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La desesperanza de enterrarse vivo, la historia de pobreza de Luis Miguel López

“Aquí no contamos con servicios públicos legales de agua, luz y gas", es uno de los duros relatos.

En la localidad de Usme, Bogotá, hay un barrio informal llamado Tocaimita. En él habitan siete comunidades indígenas y algunas personas que pertenecen a la comunidad afro. Los habitantes desde este barrio aseguran que llevan 35 años tratando de que los reconozcan y lo legalicen. En parte, debido a las difíciles condiciones en las que viven, pues no cuentan con todos los servicios básicos.

Aquí no contamos con servicios públicos legales de agua, luz y gas; nosotros cocinamos a leña y el agua llega solamente en la mañana y en la noche”, aseguró Avelino Capaz, un habitante del barrio y líder de la comunidad indígena nasa.

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En este barrio vive Luis Miguel López, un señor de 73 años que decidió enterrarse este lunes debido a algunos problemas económicos y tras el robo de más de tres millones de pesos debido a la situación de seguridad que se vive en el barrio. Con esos recursos el señor Luis Miguel tenía pensado empezar un negocio para poder buscar una solución a la crisis económica.

Él vive con su hijo que lo acompañó las dos veces que decidió enterrarse y coserse la boca. La primera fue el lunes y la segunda este martes.

María Helena Herrera es su vecina y explica que “él dijo que se sentía con mucha hambre y mucha pobreza; su hijo tiene esposa, tiene hijos y no veía la forma de ellos trabajar”.

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El lunes, después de más de 12 horas de estar enterrado, lo llevaron al hospital y le dieron de alta en la madrugada del martes, sin embargo, decidió volver a enterrarse.

“Vino otra vez la Alcaldía y se lo llevaron en la ambulancia y hasta el momento no ha regresado. Sus amigos y la familia se lo llevaron para que esto no vuelva a pasar”, explicó María Helena.

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Los habitantes de este barrio insisten en que se sienten abandonados por el Gobierno y dicen que sin la legalización no podrán tener los servicios básicos, pues explican que el desespero del señor Luis Miguel es el mismo que sienten algunos de los habitantes de Tocaimita; muchos de ellos que han llegado desde diferentes zonas del país desplazados por la violencia.

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