Increíble hallazgo sería la prueba reina de la existencia de Jesús, ¿de qué se trata?
Un descubrimiento milenario podría cambiar lo que se sabe sobre Jesús y convertirse en la evidencia histórica sobre su existencia.
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Un antiguo objeto funerario, tallado en piedra caliza hace más de 2.000 años, ha vuelto a generar revuelo entre arqueólogos, historiadores y creyentes de todo el mundo.
Se trata del llamado osario de Jacobo, una caja utilizada en el siglo I para depositar restos óseos, que contiene una inscripción que podría convertirse en una de las pruebas materiales más contundentes sobre la existencia histórica de Jesús de Nazaret.
El cofre fue presentado públicamente por primera vez en 2002 en una exhibición en Washington, Estados Unidos. Lo que despertó el interés internacional fue una frase grabada en arameo que, según varias traducciones, dice: “Jacobo, hijo de José, hermano de Jesús”. Esta mención directa a nombres centrales del cristianismo primitivo ha llevado a algunos expertos a considerarlo un hallazgo sin precedentes.
Bryan Windie, arqueólogo citado por medios internacionales, aseguró que, si se confirma la autenticidad total del texto, se trataría de una pieza clave para comprender el contexto histórico del Nuevo Testamento. “En mi opinión, las evidencias indican que el osario es genuino y pertenece al siglo I después de Cristo”, afirmó, al destacar que este tipo de recipientes eran comunes en los rituales funerarios judíos de la época.
Sin embargo, no todo ha sido consenso. Algunos especialistas han señalado que la frase “hermano de Jesús” podría haber sido añadida posteriormente, ya que ciertas letras presentan un desgaste distinto al resto de la inscripción. Estas dudas llevaron a la Autoridad de Antigüedades de Israel a calificar inicialmente el objeto como una falsificación y a acusar a su propietario, Oded Golan, de manipularlo.
Años después, nuevos análisis devolvieron el debate al punto cero. En 2003, el osario fue trasladado al Museo Real de Ontario, donde expertos examinaron nuevamente la pieza, incluso después de que se fracturara durante el transporte. Los estudios concluyeron que parte de la inscripción original fue limpiada con herramientas antiguas, lo que reforzó la hipótesis de su legitimidad, aunque sin cerrar del todo la controversia.
Otro factor que genera dudas es que el objeto no fue hallado en una excavación arqueológica formal, sino que apareció en el mercado de antigüedades en la década de 1970, un detalle que suele levantar sospechas en el mundo académico.
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Pese a las discrepancias, el osario de Jacobo sigue ocupando un lugar central en el debate sobre las evidencias históricas de Jesús. Para muchos, representa una posible conexión tangible con los relatos bíblicos; para otros, un enigma aún sin resolver. Lo cierto es que este hallazgo mantiene viva una de las discusiones más apasionantes entre la fe, la historia y la ciencia.