La reflexión dominical de monseñor Rafael de Brigard nos invita a reencontrarnos con la Palabra de Dios como fuente de paz, esperanza y sentido. A partir del Salmo 145 y del Evangelio de las Bienaventuranzas (Mt 5,1-12), subrayó que “el Señor mantiene su fidelidad perpetuamente” y que la fe no es refugio para evadir la realidad, sino fuerza interior para caminar con Dios en medio de las fragilidades humanas. Reconocerse creyente —afirmó— es saberse “pensado por Dios, querido y sostenido por su gracia”.
Monseñor explicó que las Bienaventuranzas constituyen el núcleo del Evangelio y describen, ante todo, el corazón mismo de Jesús, pero también el del verdadero discípulo. “Estamos en la nuez de la enseñanza de Jesucristo”, dijo, recordando que este mensaje rompe las lógicas del mundo y propone un camino nuevo donde los pobres, los mansos, los que lloran y los que buscan justicia son declarados bienaventurados.
Finalmente, el prelado exhortó a vivir una fe que incomoda y moviliza, no una que tranquiliza conciencias. “El cristianismo no es para tranquilizar, sino para intranquilizar, para conmover y suscitar energías a favor de los demás”, afirmó, invitando a llevar misericordia, justicia y esperanza a los territorios más heridos de la humanidad.
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