La costumbre de deslizar y cerrar todas las aplicaciones en un iPhone, creyendo que así se extiende la duración de la batería, es una práctica muy común pero totalmente incorrecta. Un desarrollador de iOS con más de una década de experiencia reveló que esta acción genera el efecto contrario, forzando un mayor gasto energético en el dispositivo de Apple.
La razón principal es que, al forzar el cierre de una aplicación y luego reabrirla, el sistema operativo iOS debe cargar de nuevo todos los procesos desde cero. Este proceso implica activar intensivamente el procesador, la memoria y otros recursos internos del equipo, lo que se traduce en un pico de consumo energético considerable.
En contraste, cuando la aplicación se deja sin cerrar, iOS la mantiene "congelada" o en un estado de suspensión en segundo plano. En este modo, la aplicación no está ejecutando procesos activos, no consume datos ni energía de forma relevante y queda lista para reanudarse casi al instante cuando el usuario la necesita.
Y es que el sistema operativo de Apple está diseñado para gestionar de forma inteligente la memoria y la energía, cerrando automáticamente las aplicaciones solo cuando es estrictamente necesario. La intervención manual, por lo tanto, interrumpe ese equilibrio diseñado por la compañía.
Llevo desarrollando aplicaciones desde 2009 y quiero acabar con este mito. Esto es lo que ocurre cuando vuelve a abrir una app que acaba de cerrar a la fuerza: tiene que recargarlo todo, así que el pico de consumo de energía es enorme. Ahora, aquí está la misma aplicación sin cerrarla. Queda congelada en segundo plano, pero en términos de uso de energía es prácticamente gratuita. Al compararlas lado a lado, es evidente que forzar el cierre hace que volver a abrirla sea más costoso
"iPhone"
— Tendencias en Argentina (@porqueTTarg) December 10, 2025
Porque un desarrollador de iOS reveló que cerrar las apps no te ahorra batería, sino que te la consume más. pic.twitter.com/UMOt2F9EYw
Las mediciones comparativas muestran que, en la mayoría de los casos, forzar el cierre y posterior apertura de una aplicación resulta más desgastante para la batería que simplemente dejarla en el segundo plano.
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La recomendación es clara para todos los usuarios de iPhone: solo se deben cerrar las aplicaciones si presentan fallas o si el usuario desea un cierre definitivo. Dejar las apps abiertas no solo optimiza la batería, sino que también garantiza una mejor experiencia de uso al evitar esperas innecesarias por la recarga del sistema.