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No vale la pena arriesgar todo por un momento efímero que pronto nos dejará vacíos

Debemos trabajar en todas las dimensiones de la vida para saber poner límites, de modo que el placer no se vuelva una adicción que nos destruya.

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Alberto Linero
Foto: Blu Radio

Vivimos en la sociedad de la desmesura. Todo tiene que ser vivido al extremo. No hay términos medios. Es más, se desprecia a quien intenta ser equilibrado. Se busca que los placeres no tengan fin y se vivan lo más intensamente posible.

Lo mismo se cree que el sufrimiento tiene que ser excesivo, y hasta se le adora psicóticamente. Por eso creo que es necesario volver a leer a Epicuro, ese filósofo del siglo IV a.C. que nació en Samos y fundó una escuela filosófica centrada en la búsqueda de la felicidad a través del placer moderado y la eliminación del dolor y el miedo.

Sí, creo que es el momento de volver a entender que el placer es el único bien intrínseco, lo que significa que es valioso en sí mismo. Teniendo claro que no se trata de cualquier tipo de placer, sino de aquellos que son moderados, duraderos y no causan consecuencias negativas.

Debemos trabajar en todas las dimensiones de la vida para saber poner límites, de modo que el placer no se vuelva una adicción que nos destruya. Debemos entender qué se puede decir no, que se puede detenerse y volver a empezar, y que se puede diferir el placer por un momento para luego vivirlo plenamente. Se trata de buscar los placeres que los epicúreos llaman naturales y necesarios, y no centrarnos en aquellos que terminan esclavizándonos, como el lujo o la riqueza. Vivir un placer que nos deja lisiados, que nos puede llevar a la muerte o que simplemente nos lastima no tiene sentido.

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Creo que necesitamos trabajar más en estas ideas en la formación de los jóvenes, sabiendo que la mejor manera de enseñar es con el ejemplo de vida. No vale la pena arriesgar todo por un momento efímero que pronto nos dejará vacíos. Si no aprendemos a vivir en la moderación, terminaremos arrastrados por los síndromes emocionales de estos días en los que no hay felicidad, aunque haya mucho derroche.

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