Colombia diversa y vital es el eslogan con el que la Feria del Libro de Madrid presentó al país como invitado de honor. Sin embargo, el grupo de autores que representan al país en la Feria deja varias preguntas sobre el criterio de selección y de nuevo, como en otros eventos literarios, vacíos en la paridad de representación.El primero en señalar la ausencia de nombres relevantes en las listas de invitados fue Winston Manrrique, periodista literario y director de W Magazine, medio en hacer público el tema. Manrrique señala la ausencia de escritores que engrandecieron el panorama literario en el país a finales del Siglo XX, además deja claro que, curiosamente, no fueron tenidos en cuenta aquellos que se han pronunciado críticamente sobre las formas de operar del gobierno actual.Frente a la publicación antes mencionada, Luis Guillermo Plata, embajador de Colombia en España, señaló en entrevista para Libertad Digital que el evento se ciñe a la literatura y no a las ideas políticas de los autores. “Uno no quisiera que una feria literaria se convirtiera en una feria política. Ni para un lado ni para el otro. Se ha tratado de tener cosas neutras donde prime el lado literario de la obra”, aseguró Plata luego de que se le preguntara cómo habían sido elegidos los escritores invitados.Autores como Piedad Bonnett, William Ospina, Laura Restrepo, Fernando Vallejo, Héctor Abad Faciolince, Pablo Montoya, Carolina Sanín, Santiago Gamboa y Pilar Quintana no fueron tenidos en cuenta para hacer parte de la Feria. Otros pocos autores se excusaron por no poder asistir a raíz de compromisos laborales, como es el caso de Tomás González, Juan Gabriel Vásquez y Evelio Rosero.Sin embargo, la forma de elegir a los escritores revela una visión por lo menos miope del panorama actual de la literatura en Colombia, un escenario especialmente liderado por mujeres que han ganado reconocimientos importantes en el campo editorial como es el caso de Pilar Quintana, Andrea Mejía, Diana Ospina y Margarita García Robayo, solo por nombrar algunas.El hecho de que varios de los autores que no han sido tenidos en cuenta para la celebración de esta Feria hayan opinado alguna vez sobre el Gobierno Nacional no es un dato menor. Este es un punto que también resalta Winston Manrrique en su artículo, pues se espera que, en un escenario político democrático, las ideas o reflexiones que plantean los artistas como ciudadanos no sean penalizadas y mucho menos, se conviertan en represalias en contra de su obra. Si bien, esa es apenas una hipótesis, la respuesta del embajador Plata amplía el espectro de la duda.Sobre la economía naranja y la neutralidad de las obrasLa idea de la neutralidad es peligrosa cuando se impone sobre ella un silencio que prohíbe y castiga la uniformidad. Mucho más, cuando parece tomar forma como política de gobierno. Además, parece irónico que este tipo de situaciones tengan lugar a la luz de la Economía Naranja, también llamada economía creativa, un modelo económico basado en la generación de riqueza a través de la conectividad, la herencia cultural y el talento.El presidente Iván Duque, junto al exministro de Cultura Felipe Buitrago, publicaron el libro La economía naranja: una oportunidad infinita, allí hablan de la importancia de “fortalecer las instituciones que están encargadas de estas industrias culturales, ya que estas durante muchos años han estado ausentes“ en los debates estratégicos sobre desarrollo económico y social”. Ahora, al contrastar el discurso oficial con los hechos, el abismo sigue siendo profundo a raíz del eco en el sector cultural que trajo la pandemia. Los escritores no están obligados a representar nada, su función es básicamente contar algo, pero tampoco puede reglamentarse la escritura para hacer parte de una delegación. Los procesos de reflexión de los autores implican una lectura contextual que puede o no enmarcarse en la realidad social y su decisión no tendría por qué calificarse desde una oficina estatal. Darío Jaramillo, Melba Escobar, Jorge Franco, Margarita García Robayo, Dasso Saldívar, Juan Esteban Constaín, Rómulo Bustos, Adelaida Fernández Ochoa, Andrea Cote, Ángela Becerra, Beatriz Helena Robledo, Juan Luis Mejía, son algunos de los represéntales del país en la Feria. Sin embargo, la lista está incompleta.
Cali, a finales de los años 70. Cualquier día. El mismo que para Claudia fue el fin del mundo. Hay una familia que parece sostenerse y permanecer unida por gracia de la gravedad, y el colchón verde que forman las plantas de la sala. Algunos días hay silencio, curvas y niebla; otros, menos fatales, la mamá, el papá y la hija van en un mismo carro y comen helado.Pero los días pasan y entonces, alguno cae.“Entonces el abismo, como no lograba hacer que me lanzara ni podía devorarme, se me metía por los ojos, una cosa deliciosa y horrible, una bolita saltarina en la barriga y la náusea asquerosa y pestilente, hasta quedar bien sepultado dentro de mí”. A menudo pienso en la infancia como la época de mayor dicha en la vida. Pero con el paso del tiempo, ha sido inevitable no verla como la raíz de mi historia, la caja negra de todos los pensamientos que rondan mi cabeza hasta chocar y convertirse en acción o verdad. Parece una obviedad decir que la edad determina la dimensión que tenemos sobre las cosas, pero cuando esa premisa se convierte en una certeza, la vida se sacude. Un día, mirando por la ventana, descubrí que era adulta y que de eso no había vuelta, y no significa que sea trágico o que le tema a las arrugas, es solo que se quiebra algo de manera definitiva. La inocencia, dirán algunos.En el último rincón de la risa genuina quedan muchos de esos días, de cuando nos acompañaban a dormir porque nos asustaba la oscuridad y nos esforzábamos por parecer lo suficientemente altos para timbrar en la casa o encender la luz. Un tiempo en el que solo importaba la risa. Entonces la infancia parece un bucle, un eterno retorno que nos permite explicarnos, ampliar el mapa de nuestra mente y el árbol de nuestra familia: mamá, papá, ausencia, abuela, abuelo, silencio, tía, tío, miedo, prima, primo, abandono. Aún siendo adulta, esa mano gigante que parece ser mi familia me alcanza para darme vuelta, golpea en la puerta de cualquier casa que he construido y me recuerda que es la herida definitiva y que se descose cada vez que pronuncio o escribo mi apellido.Soy como Claudia hija que es también Claudia madre y que en cierta medida, es una parte de la madre de su madre: cada una huyendo de la otra aunque la ame con fuerza porque la brutalidad del amor es así, implica la suavidad de una caricia y la ferocidad de una mirada. Sin embargo, todas se contienen, nos contenemos. Hay en mí una parte de todas las mujeres de mi familia, como si habitaran mi cuerpo desde diferentes formas y las encuentro en los gestos que alguna vez rechacé.En medio de la selva, la finca nublada y los guayacanes florecidos, Claudia aprendió a observar con la suficiente cautela para entender lo que pasa, para leer a su madre aún dormida y esperar en silencio a un padre que parece mucho. Remando las grietas de su corazón construye imágenes de la familia que quisiera tener y fija un espejo en su mente en el que es casi tan bella como su madre. Esa tensión solo conoce una tregua: el último momento del día en el que Claudia cierra los ojos y entonces, se apaga el mundo, el calor y Cali. Mientras duerme, Claudia hija es Claudia madre de Paulina, su muñeca, y a su lado observa el vacío de la montaña sin vértigo.Gran parte de mi vida del presente ha requerido rescatar —pero sobretodo honrar— la niña que fui y en esa búsqueda me he encontrado de frente con recuerdos bloqueados, con los afectos que ahora parecen imposibles para mi corazón. Nunca me gustó el miedo, ni el vértigo. Me parecía que el cielo era, después del mar, un lugar imposible, superior y me gustaba estirar los brazos y pensar que lo alcanzaba, que era suave y tibio y cercano desde la barda de ladrillos calientes de la terraza, y yo sentía que podía quedarme ahí. Entonces aparecía la voz de mi papá desde la cocina y me preguntaba: “¿tú me quieres?” y yo respondía: “hasta el cielo de la calle”.Por alguna razón, la flecha de la culpa ha estado afilada siempre solo hacia un lado, ha atravesado particularmente un cuerpo y ha minado nuestro lazo con la madre. Por si fuera poco, sobre sus hombros ha pesado siempre la responsabilidad, el amor y el cuidado como si de verdad fuera un instinto, como si se tratara de un botón que enciende y apaga la maternidad. Dar por sentado el amor es renunciar a la búsqueda y al encuentro de resignificar nuestros vínculos, implica ver a la madre solo con un ojo, como recordándole que ya no es una mujer, que ahora es solo la-mamá-de. Luego de ese juicio está el perdón.Como hijas somos implacables y aún sin ser madres, esperamos que al momento de serlo —si es que pasa— haya benevolencia hacia nosotras. No hay un hogar más seguro que la madre y nada más liberador que aprender a conocerlas fuera de ese rol. En un mundo que parece en contra de las mujeres, solo nos tenemos a nosotras mismas, solo nos queda agarrarnos de la mano con fuerza y sostenernos en el borde del abismo y en la caída.“Yo sé que no he sido la mejor mamá… Cuando la tristeza se me mete en el cuerpo yo trato de hacer que se vaya, te lo juro”.Una vez atravesado ese puente, hay otro hueco inmenso que se abre ante nosotros. Descubrimos que la mayoría de los abismos no son un lugar, sino que nos habitan, son los ojos convertidos en pozo, es la rinitis que deja a oscuras a Claudia y el resbalón de Gloria Inés. Puede ser la imposibilidad de responder un mensaje, el silencio que llega de golpe y nos roba hasta el disfrute de la música. Es también el recuerdo que está llegando ahora a su cabeza.El abismo como el silencio es una figura extendida. Incluso, en ocasiones, es otro familiar. Es, como su definición lo indica, una “parte profunda del pensamiento o del alma que resulta insondable o incomprensible”, como una capa oscura y densa que se adhiere con fuerza unos días más que otros, y requiere toda una red de afectos para quebrarse. A los abismos le hacemos ofrendas porque la tristeza también es un ritual: hacemos promesas de ya no pensar tanto en eso y tomamos duchas largas para que el agua se lleve todo. Le entregamos algo que amamos, lo dejamos caer como Claudia a Paulina. Y basta. Y siguen faltando cosas también.Pilar Quintana escribió una novela en la que una hija descubre a su madre, descifra a su padre y en medio de esos dos lenguajes construye un mundo propio, aún en medio de los derrumbes que todo el tiempo los desbordan. Es honesta y sutil, y por eso es fácil encontrar en esos personajes la piel de la gente que conocemos. Todos asistimos a la degradación de la familia: a través de una separación, cuando una enfermedad llega y se lleva a quien amamos. O, cuando simplemente y sin poder pararlo, el deterioro del tiempo lo consume todo y no podemos hacer nada, solo ver cómo pasa. Lo que amamos, a quienes amamos, se cae ante nosotros porque la gravedad es definitiva y aunque creamos saber qué les pasa, hay una marea indetectable que solo ellos dimensionan en su pecho. Hay casos en los que la rinitis y la migraña de Claudia los apaga. Otras veces, de tanto amor y tanto daño, los lanzamos por el abismo para ya no saber más de ellos, sin saber que una parte nuestra está ahora en el fondo y que desde cualquier presente, regresaremos al umbral para preguntarnos si hicimos bien en huir.
La escritora Pilar Quintana, ganadora del Premio Alfaguara de Novela por su libro ‘Los abismos’, que narra la historia de una niña que intenta comprender las revelaciones de su madre y el silencio de su padre en una relación fracturada, habló sobre su obra.“Nuestra sociedad tiene unos valores machistas y sexistas. Con el despertar del feminismo descubrí que yo también soy feminista”, afirmó."Tenía una idea bastante ridícula de que las feministas eran señoras amargadas que odiaban los hombres, pero descubrí que siempre he sido feminista. Ya no me dio pena enunciarme como feminista", agregó. Quintana se refirió, además, a los temas tabú que motivan su producción literaria. Escuche a Pilar Quintana en entrevista con Mañanas BLU:
Una de las voces más importantes de la literatura colombiana contemporánea es Pilar Quintana. La escritora caleña ha construido un universo literario en el que habita la ferocidad del amor, de la violencia, en medio de lugares particulares como el Pacífico Colombiano. Luego de ser nominada a varios premios por su novela "La Perra" y de la reedición de "Caperucita se come al lobo", Quintana recibe un nuevo reconocimiento. La autora ha sido anunciada como la ganadora del Premio Alfaguara 2021, en su XXIV edición, por su novela "Los Abismos", una obra inédita que estará al alcance de los lectores desde el próximo 25 de marzo, según anunció la editorial. El jurado premió esta novela que describe "la oscuridad del mundo de los adultos, a través del punto de vista de una niña que desde la memoria de su vida familiar intenta comprender la conflictiva relación entre sus padres", dijo el presidente del jurado, el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince.
La escritora colombiana Pilar Quintana ganó la edición 24 del Premio Alfaguara de Novela con la obra 'Los abismos', que muestra muestra los inquietantes rasgos de oscuridad del mundo de los adultos a través de la mirada de una niña. La novela llegará a las librerías el 25 de marzo, anunció la editorial. Quintana es la segunda mujer colombiana en obtener el galardón, que obtuvieron también Laura Restrepo (2004) con 'Delirio', Juan Gabriel Vásquez (2011) con 'El ruido de las cosas al caer' y Jorge Franco (2014) con 'El mundo de afuera'. La escritora caleña, nacida en 1972, obtuvo 175.000 dólares (145.000 euros) que otorga el concurso. La novela tiene como telón de fondo el estrecho universo femenino formado por mujeres acomodadas a su vida que no pueden romper con una educación de otro tiempo."Yo venía hace años intentando hacer una novela sobre una niña", dijo Quintana al conocer el galardón."Se reflexiona sobre un miedo a la muerte y la orfandad. Creo que la emoción sobre la que trabajé es el miedo irracional que tenemos los niños a que se mueran nuestros padres", agregó. De los 2.428 manuscritos que se han presentado a esta edición de este premio, uno de los más importantes galardones literarios otorgados a una obra inédita escrita en español, 1.293 han sido remitidos desde España, 419 desde Argentina, 259 desde México, 187 desde Colombia, 74 desde Estados Unidos, 73 desde Chile, 88 desde Perú y 35 desde Uruguay.El jurado -compuesto también por las escritoras Ana Merino e Irene Vallejo; la directora internacional del Hay Festival, Cristina Fuentes La Roche; el periodista y escritor Xavi Ayén; el librero de Nollegiu (Barcelona), Xavier Vidal, y Pilar Reyes (con voz pero sin voto), directora editorial de Alfaguara- ha declarado ganadora la novela por mayoría.Quintana ha publicado cuatro novelas: "Cosquillas en la lengua" (2003), "Coleccionistas de polvos raros" (2007), "Conspiración iguana" (2009) y "La perra" (2017). Esta última, que se está traduciendo en 14 idiomas y de la que ya se han vendido los derechos audiovisuales, recibió el Premio de Narrativa Colombiana en 2018 y fue finalista de los National Book Award de EE.UU. en 2020 en la categoría de mejor traducción.Además, Pilar Quintana, que en 2007 fue seleccionada por el Hay Festival entre los 39 escritores menores de 39 años más destacados de Latinoamérica, es autora de la colección de cuentos "Caperucita se come al lobo". Escuche esta noticia en Mañanas BLU 10:30, cuando Colombia está al sire:
El huecoEstuvimos tres años en el hueco. Así lo llamábamos aunque en realidad no era un hueco. Era una estructura de paredes altísimas de concreto, sin techo. Mariángela estaba en una celda y yo, en otra. Las celdas eran contiguas.El único hueco era el que había en todo lo alto. Por ahí entraban el sol y la noche. Por ahí nos caían la lluvia y la comida. Nunca nos dieron un plato servido como a la gente. Nos tiraban el arroz lo mismo que la sopa. Había que hacer las necesidades en un rincón y había que esperar que la comida no cayera en ese rincón. Había que buscar los pedazos de comida esparcidos por toda la celda y, si era sopa, había que agacharse a lamer como los animales.Mientras estuvimos en el hueco, Mariángela se negó a aceptar la realidad. Según ella, el hueco sí tenía techo. El intenso calor que sentía durante el día y el frío de la noche se debían a un sistema de calefacción y aire acondicionado. La lluvia era un sistema de aspersores para cultivos que colgaba del techo y los truenos, efectos de sonido reproducidos por un equipo de sonido.Mariángela decía que Víctor había instalado todos esos sistemas con el propósito expreso de torturarnos suplementariamente. El encierro —y la pared que nos separaba, los daños físicos, las humillaciones— no eran suficientes para él. Mariángela decía que a Víctor le gustaba jugar a Dios.En cuanto a la comida, se imaginaba que la lanzaba un aparato parecido al que dispara pelotas de tenis. Mariángela se había procurado una explicación para todo.Para ella el hueco era hermético y estaba sumido en las tinieblas. Esa era la razón por la que no podía ver nada, no quería darse cuenta de que le habían arrancado los ojos. Yo no la desengañaba aunque a mí no me había ido mejor, a mí me habían arrancado los testículos.La mente de Víctor era ilimitadamente perversa, y había que reconocer que en la misma medida era una mente brillante. Nos había castigado a cada uno justo donde estaba la raíz de nuestro pecado, con un acierto y con una sevicia que solo pueden compararse con las atrocidades divinas de las que hace alarde la Biblia.En eso de que Víctor jugaba a Dios sí tenía razón MariángelaVíctor tenía una flotilla de aviones, una colección de coches antiguos y un equipo de carreras. Tenía tantas propiedades en tantas ciudades que ni él mismo sabía cuántas eran. Tenía una finca —la misma donde estaba el hueco— que era más grande que Suiza. En un arrebato de ostentación la había llamado País Víctor y, de hecho, ahí solo regían sus propias leyes.País Víctor tenía un ejército de quinientos hombres para custodiarla y no producía nada. Era una finca de recreo que nada más consumía. Tenía 77 nacimientos de agua, 77 caballos árabes y 77 habitaciones para invitados.A Víctor le gustaban esas coincidencias numéricas —siempre de tres en tres y siempre usando el número siete— y se jactaba de tener el poder de propiciarlas.Las pesebreras estaban alfombradas, las cerraduras de las puertas eran de oro, lo mismo que los grifos de los baños, y la pista de aterrizaje tenía capacidad para grandes aviones comerciales, aunque no llegaba ninguno.Víctor tenía fama de haber matado más de doscientas personas y hecho explotar siete bombas de alta potencia en siete centros comerciales de siete ciudades distintas. Así había doblegado al gobierno y conseguido sus favores.Yo solo era uno de sus pilotos y no tenía nada. La única razón por la que Mariángela podía haberse fijado en mí era porque yo era guapo.Víctor era bajito y rechoncho. La barriga le sobresalía por encima de los pantalones y a sus 39 parecía de cincuenta. Tenía la cara deformada por viejas marcas de acné y de vez en cuando le aparecían pústulas frescas que reventaban causando estropicio de pus y sangre.Por eso hizo que a Mariángela le sacaran los ojos.Mariángela era una muchacha de barrio. Una de tantas que Víctor compraba con joyas, con ropa o directamente con plata, una de esas que sacaba a pasear el fin de semana. Mariángela no era nadie. Pero tenía un culo precioso.Por eso, a mí, Víctor me hizo cortar el suministro de testosterona.Yo llevé a Mariángela a País Víctor. Nunca había montado en avión y estuvo muy preguntona. Cuando llegamos a la casona y vio los balcones, la piscina y la magnificencia de todo, soltó el maletín, que no había dejado que nadie le cargara, y dijo guau.Víctor no estaba.Nos sirvieron la cena en el comedor para veintidós personas, a ella en un extremo y a mí en el otro, y nos dejaron solos. Solos con la guacamaya de Víctor, que tenía las alas cortadas, y se movía de silla en silla. Mariángela estaba encantada de jugar a la gran dama. Afectaba los modales, se refería a la guacamaya como a su alteza real y le hacía una reverencia cada vez que alzaba la copa para tomar. Nos estuvimos riendo todo el tiempo.En cuanto terminó el postre dejó caer la servilleta con descuido sobre la mesa. Había vuelto a ser ella misma y, del modo más natural, me preguntó si me parecía que ella era muy puta por acostarse con un tipo como Víctor. Le respondí que no era más puta que yo. Ahí fue cuando nos perdimos. Lo vi en sus ojos y ella lo vio en los míos. Dejamos de reírnos.Vinieron a decirnos que Víctor no llegaría hasta el día siguiente y nos llevaron al segundo piso. Nos asignaron habitaciones contiguas con balcones que apenas se separaban con una baranda decorativa de madera. Estoy seguro de que Víctor me puso a Mariángela tan cerca a propósito.Hasta ese momento solo me había dado trabajos anodinos como llevar a sus amantes ocasionales de un lugar a otro. Ahora, quizás, estaba pensando hacerme su piloto personal o darme una ruta, que era lo que yo ambicionaba. Víctor no confiaba en nadie y quería probarme.Yo habría jurado que en mí sí podía confiar. Fui el primer sorprendido una vez se vio lo contrario. Cuando salí al balcón a fumarme un cigarrillo, ella estaba ahí. De pie junto a la baranda que separaba los cuartos. Hablamos de las montañas que se veían al frente, por hablar de alguna cosa, por disimular el nerviosismo. En cuanto tiré elcigarrillo, nos miramos y nos besamos. Cualquiera de los empleados de Víctor podía habernos visto. Se lo dije a Mariángela y ella se entró a su habitación sin decirme nada. No tuve un instante de vacilación. Salté la baranda y entré detrás de ella.No nos dijimos nada. Todo lo hicimos con desesperación y abandono, y no creo que fuera solo por el peligro o porque fuera nuestra primera vez, sino porque en el fondo sabíamos que también era la última. Pero fuimos felices, nos mirábamos a los ojos, más bien nos comíamos con los ojos, y sonreíamos.Yo me vine largamente, ella no lo consiguió.Le dije que después de un polvo imperfecto siempre hacía falta una buena conversación de cama. Ella se rio y me contó de su hijo de cuatro años. Yo, de los miedos que había pasado en mi profesión. Mariángela se fue quedando dormida en mi pecho.Antes de irme, contemplé su hermoso culo desnudo. Aún hoy, el recuerdo de ese culo desnudo me hace posible concebir el deseo.Yo había dejado la luz de la mesa de noche encendida y ahora estaba apagada. Me moví con cautela. A pesar de la oscuridad lo vi. Estaba sentado en el sillón. Se veía tranquilo, y hasta me pareció ver que sonreía. Tal vez ya tenía concebido su plan. No hizo nada, no dijo nada. Se levantó y se fue.Cuando abrió la puerta, entró un chorro de luz y pude ver que había dos hombres en las esquinas del cuarto. Estaban armados y me apuntaban. Oí que otros hombres entraban en la habitación de Mariángela.Oí sus gritos aterrados, oí cómo la sacaban, oí cómo se resistía, oí que le suplicaba a Víctor que no la matara y al final, cuando su voz era un hilo en el extremo más alejado del pasillo, oí que gritaba mi nombre.Quise ir por ella, pero los hombres me agarraron. Me tuvieron dos días encerrado en la habitación. Sin comida y sin agua. Sin saber qué había pasado con Mariángela. Luego me llevaron al primer piso, al comedor donde había cenado con ella y la guacamaya.Había varios hombres y estaban Víctor y Mariángela. Nos miramos, estaba tan bonita como el primer día, le sonreí. Uno de los hombres me pegó en la cabeza con la cacha de su revólver. Mariángela soltó un grito.Me desvistieron, me agarraron entre cuatro y me inmovilizaron sobre la mesa para veintidós personas. Entonces vi al hombre que se acercaba con el bisturí. Mariángela no paraba de llorar, Víctor le sujetaba la cara para asegurarse de que mirara. El hombre tomó mis testículos con la mano, como sopesándolos, los levantó y acercó el bisturí. Sentí el frío del acero y el calor de la sangre. Me desmayé.Cuando volví en mí, seguía sobre la mesa del comedor. Me habían puesto una manta encima y sentía frío. Mariángela estaba acostada a mi lado. Dormía. Por un momento pensé que seguíamos en la cama, que acabábamos de hacer el amor. La voz de Víctor me sacó del ensueño. Sentí su aliento en mi oreja. A ella le vamos a sacar los ojos, me dijo.El hombre del bisturí —debía ser un cirujano, Víctor siempre hacía las cosas bien— estaba al lado de Mariángela. Le pusieron un aparato que le abrió los párpados. Vi claramente sus ojos verdes, vi claramente cuando el bisturí entraba. Perdí la conciencia otra vez.A ratos la recuperaba y siempre percibía a Mariángela junto a mí. Pero todas las imágenes son borrosas y de pesadilla. Creo que vi las cuencas de sus ojos vacías. Sus ojos en las manos de Víctor. La guacamaya montada en el hombro de Víctor. Los párpados cosidos.Cuando me desperté del todo, ella no estaba a mi lado y estábamos en el hueco.Cortesía: Literatura Random House.
El Minnesota United de la MLS confirmó este martes el final del breve periplo de la figura colombiana James Rodríguez, cuyo futuro vuelve a ser una incógnita."Gracias por todo, James", se limitó a decir el United en un mensaje publicado en sus redes sociales.James, de 35 años, disputó su último partido con Minnesota el 13 de mayo, antes de incorporarse a la selección colombiana para preparar el Mundial 2026.El exmediapunta del Real Madrid aterrizó apenas en febrero en el United y participó de sólo seis partidos de la liga norteamericana (MLS), dos de ellos como titular.El decepcionante paso de James por Minnesota, sin continuidad debido a la falta de rodaje y problemas físicos posteriores, terminó sin goles anotados y con dos asistencias repartidas.Su contrato con el United se extendía por solo cuatro meses hasta la Copa del Mundo, en la que Colombia fue eliminada en los octavos de final por Suiza en definición por penales.Minnesota tenía una opción de extender el contrato del colombiano hasta el final de esta temporada, que concluye en diciembre, pero decidió no ejercerla.James fue titular habitual en el pasado Mundial pero no brilló como en sus otras apariciones con la selección cafetera.Ahora deberá buscar un nuevo destino después de haber transitado por hasta siete clubes desde 2020.
Once de los 16 congresistas que ocupan las curules de paz en la Cámara de Representantes para el periodo 2026-2030 firmaron una declaración conjunta en la que expresaron su apoyo al gobierno entrante de Abelardo De La Espriella.En el comunicado aseguraron que, cada uno, en representación de las organizaciones, asociaciones, consejos comunitarios, resguardos indígenas y grupos significativos de ciudadanos que avalaron las candidaturas, manifestaban de manera libre, autónoma e independiente el apoyo.“Luego de un ejercicio de reflexión responsable, estamos convencidos de que Colombia atraviesa un momento que demanda grandeza, responsabilidad y la capacidad de anteponer el interés nacional y el bienestar de los territorios históricamente excluidos a cualquier diferencia política. Consideramos que la construcción de La Patria Milagro debe comenzar, necesariamente, en los municipios más afectados por el conflicto armado, la pobreza, la exclusión y la débil presencia institucional”, dice la declaración.Los firmantes también sostienen que la paz no puede limitarse al silenciamiento de las armas, sino que debe traducirse en oportunidades reales para las comunidades, el cierre de brechas sociales y una presencia efectiva del Estado.“Esperamos del Gobierno Nacional una política de paz seria, responsable y eficaz que permita avanzar hacia la terminación definitiva del conflicto armado. Igualmente, confiamos en que La Patria Milagro honre, de manera efectiva, la deuda histórica que el Estado mantiene con millones de víctimas del conflicto armado. La reparación integral constituye un mandato constitucional, legal y ético que no admite más dilaciones”, afirmaron.En el cierre del documento, los representantes hacen un llamado a todos los sectores de la sociedad para trabajar por una etapa de reconciliación, desarrollo y esperanza para el país. Aseguran que su respaldo estará guiado por la defensa de los intereses de los territorios que representan y que actuarán con independencia, responsabilidad y lealtad hacia quienes depositaron en ellos su confianza.Entre los firmantes está Jorge Rodrigo Tovar Vélez, James Mosquera Torres, Karen López, Juan Carlos Vargas, Luis Ramiro Ricardo Buelvas, Javier López Díaz, Alejandro Castillo Gaitán, Janneth Sabogal y Jhon Fredy V., entre otros.
Yo Me Llamo rindió un sentido homenaje al fallecido artista de música popular Yeison Jiménez durante su reciente emisión del 21 de julio. El tributo, realizado en el marco del regreso del formato televisivo, buscó honrar la memoria del cantante, quien fue una de las figuras más influyentes del género y dejó una huella imborrable en el concurso tras su paso como jurado en la temporada 2021-2022.El momento cumbre de la gala fue la aparición de una recreación del artista mediante el uso de inteligencia artificial. Esta representación virtual dirigió unas palabras al público y a los colegas presentes: "En este lugar fui feliz, aquí hice amigos y conocí gente maravillosa. Le mostré al país una cara que no conocía, yo siempre lo dije: 'Los sueños sí se cumplen'". El segmento, cargado de nostalgia, culminó con la interpretación en vivo del éxito "Aventurero", a cargo del cantante Elder Dayán, quien estuvo acompañado por su banda para despedir al intérprete.La partida de Yeison Jiménez continúa siendo un tema de profunda conmoción para el gremio artístico colombiano. El artista perdió la vida hace más de seis meses a raíz de un trágico accidente ocurrido en el municipio de Paipa, Boyacá. Este suceso, que sacudió al ámbito musical nacional, privó al país de uno de los máximos exponentes de la música popular, cuya trayectoria logró consolidar el género tanto en el territorio nacional como en escenarios internacionales.El homenaje no solo buscó recordar su calidad interpretativa, sino también su faceta humana mostrada durante su participación en la octava temporada del programa. Para los televidentes y la industria, este gesto simboliza el vacío que dejó su ausencia física, pero también refuerza el legado de un cantante que utilizó su plataforma para inspirar a nuevos talentos. La producción del formato de imitación destacó que, a pesar del tiempo transcurrido desde aquel fatal accidente, la figura de Jiménez sigue vigente como un referente indispensable para quienes aspiran a triunfar en la música popular, manteniendo viva la promesa de que los sueños, bajo esfuerzo, pueden hacerse realidad.
La Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York propuso este martes que el juicio contra el expresidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, acusados de cargos de narcotráfico, comience en junio de 2027, según un documento presentado ante un tribunal federal de Nueva York.La propuesta de la Fiscalía se conoce antes de una audiencia prevista para este miércoles en la que se discutirá el calendario del proceso contra Maduro, mientras que la defensa tiene previsto presentar sus primeros argumentos en septiembre y el Gobierno espera entregar la mayor parte de las pruebas clasificadas en noviembre.De acuerdo con el documento judicial, revisado por EFE, la Fiscalía prevé que las partes puedan completar la fase de intercambio de pruebas antes del inicio del juicio, aunque el proceso incluye todavía varias etapas previas, entre ellas la presentación de mociones por parte de la defensa y la revisión de material clasificado relacionado con el caso.El documento señala además que el Gobierno de EE.UU. espera avanzar en la entrega de información clasificada durante los próximos meses, mientras que la defensa tendrá hasta comienzos de 2027 para presentar nuevos recursos antes de que el tribunal determine el calendario definitivo del juicio.El depuesto líder de Venezuela y su esposa asistirán este miércoles a una nueva audiencia de revisión del proceso penal abierto en su contra con cargos por conspiración para cometer narcoterrorismo e importación de cocaína.Esta será la tercera audiencia que se celebre en Nueva York tras la captura de la pareja en su residencia de Caracas el pasado 3 de enero.El político suramericano se declaró no culpable ante la Justicia neoyorquina en enero y lleva encarcelado más de medio año en una prisión federal en Brooklyn.Según un reciente análisis del diario The New York Times, las cortes estadounidenses podrían "no tener la autoridad para manejar su caso" debido a una ley ratificada por los propios Estados Unidos.Es posible que mañana los equipos legales de los acusados, liderados por Barry Pollack y Mark Donnelly, intenten anular el proceso basándose, precisamente, en las circunstancias y el procedimiento de su captura en Caracas.El pasado abril, Estados Unidos accedió a modificar las sanciones a Venezuela para permitir que su Ejecutivo pague los honorarios de los abogados que defienden a los acusados, lo que ha sido uno de los puntos más tratados en las audiencias anteriores.
La Corte Suprema de Justicia decidió no abrir una investigación formal contra el senador Carlos Andrés Trujillo González por su presunta relación con el escándalo de corrupción de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres.En un auto expedido por la magistrada Cristina Lombana Velásquez, el alto tribunal concluyó que las pruebas recaudadas durante la investigación previa no demostraron la existencia de una conducta penalmente relevante atribuible al congresista.En esa línea, ordenó archivar las diligencias precisando que los hechos denunciados pueden y la decisión hoy puede ser revisada de nuevo si en el futuro aparecen nuevas pruebas que desvirtúen los fundamentos del auto.La investigación se originó por una denuncia presentada por Enrique Gómez Martínez, quien sustentó sus señalamientos en publicaciones de medios de comunicación y en información difundida en redes sociales sobre el escándalo de los carrotanques adquiridos por la UNGRD para abastecer de agua a comunidades de La Guajira.En la denuncia se planteaba una posible relación entre Trujillo y el entramado de corrupción debido a su antigua cercanía política con Olmedo López, exdirector de la entidad, así como por la influencia política que el senador tendría en el municipio de Uribia y por las visitas que un familiar suyo realizó a las oficinas de la UNGRD antes de las elecciones regionales de 2023.Sin embargo, al revisar por ejemplo las declaraciones de los exdirectordes de la UNGRD, Carlos Carrillo y Olmedo López (hoy preso y en proceso de concretar un preacuerdo) así como del alcalde de Uribia, Jaime Buitrago; de la exsubdirectora de la entidad Alethia Arango, y de Andrés Camilo González Giraldo, primo del senador, no encontraron evidencias relacionadas.También fueron revisados los informes de Policía Judicial y la matriz de colaboración entregada por Olmedo López dentro del principio de oportunidad que le fue concedido por la justicia.La Corte concluyó que no existía evidencia que vinculara a Trujillo con el caso de los carrotanques. Uno de los elementos que más peso tuvo en la decisión fue la declaración de Carlos Carrillo, quien aseguró que no tenía pruebas sobre una eventual participación del senador en hechos de corrupción."Si tuviese una prueba documental de la participación del senador Carlos Andrés Trujillo en esquemas de corrupción, ya la habría hecho llegar a la justicia", afirmó durante su testimonio. A ello se sumó que Olmedo López, pese a colaborar con la Fiscalía y mencionar a otros funcionarios y congresistas en su matriz de colaboración, nunca señaló a Trujillo como participante de las irregularidades investigadas. Para la Sala, este hecho reforzó la inexistencia de elementos que permitieran avanzar hacia una investigación formal.El alto tribunal también descartó que la relación política que existió entre Trujillo y Olmedo López cuando este hizo parte de su gabinete en la Alcaldía de Itagüí fuera suficiente para inferir la comisión de un delito. De igual manera, consideró que las visitas del primo del senador a la UNGRD, la afinidad política con el alcalde de Uribia o que una empresa que trabajó para un político cercano al congresista también hubiera contratado con la entidad estatal no constituían, por sí solos, indicios de responsabilidad penal.En sus conclusiones, la Sala sostuvo que la denuncia "no supera el nivel de sospechas o 'pálpitos' del denunciante" y reiteró que en el expediente "no existe evidencia, indicio o prueba alguna" de una acción u omisión del senador que pudiera configurar un delito.Para el senador Trujillo, esta decisión “deja en evidencia una orquestada campaña de desprestigio y difamación por parte de opositores políticos que, al no poder derrotarlo en las urnas, intentaron engañar a la justicia y a los medios de comunicación para dañar su buen nombre”.