Más de 180 campesinos de Ciénaga, Magdalena, desplazados por combates entre Ejército y paramilitares
Las familias de tres veredas se encuentras hacinadas Centro de Atención a Víctimas y piden atención a las autoridades.
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Casi 200 personas de las veredas La Tigra, Cerro Azul y La Mojana, en el corregimiento de San Javier, zona rural de Ciénaga (Magdalena), dejaron sus casas a la carrera recientemente y hoy duermen donde pueden: en colchonetas prestadas, en el piso o sobre cartones, en el Centro de Atención a Víctimas del municipio.
El desplazamiento masivo se produjo después de nuevos combates entre el Ejército Nacional y las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN), que mantienen presencia en esa zona del corredor entre la Troncal del Caribe y la Sierra. Según relataron los líderes, las ráfagas de fusil y la presencia de hombres armados obligaron a las familias a salir con lo mínimo, muchas veces solo con los niños en brazos.
En el punto de atención en Ciénaga, el panorama es de hacinamiento y carencias. La mayoría de desplazados son niños, niñas, mujeres gestantes, bebés en lactancia y adultos mayores. Aunque la alcaldía ha entregado algunas raciones de comida, los líderes advierten que no hay agua suficiente para todos ni colchonetas para dormir con dignidad.
“El compromiso era brindar atención integral, pero eso no ha pasado”, reclamó Nayler José Reátiga, presidente de la Junta de Acción Comunal de Cerro Azul, quien contó que muchas familias no tienen “ni para comprar una botella de agua” y llevan horas esperando una respuesta de las autoridades locales y nacionales.
Los desplazados piden presencia permanente de la Unidad para las Víctimas, de la Defensoría del Pueblo y del Gobierno Nacional, así como una ruta clara de atención humanitaria: agua, kits de aseo, colchonetas, atención psicosocial y garantías para un eventual retorno seguro a sus veredas. De momento, la prioridad es sobrevivir a la incertidumbre, mientras en la parte alta continúan las operaciones militares contra el grupo armado.
Desde Ciénaga, la comunidad insiste en que no quiere convertirse en una cifra más del conflicto, sino ser escuchada y protegida. Mientras eso ocurre, más de 180 personas siguen hacinadas, tratando de rehacer la vida lejos de la orilla del río y de los disparos.