En medio de la contienda por la gran consulta de la centro-derecha, una figura ha cobrado relevancia silenciosa pero determinante en el entorno de Mauricio Cárdenas: su esposa, Cristina Fernández Mejía. Economista, doctora en la materia por la Universidad del Rosario y profesora universitaria, Fernández no solo acompaña al candidato en tarima, sino que también incide en los contenidos y enfoques de su discurso.
En entrevista con Mañanas Blu 10:30, Fernández dejó claro que su papel trasciende el apoyo emocional. “Claro que sí”, respondió cuando se le preguntó si influye en las decisiones y posturas del exministro. Su especialidad es la informalidad laboral, un tema estructural en la economía colombiana, y desde allí —según explicó— ha buscado incorporar propuestas concretas en la agenda de campaña.
Uno de los debates recientes ha sido el aumento del salario mínimo del 23%. Para la académica, la discusión no puede centrarse en reversar decisiones ya tomadas. “Una vez aumentado el salario no se le puede rebajar a los trabajadores”, afirmó. Sin embargo, advirtió que hacia adelante se deben evitar sorpresas para los empresarios, quienes proyectan costos laborales con anticipación. En su visión, el reto está en generar reglas claras y previsibilidad.
Pero es en la informalidad donde Fernández marca mayor distancia frente a algunos sectores académicos. Aunque hay quienes defienden que el camino es fortalecer grandes empresas que absorban empleo informal, ella considera que “eso no se da tan fácil y no se da orgánicamente”. Su apuesta está en fortalecer al trabajador por cuenta propia, mejorar su productividad e impulsar mecanismos como el monotributo para facilitar su inserción formal en la economía.
Ese enfoque también ha permeado el documento programático de la campaña. La propia Fernández reconoce que, además de acompañar a Cárdenas en actividades como el volanteo —“ya soy experta”, dijo entre risas—, también ha escrito artículos y aportado en la construcción de propuestas sobre pequeñas empresas e informalidad.
El respaldo no ha sido solo técnico. En los momentos en que la consulta era vista por algunos como el “club del 1%”, Fernández insistió en que su esposo debía perseverar. Destacó su capacidad para unir sectores políticos que antes parecían irreconciliables, incluidos quienes trabajaron en gobiernos distintos y enfrentados. “No era tan fácil”, subrayó, al referirse al trabajo de filigrana que implicó consolidar esa alianza.
En lo personal, reconoce que no es sencillo “tener un marido candidato”. La exposición pública, los tiempos familiares y la presión constante forman parte del paquete. Sin embargo, también reivindica el ejemplo que, según dice, sus hijas ven en su padre: la persistencia frente a la adversidad.
Sobre una eventual llegada a la Casa de Nariño, Fernández no descarta asumir un rol activo, especialmente en temas de microempresas e informalidad, aunque insiste en que no abandonaría del todo la academia. “Uno tiene una responsabilidad”, aseguró, al señalar que el poder de convocatoria de una primera dama no puede desperdiciarse.
Así, entre ecuaciones que —según aclara— no dominan las conversaciones cotidianas en casa y jornadas de campaña que exigen paciencia, Cristina Fernández se consolida como una pieza clave en la estrategia de Mauricio Cárdenas.