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Tumbando las estatuas no se borra ni se cambia la historia: Alberto Linero

Es necesario que como sociedad entendamos el rol simbólico de los monumentos, nos tenemos que aproximar a la historia de manera crítica.

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Alberto Linero / Foto cortesía

Tumbar estatuas y monumentos no es una práctica nueva. A lo largo de la historia muchas se han derribado, con motivo de revoluciones, conquistas, cambios de régimen o protestas. Por poner un ejemplo, la dinastía Flavia borró cualquier rastro de Nerón, derruyendo el coloso que lo representaba y su opulenta Domus Aurea.

En el último tiempo, luego de las manifestaciones por el asesinato de George Floyd, se inició un movimiento de protestas que derribaba las estatuas de esclavistas: En Bristol, Inglaterra, derribaron una del comerciante de esclavos Edward Colston, y en Boston una de Cristóbal Colón.

Esta práctica fue asumida por nuestros manifestantes del paro que lleva ya 2 meses. Ya se derribó la de Sebastián de Belalcázar en la ciudad de Cali, y el lunes se derribó la estatua de Cristóbal Colón en Barranquilla. Una escultura ubicada en la plazoleta de la Iglesia Nuestra Señora del Carmen, que fue hecha por Tomagnini de Pietrasanta y fue un obsequ|io de la colonia italiana en 1892, como una simbolización de la contribución de Italia en la conformación de una ciudad, que como dice Harold Ballesteros, fue construida al tenor de los venidos de afuera.

Entiendo que no es fácil explicarle a una turba las razones de los monumentos, ni su valor cultural y patrimonial, pero creo que es necesario que como sociedad tratemos de entender su rol simbólico en nuestra vida cotidiana.

Tumbando las estatuas no se borra ni se cambia la historia. Haciendo juicios con los valores de hoy, corremos el riesgo de no aceptar nada de nuestro pasado, porque siempre encontraremos comportamientos, actitudes y valores que actualmente son despreciados por inhumanos y arcaicos.

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Es cierto que nos tenemos que aproximar a la historia de manera crítica, dejando clara nuestra distancia conceptual y ética con algunas prácticas que en ella se realizaron, pero estoy seguro que no se logra con esa actitud iconoclasta. Se hace ruido y se vuelve noticia, pero no creo que se genere ningún proceso de apropiación de nuevas maneras de ser y de estar desde nuestra identidad y memoria.

Por eso, creo con el historiador Alfredo González-Ruibal que “lo más adecuado sería que se formaran comisiones integradas por varios tipos de expertos, las administraciones y los colectivos implicados, y se tomara la decisión al respecto; pero cuando se habla de temas tan sensibles desde un punto de vista político y tan mediatizados, eso es muy difícil”. Algunas veces el ruido puede más que la sensatez.

Escuche la reflexión de Alberto Linero en Mañanas BLU:

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