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Necesitamos perdonarnos como país, solo así sanaremos el odio y el resentimiento: Alberto Linero

Sentida columna de opinión de Alberto Linero sobre el cara a cara de Ingrid Betancourt con sus antiguos secuestradores de las Farc.

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Alberto Linero
Foto: Alberto Linero

En ocasiones, somos demasiado presurosos al momento de simplificar las experiencias profundas y complejas del alma humana. Una de ellas es el perdón. He escuchado y leído mucho sobre él. Algunos pareciera que lo entendieran como si se tratara de una simple palabra, de un sí o un no.

Este miércoles, después de escuchar a las víctimas, y en especial el discurso de Ingrid Betancourt, quien por muchos años vivió el terror del secuestro, volví a tener el tenor de una experiencia profunda y difícil, que implica movilizar toda nuestra esencia, nuestra autenticidad.

Es difícil pedir perdón, pero quien lo pide, tiene que estar absolutamente consciente de que la respuesta que recibirá de aquel a quien ha lastimado, es un completo regalo que se entrega en libertad. No es una obligación. El otro no está condenado a perdonar, mucho menos a hacerlo de la noche a la mañana sin que haya un proceso para reconocer las heridas y poder cerrarlas.

Hay que aprender a respetar el ritmo de la persona que recibió el daño, hay que tener en cuenta su manera de ver y de sentir el mundo, porque quien está lastimada es esa persona, y en estos casos estoy convencido que no se puede pretender que el otro perdone solo porque lo necesitamos para poder sentirnos libres de culpa.

Yo personalmente creo en la fuerza sanadora que tiene el perdón, creo que aunque es un regalo y no una obligación, quien más gana al perdonar es la persona que lo hace, porque se libera de un peso innecesario del pasado, sin embargo cada quien conoce la profundidad de sus heridas y comprende su proceso.

Creo que necesitamos perdonarnos como país, solo así podremos sanar el odio y el resentimiento que nos ha marcado a lo largo de nuestra historia, y que a veces nos impide ver con esperanza el futuro. Me quedo con este fragmento del discurso de Íngrid Betancourt: “Si los que estamos aquí presentes, hijos de Colombia, marcados en carne viva por el odio, hemos podido escucharnos (…) tratando de liberarnos de las cadenas del rencor y de la venganza, del orgullo y del miedo… si hemos podido escucharnos y hablarnos con todo lo que nos cuesta, entonces podemos decir que el amor es más grande. Que hay esperanza. Y si hay esperanza, hay futuro”. Sí, yo también lo creo.

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Escuche la reflexión de Alberto Linero en Mañanas BLU:

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