Con más de 250.000 ciudadanos venezolanos, Medellín se consolida hoy como la segunda ciudad de Colombia con mayor población migrante proveniente de Venezuela. Detrás de esa cifra hay historias atravesadas por la precariedad, el miedo y la incertidumbre frente al futuro, en medio de un contexto político que sigue generando desconfianza entre quienes salieron del país.
Blu Radio conoció el caso de una familia venezolana conformada por dos adultos y dos menores, que sobrevive con lo básico en la capital antioqueña. Pese a los recientes acontecimientos políticos en Venezuela, aseguran que no se sienten seguros para regresar.
Entre paredes vacías y miradas cansadas transcurre su día a día. Duermen sobre colchones en el piso y administran cada comida para resistir la jornada. Es el reflejo más crudo de una migración que no solo se mide en cifras, sino en carencias, sacrificios y una lucha constante lejos de casa.
“Uno no se siente bien. Incluso he tenido sentimientos de que estorbo, de que soy una carga más para esta nación. Solo queremos trabajar y seguir luchando por la libertad de Venezuela”, relató la mujer migrante, de 37 años.
La entrevistada prefirió no mostrar su rostro. Parte de su familia permanece en Venezuela y, según cuenta, existen amenazas contra quienes hablan públicamente del régimen: “Tengo familia allá y ellos me pidieron que no hablara. Hay mucha represión. A veces uno cree que al salir es libre, pero no, no somos libres”, afirmó.
La mujer es enfermera de profesión y salió de Venezuela hace un año, en medio de las elecciones de 2024, aferrada a la esperanza de un cambio político. Reconoce que, pese a las dificultades, en Medellín al menos logra alimentar a su familia con dignidad.
Las cifras, sin embargo, evidencian una realidad más compleja. Según datos de Medellín Cómo Vamos, en la ciudad viven más de 250.000 venezolanos y cerca del 60 % sobrevive en condiciones de extrema pobreza.
“En Venezuela ganaba 130 bolívares al mes como enfermera. Acá me siento bendecida, por lo menos me alcanza”, explicó.
“Allá ni siquiera teníamos para carne. Tenía que ingeniármelas para alimentar a mis hijos. Acá nos estiramos, pero comemos”, añadió.
Pese a la captura de Nicolás Maduro, esta familia no confía en la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, y teme que se mantenga la continuidad del mismo modelo político.
“No es lo que esperábamos. No nos sentimos seguros. Queremos una transición real, queremos a María Corina. Mira las condiciones en las que te doy esta entrevista: eso no representa libertad”, expresó.
Actualmente, la mujer trabaja como cuidadora de adultos mayores, con ingresos que dependen de llamados ocasionales. Aun así, no se rinde. Cada día lucha por su familia y se aferra a un sueño que la mantiene en pie: volver algún día a Venezuela, reencontrarse con lo que dejó atrás y comenzar de nuevo en su tierra.