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¿Por qué necesitamos ídolos y encima infalibles? Conmovedora reflexión de Linero sobre Maradona

Creo que esto tendríamos que decirlo más fuerte a ver si dejamos de vendernos esa idea vacía de que los likes, los aplausos, el motón de dinero, la superficialidad de lo vano y la ilusión de lo efímero dan felicidad. Porque eso si es vender humo de verdad.

376331_Alberto Linero // Foto: BLU Radio
Alberto Linero // Foto: BLU Radio

Se calcula que alrededor de un millón y medio de argentinos se agolparon a los alrededores de la Casa Rosada para darle el último adiós a Diego Armando Maradona.

Entre tanto, en la intimidad de los más cercanos se dio el funeral de este icono de la cultura popular de la Argentina. De todas partes del mundo llegaron declaraciones, reacciones, imágenes que mostraban el magnetismo que este ser humano llegó a generar. Una pintura de Diego vestido de cortos en una pared semidestruida de la convulsionada Siria, las bengalas del estadio del Nápoles antes del Partido de la Liga Europa, el hermoso titular del periódico el País de España: "Muere un inmortal" dan cuenta de semejante fuerza de gravedad.

Nos duele a los que amamos el fútbol y a los que amaron al ser humano, pero es esa misma reacción la que puede servirnos para reflexionar por lo menos en dos cuestiones fuertes:

¿Por qué necesitamos ídolos? ¿Por qué convertimos a seres humanos en nuestros héroes de alguna cosa y luego les pedimos que sean infalibles en todo? ¿Por qué les permitimos eso que a nadie más le aprobaríamos? ¿Por qué sus adversarios les cobran a los ídolos ajenos lo que les permiten a los propios? Una sociedad que anormaliza el trato hacia un hombre o una mujer por un talento particular, tiene mucho que pensar cuando ese trato deforma a la persona y su comportamiento se aleja de lo que les pedimos sin dárselo.

La segunda pregunta me surge tras escuchar esa lapidaria respuesta del periodista Julio Chiapetta de El Clarín, cuando ayer nos dijo aquí en BLU radio que “Diego murió de tristeza”.

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El que sabía de fiestas, orgías, de lujos, de los viajes siderales de las drogas, murió de tristeza. El que alcanzó la fama, la gloria, la fortuna, fue vencido al final por una emoción desoladora. Creo que esto tendríamos que decirlo más fuerte a ver si dejamos de vendernos esa idea vacía de que los likes, los aplausos, el montón de dinero, la superficialidad de lo vano y la ilusión de lo efímero dan felicidad. Porque eso si es vender humo de verdad.

Se va entre aplausos y reproches, como víctima y victimario, pero quedamos nosotros, que en una semana seguramente hablaremos de otra cosa, pero difícilmente seremos distintos.

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