Después de un terremoto pueden presentarse cambios en el estado emocional de las personas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que las situaciones de emergencia pueden generar manifestaciones como ansiedad, tristeza, desesperanza, problemas de sueño, cansancio, irritabilidad e ira.
Coomeva Medicina Prepagada explicó que, después de un evento de estas características, algunas personas pueden permanecer en estado de alerta, sentir temor de ingresar nuevamente a determinados lugares o experimentar angustia ante movimientos, sonidos o situaciones asociadas con lo ocurrido.
La Dra. Jenny Cabrejo, neuropsicóloga de Coomeva Medicina Prepagada, indicó que estas reacciones no necesariamente corresponden a un trastorno mental. Según la especialista, es necesario observar cuánto duran, qué intensidad tienen y si afectan las actividades cotidianas.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) señala que las consecuencias psicológicas y sociales de una emergencia pueden presentarse a corto plazo y permanecer durante más tiempo. Entre los grupos que pueden requerir mayor acompañamiento están los niños, adolescentes, adultos mayores, personas que tuvieron pérdidas y quienes estuvieron directamente expuestos a situaciones de peligro.
Ante estas situaciones, Coomeva recomienda recuperar de manera progresiva las rutinas, mantener contacto con familiares y amigos, procurar espacios de descanso, mantener una alimentación regular e hidratación y limitar la exposición constante a imágenes, videos y testimonios relacionados con la emergencia.
También recomienda reconocer y expresar las emociones, consultar información de fuentes oficiales y evitar tomar decisiones importantes durante momentos de alta angustia cuando estas puedan aplazarse.
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Para los niños, la recomendación es explicar lo sucedido de acuerdo con su edad, responder sus preguntas, escuchar sus temores y conservar, en la medida de lo posible, sus horarios y actividades habituales.
Coomeva señala que se debe buscar atención profesional cuando el miedo o la angustia persisten, se presentan crisis recurrentes, aislamiento, alteraciones del sueño, dificultades para realizar las actividades cotidianas o una sensación prolongada de desesperanza.