Santander alberga uno de los fenómenos sísmicos más singulares del planeta. A unos 140 kilómetros de profundidad bajo la superficie se encuentra el Nido Sísmico de Bucaramanga, una zona donde se concentra de manera recurrente una gran cantidad de terremotos de profundidad intermedia.
Ahora, una investigación desarrollada por la Universidad Industrial de Santander (UIS) aporta nuevas evidencias para comprender por qué estos movimientos telúricos se producen de manera tan frecuente y en un espacio relativamente reducido.
El estudio fue realizado por Carlos A. Vergara, egresado de la Maestría en Geofísica de la UIS; Manuel A. Flórez, profesor de la Escuela de Física de la UIS, y Germán Prieto, profesor de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá.
Los investigadores analizaron durante seis años, entre 2016 y 2021, los registros y localizaciones de más de 32.000 sismos. A partir de la distribución de estos terremotos lograron reconstruir indirectamente la forma de la placa tectónica que se encuentra bajo el noroccidente de Suramérica.
Una de las zonas sísmicas más particulares del planeta
El Nido Sísmico de Bucaramanga es considerado una de las concentraciones de terremotos de profundidad intermedia más activas del mundo. Su particularidad está en que los movimientos se presentan de forma persistente, en una zona relativamente pequeña y a profundidades que hacen imposible observar directamente las estructuras geológicas involucradas.
Según los investigadores, solo existen otros dos fenómenos comparables identificados en el planeta: uno bajo Rumania y otro bajo Afganistán.
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Durante décadas, científicos han intentado determinar qué condiciones geológicas hacen que esta región de Santander concentre una actividad sísmica tan particular.
La nueva investigación apunta hacia la geometría de la placa tectónica que se encuentra bajo la región.
Las placas que se hunden hacia el interior de la Tierra no necesariamente mantienen una trayectoria completamente plana. Durante el proceso conocido como subducción, pueden doblarse, cambiar de dirección y deformarse a medida que avanzan hacia mayores profundidades.
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Precisamente, los investigadores encontraron evidencias de cambios importantes en la geometría de la placa bajo Santander, especialmente en las proximidades del Nido Sísmico.
Los terremotos como un mapa de las profundidades
Ante la imposibilidad de observar directamente una estructura localizada a más de 100 kilómetros bajo tierra, los sismos se convierten en una herramienta para estudiar el interior del planeta.
En este caso, la ubicación precisa de más de 32.000 terremotos permitió a los investigadores utilizar su distribución como una especie de “mapa indirecto” de la placa tectónica.
Los resultados muestran una estructura compleja, conformada por dos grandes segmentos de placa.
De acuerdo con el estudio, cerca del Nido Sísmico la placa cambia su dirección horizontal y, aproximadamente a partir de los 125 kilómetros de profundidad, comienza a presentar una inclinación considerablemente mayor.
El Nido Sísmico de Bucaramanga se encuentra justamente en esta zona de transición, donde la placa estaría experimentando deformaciones en diferentes direcciones.
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Para los científicos, esta configuración podría favorecer la concentración de esfuerzos dentro de la placa y contribuir a explicar por qué la actividad sísmica se mantiene de manera persistente en esta zona del territorio santandereano.
Una placa que cambia de dirección
La principal hipótesis planteada por la investigación es que los cambios en la geometría de la placa generan condiciones que favorecen la acumulación de tensiones en su interior.
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En términos sencillos, una estructura que se hunde y que simultáneamente debe cambiar de dirección y aumentar su inclinación puede experimentar mayores niveles de deformación precisamente en las zonas donde ocurren esas modificaciones.
Bajo esta interpretación, el Nido Sísmico estaría localizado en uno de los puntos más complejos de la placa tectónica, donde los cambios en su geometría podrían contribuir a concentrar esfuerzos y generar terremotos de manera recurrente.
Además, la distribución de los movimientos telúricos aporta otro elemento clave: la actividad sísmica mantiene una continuidad que, según los investigadores, no sería la esperada si la placa estuviera completamente desgarrada o si existiera una colisión claramente definida entre dos placas diferentes.
Esto refuerza la posibilidad de que el fenómeno esté relacionado con una deformación y flexión tridimensional de la placa, más que con una ruptura completa de esta estructura.
La investigación también amplía la mirada sobre el comportamiento sísmico de la región.
Los científicos identificaron cinco grandes concentraciones de sismos de profundidad intermedia dentro del sistema regional de subducción. Una de ellas corresponde al Nido Sísmico de Bucaramanga.
Las demás agrupaciones presentan menor tamaño y una actividad menos intensa, pero su existencia plantea una posible relación entre la concentración de terremotos y los cambios en la geometría de la placa que se hunde bajo esta parte de Suramérica.
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De esta manera, el Nido Sísmico de Bucaramanga podría no ser una anomalía geológica completamente aislada, sino la expresión más activa y evidente de un proceso tectónico que ocurre a una escala mucho mayor.
El estudio de la UIS, además de aportar nuevas pistas sobre uno de los fenómenos sísmicos más particulares del planeta, permite avanzar en el conocimiento de lo que ocurre a cientos de kilómetros bajo Santander, una zona donde miles de terremotos han convertido al departamento en un laboratorio natural para la investigación del interior de la Tierra.