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Es imposible solucionar el racismo si no aceptamos su existencia: opinión de Alberto Linero

Los insultos a la vicepresidenta Francia Márquez retratan dinámicas racistas que aún subsisten en nuestro país.

Alberto Linero
Alberto Linero
Foto: Instagram @PLinero

En estos días terminé de leer el texto de Roberto Burgos Cantor titulado “La memoria de la Ceiba”; un libro que me impresionó, no solo por sus densos y muy bien construidos párrafos, sino por toda la descripción del dolor de la esclavitud en Cartagena. Por momentos suspendía la lectura y me preguntaba cómo es posible que los seres humanos hayamos sido capaces de despreciar, utilizar y maltratar a otros seres humanos solo por tener un color de piel distinta y costumbres diferentes.

Lo vergonzoso es que todavía hoy siguen haciéndose presentes en el mundo, y para no irnos muy lejos, aquí en Colombia, muchas manifestaciones de racismo; todavía existen algunos seres humanos que se creen superiores a otros y que los desprecian por cosas que son irrelevantes para la dignidad humana, como lo es el color de la piel.

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Por esto, no tengo duda de que el caso del video de la señora que insulta de manera delincuencial a la vicepresidenta Francia Márquez es un retrato de las dinámicas racistas que aún subsisten en nuestro país. Problemática que no vamos a solucionar si no somos capaces primero de aceptar que todavía hay racismo entre nosotros; segundo, de entender que no se puede tolerar bajo ningún tipo de ideología cualquier manifestación que denigre a otro ser humano; y tercero, que necesitamos la generosidad, la empatía y la bondad suficiente para acoger al otro en la diferencia, como un hermano, como alguien con quien podemos construir una mejor sociedad.

Lamento leer comentarios que de alguna manera tratan de justificar o explicar la expresión racista de la señora. Así como me entristece e indigna que algunos sean selectivos a la hora de rechazar estas manifestaciones denigrantes. Tristemente nos estamos acostumbrando a valorar las actitudes y acciones dependiendo de si quien las dice pertenece o no a nuestro grupo ideológico.

Soy negro y un negro muy feliz, uno que no esconde sus características culturales, raciales y sociales; uno que es orgulloso de ser quien es, y que no se siente por ninguna razón moralmente superior a nadie.

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