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La historia de perseverancia de Antonio Cuéllar, quien a los 97 años recibió su título de doctorado

Su historia de perseverancia y de amor por el conocimiento es inspiración para muchos jóvenes que ante las dificultades se rinden y creen que no pueden seguir adelante.

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Alberto Linero
Foto: cortesía Alberto Linero

Admiro a las personas que luchan por alcanzar sus sueños sin rendirse ante las dificultades ni esconderse tras de complejas excusas. Creo en el poder que cada persona tiene de realizar su vida como proyecto coherente, exitoso y emocionante. Eso exige no sólo tener claro qué es lo que se quiere sino nacer un plan que se pueda seguir con inteligencia y constancia siendo capaz de adaptarse a los cambios que se dan en la existencia a todo nivel.

Por eso me emocionó la historia de Luis Antonio Cuéllar, quien a los 97 años recibió el título de Doctor en Humanidades en la Universidad del Valle. Si, el pasado sábado junto con otros 600 estudiantes recibió su diploma. Este hombre oriundo de Roldanillo, Valle del Cauca, presentó la tesis: “Sectores populares, afrocolombianos y criollos en el Movimiento de las Ciudades Confederadas. 1810-1813”, la cual fue laureada por la universidad.

Su historia de perseverancia y de amor por el conocimiento es inspiración para muchos jóvenes que ante las dificultades se rinden y creen que no pueden seguir adelante. No entiendo quien ha dicho que la vida tiene que ser fácil y que deseemos poder realizar los sueños sin adversidades ni dificultades, sin entender que eso sería un proyecto aburrido y poco valioso.

Recuerdo la expresión de Estanislao Zuleta: “Puede decirse que nuestro problema no consiste sola ni principalmente en que no seamos capaces de conquistar lo que nos proponemos, sino en aquello que nos proponemos; que nuestra desgracia no está tanto en la frustración de nuestros deseos, como en la forma misma de desear. Deseamos mal. En lugar de desear una relación humana inquietante, compleja y perdible, que estimule nuestra capacidad de luchar y nos obligue a cambiar, deseamos un idilio sin sombras y sin peligros, un nido de amor y por lo tanto, en última instancia un retorno al huevo”.

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Aquí la editorial de Alberto Linero:

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