que algunas zonas se desplacen y las personas que están debajo queden aplastadas".Ahora los rescatistas usarán escáneres térmicos "para comprobar si hay posibles señales de vida", dijo.Si no se encuentran más supervivientes, se utilizarán excavadoras mecánicas y otra maquinaria pesada para retirar los escombros y recuperar los cuerpos, añadió, sin dar un plazo.
El pago del impuesto predial en Colombia atraviesa una transformación que está cambiando la relación entre los ciudadanos y las administraciones locales. Lo que durante años estuvo marcado por largas filas, procesos presenciales y demoras en los trámites, hoy comienza a consolidarse como un servicio más ágil gracias al avance de la digitalización en los municipios.Durante el primer trimestre de 2026, varias alcaldías reportaron incrementos históricos en el recaudo del impuesto predial, impulsados principalmente por la implementación de plataformas digitales, sedes electrónicas y nuevos mecanismos de pago en línea. La tendencia, además de fortalecer las finanzas territoriales, está facilitando el cumplimiento tributario de miles de contribuyentes.De acuerdo con un análisis realizado por la compañía tecnológica Nexura, algunos municipios del país registraron aumentos significativos frente al mismo periodo de 2025. Uno de los casos más destacados es el de Zipaquirá, donde el recaudo creció más del 300%, alcanzando cerca de $6.740 millones durante los primeros meses del año.A este comportamiento se suman otros municipios que también reflejan un fuerte avance en materia de recaudo digital. En Bello, los ingresos por predial aumentaron más del 65%, superando los $12.600 millones, mientras que en Puerto Colombia el crecimiento se acercó al 50%, con más de $20.900 millones recaudados.El fenómeno también se replicó en municipios intermedios. Piedecuesta pasó de recaudar $9.049 millones en 2025 a más de $23.375 millones este año. En Coveñas el recaudo se duplicó al pasar de $1.088 millones a $2.556 millones, mientras que San José del Guaviare registró uno de los saltos más notorios: pasó de menos de un millón de pesos a superar los $370 millones en 2026.Según expertos del sector, detrás de este crecimiento existe un factor común: la facilidad para pagar desde canales digitales. Las administraciones locales han fortalecido sus herramientas tecnológicas permitiendo que los ciudadanos realicen pagos desde celulares o computadores, sin necesidad de desplazarse hasta oficinas físicas.La modernización también ha sido posible gracias a la articulación entre entidades territoriales, bancos y empresas tecnológicas. En este proceso han participado organizaciones como Bancolombia, Banco de Occidente y Nexura, que han contribuido a consolidar plataformas de pago más seguras y eficientes.No obstante, el aumento en el recaudo también coincide con la implementación del catastro multipropósito y la actualización de avalúos catastrales en distintas regiones del país. Aunque estas medidas buscan modernizar la información de los predios y fortalecer los ingresos municipales, también han generado inquietud entre algunos propietarios debido al incremento en el valor del impuesto.Ante este panorama, varios municipios han comenzado a implementar alternativas como descuentos por pronto pago, acuerdos de financiación y alivios tributarios para reducir el impacto económico sobre los hogares. Además, los ciudadanos tienen la posibilidad de solicitar revisiones del avalúo catastral o interponer recursos de reposición y apelación cuando consideren que el valor asignado a su inmueble no corresponde a la realidad.Jheferson Imbachi, director de proyectos de Nexura, aseguró que los resultados evidencian cómo la transformación digital se ha convertido en una herramienta clave para fortalecer la gestión pública. “Las entidades territoriales que priorizan la digitalización están logrando ser más eficientes, transparentes y cercanas al ciudadano”, señaló.El comportamiento del impuesto predial durante 2026 deja en evidencia una tendencia cada vez más clara en Colombia: los municipios que simplifican los procesos y facilitan el pago están logrando mayores niveles de recaudo. En medio de los desafíos históricos del cumplimiento tributario, la tecnología comienza a consolidarse como una de las estrategias más efectivas para fortalecer las finanzas públicas y mejorar la experiencia de los contribuyentes.
Con una apuesta centrada en el bienestar, la información y el acceso oportuno a los servicios de salud, Profamilia y el Mecanismo Coordinador de País presentaron oficialmente “Hágale! El placer del cuidado”, una iniciativa que buscará reforzar la respuesta frente al VIH en Colombia durante los próximos tres años.El programa, financiado por Fondo Mundial, llegará a varias ciudades priorizadas del país y estará enfocado especialmente en comunidades que históricamente han enfrentado barreras para acceder a servicios de salud sexual y reproductiva.La estrategia surge en medio de un panorama que sigue generando preocupación entre las autoridades sanitarias. Según cifras recientes de la Cuenta de Alto Costo, con corte a enero de 2025, en Colombia se reportaron 14.169 nuevos casos de VIH durante el último año. A esto se suma que, de acuerdo con estimaciones de ONUSIDA, cerca del 17 % de las personas que viven con el virus desconocen su diagnóstico.Sin embargo, uno de los datos más alarmantes está relacionado con la detección tardía de la enfermedad. El informe señala que el 73 % de los casos fueron identificados en etapas avanzadas, mientras que un 34 % de las personas ya se encontraba en fase sida al momento del diagnóstico.Frente a este escenario, Marta Royo, CEO de Profamilia, explicó que el propósito de “Hágale!” es cambiar la manera en que se habla de prevención y salud sexual en el país.“Queremos que las personas vivan su sexualidad con más confianza, bienestar e información, entendiendo que el diagnóstico oportuno puede marcar una gran diferencia en su calidad de vida”, señaló.La iniciativa plantea un enfoque distinto al de campañas tradicionales basadas en el miedo. En esta ocasión, el mensaje gira alrededor del placer, el autocuidado y el derecho a tomar decisiones informadas sobre la vida sexual.Entre las principales acciones contempladas está el fortalecimiento del liderazgo comunitario, la promoción del uso de preservativos y lubricantes, así como la difusión de herramientas de prevención como la PrEP y la PEP, tratamientos utilizados antes o después de una posible exposición al VIH.Además, se impulsará la realización de pruebas duales para detectar VIH y sífilis de manera temprana, junto con mecanismos que permitan agilizar el ingreso de los pacientes al sistema de salud para recibir tratamiento oportuno.Otro de los componentes clave será la atención dirigida a población migrante en condición irregular, un sector que frecuentemente enfrenta mayores dificultades para acceder a servicios médicos.La articulación del proyecto estará liderada por Profamilia y el MCP, en coordinación con organizaciones de base comunitaria y diferentes actores del sector salud. Para Hanna Henao, presidenta del MCP, el trabajo conjunto con las comunidades será fundamental para lograr resultados sostenibles.Dentro de las metas trazadas hasta diciembre de 2028, la estrategia contempla la entrega gratuita de más de 800.000 kits de prevención y más de 3.000 kits especializados para reducción de riesgos en personas que se inyectan drogas. También se proyecta la realización de 700.000 pruebas duales de VIH y sífilis, además del desarrollo de herramientas digitales para brindar información confiable y orientación.“Hágale!” tendrá presencia en 14 territorios del país, entre ellos Bogotá, Cartagena, Barranquilla, Medellín, Cali y Cúcuta, entre otras ciudades priorizadas.La estrategia estará enfocada en hombres que tienen sexo con hombres, personas trans, trabajadores sexuales, migrantes y personas que se inyectan drogas, poblaciones que han sido impactadas por el estigma y la discriminación alrededor del VIH.Con este proyecto, las organizaciones buscan abrir una nueva conversación sobre salud sexual en Colombia: una basada menos en el temor y más en el acceso a la información, el cuidado y el derecho al disfrute pleno de la sexualidad.