El asesinato del empresario Gustavo Andrés Aponte Fonnegra y su escolta Luis Gabriel Gutiérrez sacudió al norte de Bogotá tras conocerse un video de seguridad que muestra el momento exacto del ataque, ocurrido cuando ambos salían de un gimnasio ubicado en la calle 85 con carrera Séptima.
Las imágenes, que circulan en redes sociales, registran a un hombre vestido de traje que espera mientras habla por celular. Cuando el semáforo cambia y las víctimas descienden por las escaleras del establecimiento, el atacante dispara por la espalda y huye corriendo hacia una estación de servicio cercana, perdiéndose del encuadre de las cámaras.
Según la reconstrucción preliminar de los investigadores, el crimen habría sido coordinado. Un presunto cómplice vigilaba los movimientos del empresario, mientras otros atacantes esperaban en la esquina donde funciona una gasolinera. Tras los disparos —uno contra el empresario y tres contra el escolta— el sicario escapó en motocicleta por la carrera Séptima. Las autoridades analizan decenas de horas de grabaciones de seguridad y testimonios para identificar plenamente a los responsables.
El alcalde Carlos Fernando Galán calificó el hecho como un crimen “milimétricamente planeado” y aseguró respaldo total a la labor de los investigadores judiciales. Aponte era reconocido por su actividad social a través de la Fundación Aponte Rojas y por su cercanía con la Iglesia Católica Colombiana, lo que incrementó la conmoción entre allegados, familiares y ciudadanos.
La dimensión humana del crimen quedó reflejada en los testimonios de los familiares de las víctimas. El padre del empresario expresó su dolor tras conocer el asesinato: “Estoy muy, muy golpeado, pero el país tiene que cambiar porque mi hijo, como tantas personas, un hombre bueno, dedicado a la Virgen, dedicado a sus amigos, a su familia, porque me lo mataron. No, no podemos seguir así. No, por favor, no hagan este mal daño en este país. Ustedes no saben, estamos No entiendo, semejante hombre que era mi hijo, me lo matan de esa manera".
Por su parte, el hermano del escolta aseguró que la familia desconocía cualquier amenaza previa: “No, él nunca nos manifestó que tuvieran amenazas o algo por el estilo. No, nunca, nunca nos lo mencionó. Por eso se nos hace muy extraño todo esto. De así de tan repentino es algo de no, pues, de no creer, hermano. Dos buenas personas, porque él decía que el señor era muy devoto de la Virgen, él también devoto de la Virgen.