Las consecuencias de la crisis diplomática con Estados Unidos provocada por las declaraciones del presidente Gustavo Petro en Nueva York, van más allá de las retaliaciones para el jefe de Estado o para los integrantes de su Gobierno, tal y como lo han confirmado dos hechos recientes que se han conocido en los últimos días.
El primero es el pronunciamiento que hizo el embajador de Estados Unidos ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, Mike Waltz, durante la presentación del informe trimestral sobre la implementación del acuerdo de paz con las Farc, en el que acusó al gobierno de Gustavo Petro de “socavar el progreso hacia el logro de una paz duradera” con políticas “irresponsables”, recordando además las arengas del presidente Petro en Nueva York, acusándolo de acudir a una “retórica incendiaria”.
Lo más grave es que tras lanzar críticas a la implementación del acuerdo de paz, Estados Unidos está evaluando si apoya o no la continuidad de la misión de verificación de la ONU para el acuerdo de paz. El asunto es que Estados Unidos tiene poder de veto en el Consejo de Seguridad y podría eventualmente precipitar la finalización de dicha misión.
La segunda consecuencia práctica de la crisis entre Colombia y Estados Unidos es la confirmación por parte del gobierno estadounidense del retiro de 150 armas entre pistolas y fusiles y sistemas antidrones para la seguridad presidencial, lo cual, según dijo el ministro de Defensa, el general en retiro Pedro Sánchez, no afectan para nada la seguridad presidencial, pero si dejan mensaje para la autonomía.
Y mientras tanto, el presidente Gustavo Petro sigue agrandando la brecha con Estados Unidos, criticando las políticas del presidente Donald Trump frente a Israel y la Franja de Gaza, frente a la nueva guerra contra los carteles del narcotráfico y en la práctica, defendiendo al régimen de Nicolás Maduro, afirmando entre otras cosas, que el plan en el Mar Caribe busca quedarse con el petróleo de Venezuela.
Ante las recientes decisiones del Gobierno de Estados Unidos, que demuestran que los daños en la relación binacional pueden tener efectos sobre la implementación del acuerdo de paz y eventualmente en la colaboración en materia de seguridad, en los diez meses que le quedan de gobierno, los colombianos le pedimos con firmeza a Gustavo Petro que actúe como presidente y no como activista y agitador, que se ponga el vestido de jefe de Estado para que defienda los intereses de TODOS los colombianos y que priorice los caminos diplomáticos para mantener contacto y relación con las autoridades estadounidenses.