Los trabajos para estabilizar la vía Bucaramanga–Bogotá en el sector de Pescadero, donde la socavación del río Chicamocha provocó la pérdida de banca en el kilómetro 53, mantendrán restringido durante varios meses el paso de vehículos de carga de más de 3,5 toneladas.
Mientras avanza la atención de la emergencia, Invías recomendó utilizar la Transversal del Carare como corredor alterno para conectar el centro del país con Santander, Norte de Santander y la Costa Atlántica.
La decisión fue socializada durante una reunión entre funcionarios del Instituto Nacional de Vías, transportadores, comunidades, y la Gobernación de Santander, en la que se informó que la recuperación definitiva del tramo podría tomar cerca de 10 meses, debido a la complejidad de la intervención.
Oscar Hernández secretario del interior del deparamento afirmó: "Se advierte del compromiso del Invías de los trabajos en este corredor y toda la constitucionalidad hacemos el debido acompañamiento".
En el sitio ya se ejecutan obras de mitigación por parte del contratista Mario Huertas, mientras se adelantarán estudios técnicos que definirán la solución definitiva para recuperar la movilidad por este corredor estratégico entre Santander y el centro del país.
De acuerdo con lo expuesto durante la reunión, los estudios tardarán aproximadamente dos meses y permitirán escoger entre dos alternativas: instalar un puente militar provisional para habilitar el paso mientras se desarrollan las obras de fondo, o estabilizar el terreno mediante la ampliación de la ladera para reconstruir la banca afectada.
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Con la restricción vigente para el transporte pesado, los vehículos de carga deberán desplazarse por la Transversal del Carare (Ruta Nacional 62).
El recorrido inicia en Bogotá y continúa por Tunja, Barbosa, Vélez, Landázuri y Puerto Araujo, donde conecta con la Troncal del Magdalena para seguir hacia Aguachica y desde allí continuar hacia la Costa Caribe o enlazar con Norte de Santander.
Este corredor absorberá buena parte del tráfico de tractocamiones mientras permanezcan las restricciones en el sector de Pescadero. La utilización de esta ruta implica un recorrido considerablemente mayor para el transporte de carga.
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Mientras la vía habitual entre Bucaramanga y Bogotá tiene una longitud cercana a 620 kilómetros, el trayecto por la Transversal del Carare alcanza aproximadamente 1.200 kilómetros, lo que representa un incremento en tiempos de operación, consumo de combustible y costos logísticos para el sector transportador.
Pese a ello, las autoridades consideran que es el corredor más seguro para garantizar la movilidad de carga mientras avanzan las obras que buscan restablecer completamente el tránsito por el kilómetro 53 de la vía Bucaramanga–Bogotá.