Lecciones del Plebiscito: editorial de Ley del Montes
Editorial de Óscar Montes en Vive Barranquilla.
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La consulta popular del pasado domingo, que sirvió para que los colombianos negaran el llamado Acuerdo Final de Paz entre el Gobierno y las FARC, dejó varias lecciones que debemos aprender a la hora de dirimir nuestras diferencias políticas.
La primera de ellas es una de las reglas de oro el sistema democrático: en toda contienda electoral siempre habrá vencedores y vencidos. Los primeros ganan y los segundos pierden. Así de simple. Unos y otros se someten a la voluntad del pueblo, que es quien decide la suerte de cada uno de ellos, mediante el voto independiente y autónomo.
En el caso del Plebiscito de La Paz ganó el NO por estrecho margen. Ello significa que los colombianos rechazaron la negociación entre el Gobierno y las FARC en La Habana, que quedó plasmada en el Acuerdo Final.
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Tanto el Gobierno, que promovió el SÍ, como el Centro Democrático, que lideró el NO, admitieron públicamente el resultado final. Lo propio hicieron los jefes de las FARC desde La Habana. Las tres partes expresaron su voluntad de insistir en la búsqueda de una salida política al conflicto armado que se libra en Colombia desde hace más de 50 años.
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Es decir, la derrota del SÍ no significó el rompimiento de las negociaciones, ni mucho menos el escalamiento de la guerra, como pregonaron durante la campaña los promotores del SÍ. El duro y sorpresivo revés fue asimilado con altura y madurez política, tanto por el presidente Juan Manuel Santos, como por el jefe de las FARC, Rodrigo Echeverry Londoño. El jefe opositor Álvaro Uribe también hizo un llamado a continuar la negociación, pero con otras condiciones.
La respuesta no podía ser distinta. Los logros alcanzados hasta la fecha -después de cuatro años de intensa negociación- no pueden echarse por la borda. La derrota del SÍ no significa -¡ni más faltaba!- que estamos condenados a seguir matándonos entre nosotros. Significa que la negociación debe replantearse.
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Pero la gran lección que debemos aprender los colombianos del Plebiscito del pasado domingo es que -por muy profundas que sean nuestras diferencias políticas- siempre habrá espacio para el diálogo civilizado y para el debate con altura, a partir del respeto por las ideas de los contrarios.
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El llamado es a promover la tolerancia y la prudencia a la hora de controvertir nuestras ideas. La descalificación del contrario y el uso de la ofensa, o de la agresión verbal, son recursos que en nada contribuyen a la reconciliación que tanto necesita el país. Todo lo contrario: dejan profundas heridas que resultan muy difíciles de cicatrizar.
De manera que unos y otros -ganadora y perdedores- deberán hacer grandes esfuerzos que nos permitan -entre todos los colombianos- encontrar la tan anhelada reconciliación nacional. Pero para ello se requiere una buena dosis de prudencia y de tolerancia.