La música transforma cárceles en escenarios de segundas oportunidades
Los talleres culminan en una gran final donde se seleccionan los mejores participantes no solo por su talento, sino también por su disciplina y compromiso.
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En medio del concreto y los barrotes, un acorde se convierte en esperanza. La Fundación Mambart ha logrado lo que muchos consideran imposible: transformar los centros penitenciarios de Bogotá en escenarios de creación artística y resocialización mediante la música. Con presencia en la Cárcel Distrital, La Modelo y El Buen Pastor, esta organización ha impulsado talleres musicales que no solo revelan talentos ocultos, sino que también devuelven la ilusión de una nueva vida a personas privadas de la libertad.
“A través de la música y de nuestro taller en Mambart han encontrado una segunda oportunidad… no necesariamente para ser artista, sino también para encontrar a través del arte una resocialización”, explicó Juan Palau, cofundador de la fundación y reconocido artista colombiano.
El proyecto, que surgió de una presentación espontánea en la Cárcel Distrital, encontró un semillero inesperado de talento. “Cuando fuimos a dar el show lo que nos encontramos fue que ellos, además de recibir nuestro show, nos querían dar su arte y expresar su arte”, relató Sebastián, otro de los fundadores. Este momento dio pie a una iniciativa estructurada que, hoy, impacta a más de 100 internos.
Los talleres culminan en una gran final donde se seleccionan los mejores participantes no solo por su talento, sino también por su disciplina y compromiso. “La música no es solo talento, es trabajo, es cumplir una rutina”, señala Palau. A los ganadores se les graba una canción profesional, con videoclips producidos en la misma cárcel, en alianza con la Cámara de Comercio de Bogotá.
El impacto ha sido profundo, no solo en los participantes, sino también en los docentes y organizadores. “Hay que ir convenciendo y enamorando poco a poco. Para los profes y para nosotros es un reto muy bonito romper esa cuarta pared”, expresó Palau, destacando que muchos internos han expresado por primera vez su deseo de cambiar de vida.
Una de las historias más significativas es la de Ángel, un exinterno que tras su liberación cantaba en el TransMilenio y hoy es coordinador de clases en la fundación. "Está viendo como ese cambio que él siempre soñó… gracias a la música", contó Sebastián emocionado.
Actualmente, la fundación busca expandir su labor a más centros penitenciarios, como La Picota, y a otras regiones del país. “El plan ha sido expandir el proyecto y llevar todas estas segundas oportunidades a todos los rincones de Colombia”, señalaron, haciendo énfasis en la importancia de impactar también a mujeres privadas de la libertad, considerando su doble carga emocional y familiar.
Además, los organizadores han abierto canales para que cualquier persona pueda colaborar, ya sea con aportes económicos, donaciones en especie o compartiendo su conocimiento como voluntarios.
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“Estamos recibiendo apoyo de todo tipo. Mucha gente cree que el arte puede transformar vidas… y eso es lo que queremos seguir demostrando”, concluyen.