Bajo el agua: la guerra silenciosa de buzos de la Armada contra parásitos del narcotráfico en el mar
Así es la labor milimétrica y silenciosa de los buzos de la Armada de Colombia para detectar droga oculta en buques mercantes, una guerra subacuática contra los llamados “parásitos” del narcotráfico.
Bajo el agua: la guerra silenciosa de buzos de la Armada contra parásitos del narcotráfico en el mar
El narcotráfico aprendió hace años que el casco de un buque mercante es un escondite ideal. Lejos de las bodegas, de la tripulación y de los controles rutinarios, las organizaciones criminales comenzaron a usar el mar como aliado con cargas adheridas bajo el agua, ocultas en compartimentos técnicos o simuladas como parte de la estructura del barco. Son los “parásitos”, contaminaciones subacuáticas que viajan pegadas al buque sin dejar rastro visible desde la superficie.
La guerra silenciosa de buzos de la Armada contra parásitos del narcotráfico en el mar
Foto: Blu Radio
Uno de los métodos más frecuentes es la contaminación de las cajas de mar, compartimentos por donde ingresa el agua que alimenta los sistemas de refrigeración del motor, generadores y aires acondicionados.
Allí, entre rejillas y tornillos, los criminales introducen tulas, cilindros y hasta cajas metálicas imantadas. También fijan cargamentos a las quillas de balance, estructuras metálicas delgadas que reducen el balanceo del buque, o a la parte plana del casco, utilizando imanes de neodimio, capaces de sostener grandes pesos sin moverse incluso en navegación oceánica.
Bajo el agua: la guerra silenciosa de buzos de la Armada contra parásitos del narcotráfico en el mar
Foto: Blu Radio
Otras modalidades incluyen la simulación de tuberías, compartimentos alterados en la pala del timón o cargas ocultas en zonas técnicas poco visibles. Los métodos evolucionan constantemente, obligando a las autoridades a perfeccionar sus capacidades de detección.
En ese escenario entra en acción uno de los componentes más especializados de la Armada de Colombia, los buzos de inspección subacuática de la nueva Estación de Buceo y Salvamento, en Santa Marta, la cuarta en el país.
Los buzos se preparan para inspeccionar a partir de un registro visual.
Foto: Blu Radio
La guerra contra el narcotráfico subacuático comienza en cubierta, antes del primer descenso. Los buzos realizan un chequeo exhaustivo de superficie, verifican que todo el equipo esté correctamente conectado, que los clips y cerrajes estén asegurados, que el regulador funcione sin fallas y que no existan fugas en las mangueras. Cualquier anomalía puede convertirse en una emergencia en el fondo. Solo cuando todo está confirmado, el buzo ingresa al agua.
Antes de sumergirse por completo, se dirige al nombre del buque, visible en la proa o en la popa, y realiza un primer registro visual que deja constancia de la inspección. En superficie, el equipo de apoyo asume el control del tiempo, toman la hora exacta de ingreso y cronometran cada minuto de inmersión. Desde ese momento, el buzo queda bajo supervisión permanente.
Bajo el agua: la guerra silenciosa de buzos de la Armada contra parásitos del narcotráfico en el mar
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La inspección se realiza siguiendo un patrón definido. El recorrido puede hacerse de proa a popa o de popa hacia proa, dependiendo del plan. El objetivo es revisar la totalidad del casco, pero con énfasis en los puntos históricamente usados por el narcotráfico. La pala del timón, la hélice, el eje, las rejillas de las cajas de mar, las quillas de balance y el plano del buque son examinados centímetro a centímetro.
En muchos casos, la droga no se ve de inmediato. El hallazgo comienza con señales casi imperceptibles: un tornillo rayado, una cabeza fuera de su posición original, pintura reciente sin vida marina, óxido distinto al resto del casco. La ausencia de verdín o sedimento marino delata una manipulación reciente. Una rejilla que ya no es equidistante, una marca de palanca o una pieza que no corresponde al diseño original despiertan la alerta.
La guerra silenciosa de buzos de la Armada contra parásitos del narcotráfico en el mar
Foto: Blu Radio
La experiencia del buzo es clave. Con entrenamiento constante, aprenden a “leer” el casco del buque y a detectar cuándo algo no encaja. No buscan solo droga: buscan indicios. A partir de una mínima alteración, se puede descubrir una tula completa adherida con imanes o un compartimento contaminado. Cada inspección es un ejercicio de observación extrema y memoria técnica.
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El recorrido completo puede tardar entre 30 y 50 minutos, dependiendo del tamaño del buque. Al finalizar, el buzo regresa a superficie y se consolidan los hallazgos. Si se detecta una contaminación, se activa una cadena de procedimientos e investigaciones.
Aunque la Armada no define responsabilidades penales, su labor técnica es fundamental para que otras autoridades evalúen la participación del capitán, la tripulación o incluso del puerto donde pudo haberse producido la contaminación.
Así, mientras el narcotráfico perfecciona sus métodos bajo el agua, los buzos de la Armada de Colombia afinan su capacidad para detectarlos. Es una guerra silenciosa, librada a varios metros de profundidad, donde una raya en un tornillo puede marcar la diferencia entre un cargamento que cruza el océano y otro que queda al descubierto en el fondo del mar.