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No se puede vivir a la carrera, hay que aprender a hacer pausas: Alberto Linero

Iniciamos lo que tanto hemos llamado “la nueva normalidad”. En este nuevo reiniciar, creo que se hace necesario rescatar la lentitud como una forma de vida.

332511_BLU Radio // Padre Linero // Foto: BLU Radio
BLU Radio // Padre Linero // Foto: BLU Radio

Ahora sí iniciamos lo que tanto hemos llamado “la nueva normalidad”. No se ha acabado la pandemia, no tenemos la vacuna contra el COVID-19, pero estamos volviendo a las rutinas características de nuestras vidas antes del confinamiento, buscando siempre cumplir con todas las medidas de bioseguridad y sabiendo que tenemos que cuidarnos y cuidar a los que amamos. De hecho, este fin de semana volvimos a tener ciclovía en Bogotá y ya reaparecieron los trancones típicos de la Capital. En otras ciudades ya se abrieron algunos restaurantes y se tuvieron experiencias de entretenimiento.

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Y en este nuevo reiniciar, creo que se hace necesario rescatar la lentitud como una forma de vida. No nos desesperemos por vivir como si el tiempo se nos estuviera acabando ya, ni tratemos de tomarnos la botella de la existencia de un solo trago. Es el momento de vivir paso a paso, saboreando cada instante y tratando de aprovecharlo al máximo.
Milán Kundera en su libro La Lentitud propone que: “el grado de lentitud es directamente proporcional a la intensidad de memoria; el grado de velocidad es directamente proporcional a la intensidad del olvido”.

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En este contexto, me llamó la atención el estudio Zhe Pan, de la Universidad Médica de Guangzhou, presentado en el último Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología, sobre la relación entre la siesta y las enfermedades cardíacas. Sabemos cómo este momento de descanso en medio de la jornada laboral regenera fuerzas y despeja la mente, pero el estudio recomienda que siempre sea de menos de 60 minutos, ya que se encontró que las siestas largas, esto es, más de una hora, se asocian con un riesgo del 30 % mayor de muerte por todas las causas y una probabilidad 34% mayor de enfermedad cardiovascular, en comparación con aquellas personas que hacen una siesta corta o simplemente no la hacen.

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El estudio no explica las causas, sólo constata las relaciones que se encontraron entre los 313.651 participantes del mismo. Entiendo que un mundo como el nuestro donde todo gira en torno a la velocidad, a la producción y a la consecución de recursos económicos, la siesta ha sido despreciada. Ahora, más que nunca, es necesario entender que no se puede vivir a la carrera, que toca aprender a hacer pausas y a satisfacer la necesidad fundamental del ocio. Claro, teniendo presente que una siesta debe ser de 15 a 30 minutos máximo.

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Escuche la reflexión y el análisis de Alberto Linero en Mañanas BLU:

 

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