El Hospital Internacional de Colombia (HIC), en Piedecuesta, realizó su primera cirugía de estimulación cerebral profunda para tratar un caso de depresión refractaria, una condición en la que los pacientes no presentan una respuesta suficiente a los tratamientos convencionales.
El procedimiento fue practicado a Ronald Rodríguez, quien desde la adolescencia experimentaba problemas de salud que, con el paso de los años, derivaron en un trastorno ansioso-depresivo diagnosticado en 2012. Durante ese tiempo recibió tratamientos psiquiátricos con medicamentos y estimulación magnética transcraneal, pero no consiguió una mejoría sostenida.
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Ante la falta de respuesta a estas alternativas, un equipo interdisciplinario del HIC evaluó su caso y determinó que podía ser candidato a una psicocirugía mediante estimulación cerebral profunda, una técnica que busca modificar la actividad de determinadas redes neuronales.
El neurocirujano Iván Freire, quien estuvo a cargo de la intervención, explicó que la cirugía consiste en implantar electrodos de aproximadamente 1,2 milímetros de diámetro en zonas específicas del cerebro. Estos dispositivos se conectan mediante cables a un generador de impulsos eléctricos ubicado debajo de la piel, generalmente cerca de la clavícula.
Los impulsos permiten modular la actividad de los circuitos cerebrales relacionados con la regulación del estado de ánimo. Además, la intensidad y los parámetros de estimulación pueden ajustarse de manera externa, de acuerdo con la evolución y las necesidades de cada paciente.
El especialista aclaró que no se trata de un procedimiento estándar para todas las personas, sino de un tratamiento personalizado que requiere una selección rigurosa de los pacientes y seguimiento médico permanente.
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De acuerdo con el neurocirujano, se estima que entre el 10% y el 15% de las personas con depresión podrían presentar características de refractariedad e incapacidad asociadas a una respuesta insuficiente a los tratamientos.
En estos casos, la estimulación cerebral profunda puede considerarse como una alternativa terapéutica, aunque no constituye un tratamiento inicial ni representa una cura para la enfermedad. Los pacientes deben continuar con sus medicamentos, controles psiquiátricos y ajustes de estimulación.
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Aunque el HIC tiene experiencia en la aplicación de esta tecnología para tratar trastornos del movimiento y epilepsia, esta es la primera vez que la institución la utiliza para un paciente con depresión refractaria.
Varios meses después de la intervención, Ronald Rodríguez asegura que ha experimentado cambios en su motivación y en su capacidad para retomar actividades cotidianas que antes le resultaban difíciles.
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Volver a trabajar con mayor disposición, salir a caminar con amigos e ir al cine son algunas de las actividades que ha comenzado a recuperar.
El paciente reconoce que su evolución no ha sido lineal, pero considera que el procedimiento representa una nueva oportunidad para mejorar su calidad de vida.
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“Lo más importante es agotar todas las posibilidades, tocar puertas nuevas que quizás no se han tocado, porque detrás de ellas puede haber muchas opciones para encontrar mejoría”, expresó.
Con esta intervención, el Instituto Neurológico del HIC amplía su experiencia en neurocirugía funcional e incorpora una nueva alternativa para pacientes con cuadros complejos de depresión que no han conseguido resultados satisfactorios con las terapias habituales.