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La violencia daña, no corrige: reflexión de Alberto Linero sobre brutal castigo a niño en Pradera

No se tienen hijos para humillarlos, sino para acompañarlos en el proceso de su desarrollo.

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Alberto Linero
Foto: Alberto Linero

El video me impresionó. Un niño caminaba desnudo por las calles de Pradera (Valle) acompañado de un adulto, su padrastro, que le había impuesto ese castigo por sus continuas desobediencias.

Una persona graba mientras increpa al adulto por esta situación. No entro a juzgar al padrastro que impone este castigo, él ha entendido su error y ofreció disculpa; y es tributario de unas formas culturales y de pensamientos que tenemos que erradicar.

Pero sí creo que es oportuno que volvamos sobre el tema de los castigos o las correcciones a los niños.

Hay que dejar claro que ellos son necesarios para nuestro crecimiento e interiorización de las normas y las buenas conductas. Eso no se discute. Lo que vale la pena analizar es el cómo, la manera.

No todos los métodos de castigo son válidos, ni buenos, ni realmente sirven para el libre desarrollo de la personalidad de ese ser humano.

Me niego a aceptar como válido cualquier castigo que incluya alguna manifestación de violencia, física, emocional o psicológica. Pueden decirlo los mayores, algún texto del Antiguo Testamento, algunos que sienten que el “palo” que recibieron de niños los hizo mejores personas, pero estoy seguro que la violencia no corrige, sino que daña.

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¿Cómo entender que la persona que dice amarme es la que más duro y peor me agrede? Si uno sale medio sano de ahí, es por un milagro. Tampoco acepto esas correcciones que agreden la autoestima de los niños, sabemos –con muchos ejemplos cotidianos- la tragedia que ocasiona una baja autoestima en la realización de su proyecto de vida y en las relaciones interpersonales.

No se tienen hijos para humillarlos, sino para acompañarlos en el proceso de su desarrollo. Creo que una buena corrección tiene por lo menos tres características:

1. Es cumplible, esto es, está lejos de toda hipérbole propia de manifestaciones de ira.

No se castiga porque se esté herido u ofendido, sino porque es necesario que ese niño entienda que falló.

2. Está relacionada con la falta y deja clara una lección, ayudando a que el niño o la niña entiendan por qué se le está sancionando.

3. No debe haber dudas de que es un acto de amor.

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Escuche la reflexión de Alberto Linero en Mañanas BLU:

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