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La muerte de Jorge Oñate nos recuerda que no podemos perder la identidad ni olvidar nuestras raíces

Podemos decir que el primer cantor con renombre en el vallenato, fue ‘el Ruiseñor del Cesar’, como se le conocía por su prodigiosa voz, su gran afinación y el sentimiento que transmitía en sus interpretaciones.

Alberto Linero
Alberto Linero
Foto: suministrada

“Yo soy el canto vallenato y vengo de una tierra singular, vengo del mar y la sierra, del desierto y la selva y de un valle de amor, yo soy mestizo y mulato, soy chimila y arahuaco, nieto de un español”… Este verso del maestro Adrián Villamizar retrata bien lo que es esta forma de contar la vida cotidiana de los que nacimos en esa parte del caribe colombiano y que llamamos vallenato.

En esas notas musicales está parte de nuestra identidad, porque plasman nuestros valores, tradiciones, maneras de ver el mundo, de relacionarnos, de celebrar y aún de creer. Como dice la Unesco: "El vallenato desempeña un papel esencial en la creación de una identidad regional común".

Por eso, son tan importantes para nosotros los juglares y los que han sobresalido en este aire musical, razón por la cual la noticia de la muerte de Jorge Oñate genera tanta conmoción en todos los seguidores de la música vallenata.

Muchos dicen que ‘el Jilguero’ inventó el rol de cantante en el vallenato, porque hasta antes de que él grabara con "Los Guatapurí" en 1.968 y con los hermanos López en 1969, normalmente el que ejecutaba el acordeón era al mismo tiempo el cantante.

Pudiéramos decir que el primer cantor con un renombre en el contexto de este género, fue ‘el Ruiseñor del Cesar’, como se le conocía por su prodigiosa voz, su gran afinación y el sentimiento que transmitía en sus interpretaciones. Fue una larga carrera musical en la que grabó más de 48 producciones y en la que hizo muchos éxitos.

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Además de lamentar la partida de este maestro del canto, creo que esta es una oportunidad para cuidar el vallenato en cuanto a expresión de lo que somos, para entender que la parranda, la piquería y las serenatas, expresan lo que vamos viviendo.

Alguna vez escuché a Carlos Vives insistir en que para hacerlo, tenemos que proteger el territorio y las dinámicas de vida que se dan en él, porque son ellas las que permiten esos versos y esas manifestaciones musicales.

No podemos perder la identidad, está bien que estemos abiertos al mundo y que seamos habitantes del planeta, pero no hay que olvidar nuestras raíces, porque terminaríamos sin saber quiénes somos. Me gusta el vallenato porque me gusta mi región y la manera como vivimos. Me niego a dejar de ser “corroncho”, si eso significa olvidarme de mis raíces.

Escuche la reflexión y el análisis de Alberto Linero en Mañanas BLU:

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