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Más de 80 años protegiendo sueños: la historia de la Casa de la Madre y el Niño en Colombia

La organización, conocida por proteger a miles de niños y niñas en situación vulnerable, ha transformado la vida de más de 20.000 colombianos.

Más de 80 años protegiendo sueños: la historia de la Casa de la Madre y el Niño en Colombia
Más de 80 años protegiendo sueños: la historia de la Casa de la Madre y el Niño en Colombia
Foto: redes sociales

La Fundación Casa de la Madre y el Niño cumple 83 años de trabajo en Colombia. Fundada en 1942 por María Escobar López, nació como una respuesta a la falta de estructuras institucionales que garantizaran un entorno familiar a los niños y niñas en situación de abandono.

En entrevista con Blu Radio, Lorena Vargas Escobar, directiva de la institución, explicó los orígenes, evolución, logros y desafíos de esta organización dedicada a la protección de la infancia.

“La Casa fue fundada en 1942, incluso antes que el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), para encontrarle un hogar a niños que en la época eran entregados a la Beneficencia de Cundinamarca”, indicó Vargas. En ese entonces, explicó, los menores sin cuidados parentales quedaban bajo el cuidado del Estado, sin mayores oportunidades de desarrollo personal ni familiar. La fundadora, María Escobar López, impulsó la idea de la adopción como una alternativa para brindarles a estos niños una familia.

Según relató Vargas, Escobar López entendía que había personas deseando ser padres y niños sin familia, pero que la figura de la adopción no era comúnmente discutida ni aceptada. “Hablar de la niñez desprotegida o de la adopción era casi un tabú”, señaló. Esta visión condujo a la creación de una institución cuyo objetivo principal era facilitar la vida en familia a menores en estado de vulnerabilidad.

Durante más de ocho décadas, La Casa ha transformado la vida de más de 20.000 niños, niñas y adolescentes con derechos vulnerados. “De ellos, 10.000 han sido adoptados alrededor del mundo”, afirmó Vargas. Además, señaló que otros 11.515 menores han sido atendidos por la fundación, con una mayoría que ha sido reunificada con sus familias biológicas.

Actualmente, explicó, cerca de 460 menores son atendidos anualmente en las distintas líneas del programa: adopción, reunificación, hogares sustitutos y acogimiento familiar.

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La institución ha desarrollado nuevos programas en función de las necesidades actuales. “Hoy, 7 de cada 10 niños que entran a la institución son reunificados con sus familias biológicas”, afirmó Vargas. Esto ha dado lugar al desarrollo de un programa de reunificación familiar que, según dijo, es el primero y único en Colombia en su tipo.

“Mediante este programa fortalecemos los vínculos familiares, brindamos apoyo psicosocial y hacemos seguimiento por un año para verificar que los derechos de los menores no sigan siendo vulnerados”, añadió.

La Casa también opera tres sedes adicionales:

  • Casa Imagina, donde se ha acompañado a más de 700 NNA con necesidades especiales, que han participado en un programa de acogimiento temporal en el extranjero.
  • Casa Sueños, que alberga a 24 jóvenes entre los 18 y 23 años que crecieron bajo protección estatal y no fueron adoptados ni reunificados. Allí se les apoya para que puedan acceder a estudios superiores.
  • Casa María, enfocada en mujeres con embarazo en conflicto, muchas de ellas víctimas de violencia sexual. “Hemos protegido y respaldado a más de 3.000 mujeres”, dijo Vargas, y explicó que el apoyo incluye atención médica, psicosocial, nutricional y capacitación en habilidades productivas.

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En 2021, la fundación también creó un programa de hogares sustitutos. “En promedio a un juez de familia o defensor le toma entre 6 a 12 meses definir la situación jurídica del menor. Mientras tanto, buscamos una familia temporal para evitar que el niño crezca institucionalizado”, señaló Vargas. Cada mes, unos 35 menores participan en este programa.

Lorena Vargas Escobar mencionó varios desafíos estructurales. En primer lugar, la limitación presupuestal. “Los recursos asignados por el ICBF no alcanzan para brindar atención personalizada a cada menor”, indicó.

La Casa cuenta con un cuidador por cada 10 niños y un profesional de salud mental por cada 15, además de un equipo interdisciplinario conformado por nutricionistas, psicólogos, pediatras, terapeutas, docentes y otros profesionales.

Otro reto es la complejidad de los casos que reciben. “Cada día nos encontramos con menores que presentan múltiples afectaciones: abandono familiar, violencia, consumo de sustancias, pobreza extrema y escolaridad interrumpida”, explicó Vargas.

Añadió que muchos llegan con historias de trauma no tratadas y enfermedades crónicas derivadas de negligencia. También se enfrenta a la burocracia estatal.

Según Vargas, los trámites administrativos para definir la situación jurídica de los NNA suelen ser extensos. “Las decisiones pasan por múltiples niveles del gobierno, lo que genera demoras grandes”, sostuvo. Incluso mencionó que los procesos internacionales de adopción se ven afectados por retrasos en países como Estados Unidos, donde trámites como los formularios I-800A y I-800 pueden tardar hasta 9 meses.

La Casa mantiene una red de apoyo con más de 40 voluntarios, así como con empresas, organismos internacionales y personas particulares. Vargas informó que la ciudadanía puede colaborar a través de donaciones en especie, monetarias o con tiempo y talento, y que toda la información está disponible en su sitio web oficial.

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Respecto al papel que la sociedad colombiana debe desempeñar, Vargas enfatizó la importancia de la prevención y la denuncia. “Debemos promover entornos seguros y romper el silencio frente a la violencia”, dijo. Agregó que también se requiere veeduría ciudadana frente a la gestión estatal de los recursos destinados a la infancia.

La visión a futuro de la fundación es continuar como organización líder en la restitución de derechos de niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad, desarrollando modelos de atención que puedan ser replicados a nivel nacional y regional.

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