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A veces nos mienten porque, ingenuamente, lo propiciamos; pero esto no quita la culpa al otro

La razón fundamental de la mentira es que siempre hay un miedo a las consecuencias, por lo que se trata ya sea de ocultar una verdad, o de falsear la realidad de manera fantasiosa y exagerada.

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Alberto Linero

Cuando hablamos de la mentiras, inmediatamente viene a nuestra mente Pinocho, ese cuento infantil escrito por Carlo Lorenzini en 1882, en el que de alguna manera se nos asegura que las mentiras producen algo en nuestro rostro que permite a los otros darse cuenta que estamos mintiendo.

Esto no parece ser tan cierto, porque un estudio de la Universidad Brigham Young en Estados Unidos, afirma que solo nos damos cuenta de que el otro nos está engañando solo entre un 54% y un 56% de las ocasiones. Es decir, la mitad de las veces podemos ser engañados sin darnos cuenta.

Hay todo tipo de mentiras según los autores. Destaco las llamadas mentiras piadosas, o mentiras blancas, que son aquellas que decimos aparentemente para hacer un bien, esto es, creemos que existe una buena razón para decirlas; también las mentiras que buscan dañar al otro, aprovecharnos de él, o simplemente conseguir la realización de uno de nuestros intereses, que desde la verdad no podríamos satisfacer; esas son deliberadas y conscientes; y ni qué decir de las del trastorno psicológico llamado mitomanía.

La razón fundamental de la mentira es que siempre hay un miedo a las consecuencias, por lo que se trata ya sea de ocultar una verdad, o de falsear la realidad de manera fantasiosa y exagerada.

Las investigaciones muestran que la repetición en el acto de mentir hace que nuestro cerebro tienda a acostumbrarse a no permitir reacciones morales. Los neurólogos de la University College London llevaron a cabo un experimento pidiéndole a unas personas que mintieran, y este demostró que las personas no sólo se acostumbran a mentir, sino que van siendo cada vez más y mejores mentirosos: "El estudio es la primera prueba de que el comportamiento deshonesto se agrava si se repite” dice Neil Garret, neurólogo de esta Universidad. Sin duda la mentira está relacionada con la autoestima: entre menos autoestima, más tendencia a mentir. Desde mis opciones éticas, creo que la mentira siempre termina haciendo daño, porque genera una falsa realidad que en algún momento se va a derrumbar.

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Creo que se trata de ser responsables y asumir una actitud veraz ante los demás, pero a la vez, siendo muy críticos e inteligentes. A veces nos mienten porque nosotros desde nuestra ingenuidad, propiciamos que lo hagan. Esto no le quita al otro su culpa, pero tenemos que descubrir nuestra responsabilidad. Si una persona nos engaña más de una vez, toca revisar la manera como estamos viviendo.

Escuche la reflexión y el análisis de Alberto Linero en Mañanas BLU:

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