En su reflexión dominical, monseñor Rafael de Brigard invitó a los oyentes a comenzar el día “en Dios, pensando en Él, buscándolo a Él”, recordando que la fe se cultiva en el silencio, la oración y la escucha atenta de la Palabra. Inspirado en el Salmo 26, proclamó: “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?”, subrayando que la vida espiritual auténtica conduce a la confianza, la esperanza y la santidad. Para el prelado, estos espacios de encuentro con Dios fortalecen el alma y orientan el corazón hacia el camino de la gracia.
Al meditar el Evangelio de Mateo, monseñor destacó el llamado de Jesús a los primeros discípulos a orillas del lago de Galilea, cuando les dijo: “Síganme y los haré pescadores de hombres”. Resaltó que Cristo entra en la vida cotidiana, en el trabajo y en las ocupaciones humanas, para transformarlas en lugar de salvación. “El seguimiento de Cristo siempre pide dejar atrás realidades importantes”, afirmó, no porque sean malas, sino porque Dios debe convertirse en “el gran tesoro, la perla escondida” que da sentido pleno a la existencia.
Finalmente, recordó que Jesús no solo enseñaba, sino que también sanaba, mostrando que la cercanía con Dios restaura integralmente al ser humano. “La relación con Cristo sana la vida, cura la vida, restaura la vida”, expresó, invitando a comprender la fe como fuente de salud espiritual, esperanza y alegría. Concluyó animando a los fieles a acercarse a Dios con confianza, seguros de que en Cristo encuentran vida plena, misión y salvación.
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