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La terquedad es una muestra de poca inteligencia y ancla en mundos que ya no existen

Quien no aprende a reformular algunas de sus maneras de pensar, de interactuar y de valorar la realidad está condenado a no poder ser feliz, porque la vida es cambiante; en estos días de tanta injerencia tecnológica este cambio es más rápido y profundo.

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Alberto Linero
Foto: Blu Radio

Una persona con la que trabajé hace algún tiempo me dijo: “Te he oído decir cosas que hace unos diez años no hubieras dicho” y con un dejo de crítica afirmó: “Has cambiado mucho”. Y sí. Claro que sí. He cambiado. No soy el mismo, entre otras cosas porque nadie que quiera vivir conectado con el presente y busque responder a los desafíos de nuestra sociedad, puede quedarse anclado en sus formas de pensar del ayer. Habrá una esencia que no cambia, pero siempre se deberá tener un pensamiento flexible que permita entender las dinámicas de la vida actual.

Quien no aprende a reformular algunas de sus maneras de pensar, de interactuar y de valorar la realidad está condenado a no poder ser feliz, porque la vida es cambiante; en estos días de tanta injerencia tecnológicaeste cambio es más rápido y profundo. Y claro, no podrá adaptarse con inteligencia a las nuevas exigencias. Recordemos que todo proceso de adaptación exige comprender: qué hay que dejar, qué mantener y qué crear.

Esta posibilidad continua de revisarnos y adaptarnos, evitando posiciones tercas, irracionales y desfasadas nos permite construir un proyecto de vida coherente, emocionante que aporte valor a aquellos con los que vivimos. Y esa reformulación, sin duda, debe llevar a construir una vida feliz. Martin Seligman en su libro “Florecer” nos recuerda que para ello es necesario ser libre, tener relaciones interpersonales positivas y significativas, un buen desarrollo de la inteligencia emocional que permita gestionar bien las propias emociones y, a la vez, respetar y conectar emocionalmente con los demás, ser auténticos para no camuflarse detrás de ninguna pose ni actitud destructiva; siempre comprometidos con la realización de nuestras metas desde el amor, la bondad y la disciplina.

La terquedad no sólo es una muestra de poca inteligencia, sino que nos ancla en mundos y dinámicas que ya no existen.

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