La emergencia por inundaciones en Córdoba sigue dejando miles de damnificados. De acuerdo con los reportes oficiales, al menos 17.000 familias en 17 municipios del departamento han resultado afectadas tras el aumento en los caudales de los ríos, provocado por un frente frío atípico que se ha visto intensificado por los efectos del cambio climático.
Las lluvias persistentes han generado desbordamientos, pérdida de viviendas, daños en vías y serias afectaciones a comunidades rurales y urbanas. Uno de los puntos críticos es el municipio de San Pelayo, donde continúan las labores de búsqueda, rescate y atención humanitaria en medio de un panorama marcado por el barro, el agua estancada y el riesgo constante.
En ese escenario, las operaciones en terreno son lideradas por la subteniente Isabel Rodríguez Arcila, una oficial de 25 años que está al frente de un pelotón de 30 soldados rescatistas desplegados para atender a la población afectada. Rodríguez, oriunda de Envigado, Antioquia, comanda las maniobras en una de las emergencias climáticas más complejas que ha vivido la región en los últimos años.
Desde las zonas inundadas, la oficial coordina rescates, supervisa trabajos de remoción de lodo y escombros y acompaña de manera permanente a su personal, en jornadas que se extienden durante horas bajo la lluvia. Su pelotón cuenta con formación en rescate acuático, apoyo en alojamientos temporales y labores de ingeniería básica, claves para mitigar el impacto de la emergencia.
“Estar al mando de este pelotón representa un honor y una gran responsabilidad. Nuestra misión es apoyar a la comunidad y responder en los momentos más difíciles”, señaló la subteniente, mientras continúan las labores en el municipio.
El caso de San Pelayo refleja no solo la magnitud de la emergencia que enfrenta Córdoba, sino también el papel que vienen asumiendo mujeres en operaciones de alto riesgo y responsabilidad, especialmente en contextos humanitarios.
Mientras las lluvias siguen afectando distintas regiones del país, las autoridades mantienen activos los planes de atención y respuesta, en una carrera contrarreloj para evitar nuevas tragedias y atender a las comunidades que hoy permanecen rodeadas por el agua.