"Síndrome del impostor": por qué muchas personas no reconocen ni valoran sus propias habilidades
Xavier Pirla, escritor y master trainer en programación neurolingüística, explicó por qué muchas personas no reconocen sus habilidades, cómo funciona el síndrome del impostor y las afectaciones en la vida profesional de quienes lo padecen.
El talento no siempre se traduce en resultados. En muchos casos, habilidades valiosas pasan desapercibidas o se desperdician por falta de disciplina, constancia o reconocimiento propio, una situación frecuente en contextos donde el incumplimiento termina neutralizando incluso a las personas más capaces.
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Foto: pexels
Xavier Pirla, escritor y master trainer en programación neurolingüística, explicó que una de las principales razones es que las habilidades naturales tienden a normalizarse. Aquello que una persona hace con facilidad suele percibirse como común, lo que lleva a restarle valor y a asumir que cualquiera podría hacerlo igual.
Esa percepción se refuerza desde la infancia. Cuando el entorno familiar no reconoce una habilidad —o la juzga irrelevante frente a modelos tradicionales de éxito—, muchas personas aprenden a esconder aquello que las diferencia.
Con el tiempo, esa desconexión genera rechazo hacia el propio talento y decisiones profesionales que responden más a expectativas externas que a capacidades reales.
Reconocer sus propias habilidades
La dificultad para cobrar por el propio trabajo aparece como una consecuencia directa de ese proceso. Si una habilidad se considera “normal”, asignarle un valor económico resulta incómodo.
Mujer exitosa, referencia.
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Para Pirla, el problema no está en el precio sino en no dimensionar el beneficio que esa capacidad genera en otros. El valor no se define por el esfuerzo interno, sino por el impacto externo.
La comparación cumple un papel clave en esa comprensión. Contrastar el desempeño propio con el de otras personas que hacen lo mismo permite establecer niveles de dominio y referencia. Sin contraste, el valor se diluye; con contraste, se vuelve evidente.
El reconocimiento vs. el síndrome del impostor
El experto señaló que, detrás de la falta de reconocimiento personal, aparece con frecuencia el llamado síndrome del impostor, que altera la forma en que las personas se perciben a sí mismas y, por ende, minimizan sus talentos.
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El síndrome del impostor aparece cuando una persona minimiza sus capacidades y atribuye sus logros a la suerte o a factores externos. Según explicó Pirla, este fenómeno se refuerza porque las personas tienden a idealizar a los demás y a juzgarse con mayor dureza a sí mismas. Mientras los errores propios se magnifican, las habilidades ajenas se perciben como completas y sin fallas.
Esta comparación desequilibrada, explicó, impide reconocer el valor real del propio trabajo. Al no verse con la misma objetividad con la que se evalúa a otros, el talento se percibe como insuficiente, lo que alimenta la inseguridad, frena decisiones profesionales y refuerza la idea de no estar a la altura, incluso cuando existen resultados concretos que demuestran lo contrario.