Descubren en Santander una nueva especie de planta; la bautizaron como anturio comunero
De acuerdo con los investigadores, esta planta no existe en ningún otro rincón del planeta.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
En las montañas de Santander acaba de ocurrir un milagro botánico que mezcla la ciencia con el orgullo patrio. No es común que la naturaleza nos regale una nueva especie de dos metros de altura en pleno siglo XXI, pero las vertientes del río Umpalá guardaban un secreto: un anturio majestuoso que, por su porte y carácter, ha sido bautizado en honor a los valientes de nuestra tierra: Anthurium comuneros.
Se trata de una nueva joya botánica descubierta en zonas rurales de Piedecuesta (vereda Cristales) y Santa Bárbara (veredas Esparta y La Salina).
Pero no se confunda con los anturios pequeños que adornan las salas de las casas; esta es una planta imponente, de tallos robustos y una elegancia sutil, cuyas flores lucen un tono rosa pálido que parece pintado a mano por la neblina de los bosques nublados.
Lo más fascinante de este hallazgo es cómo ocurrió. No fue el resultado de una misión extranjera tecnificada, sino del ojo clínico y la constancia de académicos locales. Los investigadores Oscar Mauricio López Floriano (Universidad de la Amazonía), Alejandro Zuluaga (U. del Valle) y el profesor David Sanín, de la Escuela de Biología de la UIS, fueron los encargados de seguirle el rastro a esta especie durante dos años.
Conoce las noticias más destacadas del día en #LaUISqueQueremos en el informativo #NotiUIS 📺💚 pic.twitter.com/ok6Nw4CZAF
— UIS (@UIS) March 27, 2026
El profesor Sanín relató que todo comenzó en la cotidianidad de las aulas, durante las salidas de campo con sus estudiantes de la UIS. En esos recorridos por zonas conservadas de fácil acceso, el equipo notó que esta planta no encajaba en los libros conocidos. Tras reunir evidencias y compararla con otras especies de la Cordillera Oriental, la confirmación llegó: Santander tiene una planta que no existe en ningún otro rincón del planeta.
Los investigadores decidieron que esta planta no podía llevar un nombre cualquiera. Al bautizarla como un tributo a la Rebelión de los Comuneros de 1781, han vinculado para siempre el patrimonio biológico con la identidad histórica del departamento. Es un recordatorio de que, así como el pueblo santandereano ha sabido resistir, su naturaleza también lucha por prevalecer.
Publicidad
Sin embargo, este “comunero” de hojas verdes y flores rosadas nace con un grito de auxilio. Al vivir en un área tan específica y pequeña (principalmente en bosques de roble entre los 2200 y 2650 metros de altura), la especie ya se considera en peligro de extinción. La expansión de la agricultura y la cercanía a centros urbanos como Bucaramanga la ponen en la mira de la deforestación y la extracción ilegal.
“Debemos conocerla, cultivarla y protegerla”, advirtió el profesor Sanín, quien propone la idea de convertir esta planta en el emblema oficial de Piedecuesta y Santa Bárbara. Actualmente, solo las poblaciones que crecen dentro del Parque Natural Regional “El Rasgón” gozan de protección legal; el resto depende de la conciencia de los ciudadanos.
Santander es tierra de descubrimientos: de las más de 350 especies de este género en Colombia, 36 han sido halladas en nuestras montañas.