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Hay gente con envidia y miedo al éxito ajeno: andan pinchando con aguja los sueños de los demás

Me impactó la historia de la brasileña Rosa Salita, que a los 68 años entró al mundo de las pasarelas y la moda. Tres años después, alcanzó el éxito.

Alberto Linero
Alberto Linero
Foto: Instagram @PLinero

Leí una nota de prensa en la que se contaba la historia de Rosa Saita, ella es una mujer brasileña con raíces japonesas que tiene 71 años, y que ha sobresalido en la historia de la pasarela y la moda, ya que decidió entrar a ese mundo a sus 68 años. La historia me produjo varias reflexiones.

- Siempre es posible conseguir los sueños que se tienen en la vida. Hay que tener objetivos realizables, trabajar duro en las habilidades que nos permitirán conseguirlos y generar las sinergias que ocasionen contextos favorables para ello. Muchos se llenan de resentimiento, amargura y dolor por no realizar sus sueños, pero es que los abandonan muy rápidamente ante las dificultades. Otros tienen metas irracionales e irrealizables, o simplemente, se autosabotean constantemente. Que una mujer a los 71 años pueda ser exitosa como modelo, expresa no solo el autocuidado, sino la resiliencia con la que ha vivido.

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- Siempre se pueden romper esos esquemas que la sociedad intenta imponer. Imagino a más de uno diciéndole a la señora que no podía ser modelo con esa edad, porque siempre hay gente dedicada a destruirle los sueños a los demás; la envidia y el miedo al éxito ajeno, hace que anden con una aguja pinchando sueños sin medir consecuencias.

- Nadie llega al puesto que tiene por arte de magia, sino por un trabajo denodado; muchas veces algunos critican a los que han alcanzado el éxito, olvidando todo lo que han tenido que pasar en el camino hacia conseguirlo. Por ejemplo, en el caso de Rosa, la modelo de la tercera edad, ella tuvo una vida dura, ya que con apenas 22 años empezó a cuidar a su madre, quien quedó postrada. Luego vivió la crianza de tres hijos y en el año 2.000 enviudó. Sin embargo, en medio de ese camino de obligaciones y dificultades, siguió latiendo en su corazón el deseo de vivir su pasión, hasta que lo consiguió.

Leer esta historia me motivó a no desfallecer en mis luchas y a evitar culpar a otros de mis fracasos. Siempre habrá una oportunidad.

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